La Voz de Asturias

Salud mental infanto-juvenil: un enfoque integral

Opinión

Elisa Seijo
¿Se habla demasiado de salud mental? Varios expertos analizan la situación que atraviesan los problemas psicológicos.

13 Oct 2024. Actualizado a las 05:00 h.

La psiquiatría infantojuvenil ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años, reflejando la actual preocupación por la salud mental de niños y adolescentes. El aumento en la prevalencia de los trastornos mentales en estas etapas del desarrollo, sumado a la evidencia de que muchos trastornos graves del adulto tienen su origen en la infancia y adolescencia, subraya la importancia de diagnósticos tempranos y de intervenciones terapéuticas eficaces. Este incremento en los trastornos mentales de niños y adolescentes vivido durante y tras la pandemia por COVID-19 pone en evidencia la vulnerabilidad de los jóvenes y constata la necesidad de una atención especializada y diferenciada. Es un hecho que no abordar los trastornos mentales en menores tiene consecuencias duraderas que afectan a la salud integral y calidad devida adulta, limitando su desarrollo educativo, profesional y personal, y causando un sufrimiento significativo para sus familias. 

A medida que crece la conciencia sobre la importancia de la salud mental, los problemas en este ámbito son detectados con mayor rapidez, gracias al compromiso tanto de profesionales como de educadores y la sociedad en general. No obstante, y a pesar de que existen tratamientos eficaces, persisten creencias erróneas, como la idea de que los niños no pueden sufrir depresión o tener problemas mentales. Estas premisas contribuyen a la estigmatización y el rechazo, y dificulta la intervención temprana en esta etapa tan crucial del desarrollo. 

Algunos datos

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 20% de los niños y adolescentes a nivel mundial presentan algún tipo de trastorno mental. Cerca de la mitad de estos trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años y más del 70% de todos los trastornos mentales comienzan antes de los 18 años. De hecho, se estima que uno de cada ocho menores de 18 años tiene actualmente un trastorno mental. Estas cifras se observan en todas las culturas. En nuestro país, el 20.8% de los adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún tipo de problema de salud mental diagnosticado, según informa UNICEF. Extrapolando esta cifra al Principado de Asturias, donde viven 126.239 menores (INE, Julio 2024), aproximadamente 25.248 sufrirían algún tipo de trastorno mental.

Añadido a lo anterior, hay que tener en cuenta que existen factores de riesgo modificables (traumas infantiles, violencia intrafamiliar, acoso escolar…) que afectan gravemente el bienestar emocional. Estos factores deben ser el objetivo para que las políticas de sanidad, educación y servicios sociales de manera coordinada elaboren protocolos de actuación conjuntos y contundentes. Como ejemplo, sólo en nuestro país, estudios recientes revelan que cerca de 220.000 estudiantes sufren de acoso escolar. 

Finalmente, otro dato particularmente preocupante es el incremento del suicidio en adolescentes: en 2022 (INE 2023), uno de cada cien suicidios consumados en España correspondió 

a un menor de edad. Si en 2021 preocupaba el alto número de suicidios infantiles (22 menores de 15 años se quitaron la vida, frente a los 13 de 2022), en 2022 llama la atención al aumento del suicidio adolescente (de 15 a 19 años), pasando de 53 a 75 suicidios en esta franja de edad, con un aumento notable en los varones. 

Respuesta institucional

Desde agosto de 2021 está aprobada en España la especialidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia, con aparición de las primeras plazas para Médicos Internos Residentes en el curso 2023/2024. Con ello no solo se busca homogeneizar la formación de los profesionales, sino también facilitar la detección e intervención temprana de trastornos mentales y del neurodesarrollo en los más pequeños. Además, pretende reducir las complicaciones de estos trastornos, promoviendo la integración social, familiar, educativa y laboral de los afectados, y contribuyendo a desestigmatizar la psiquiatría infantil. Desde la primera adjudicación, el Principado de Asturias fue una de las pocas regiones en tener asignada plaza para un médico en formación en esta especialidad. 

Es evidente que en la situación que se está viviendo en este momento en todo el país, con un importante incremento de la demanda de atención por parte de esta franja de población y sus familias, es necesaria no sólo una apuesta en firme por la correcta implantación y desarrollo de la especialidad, sino también un compromiso real para el incremento en la dotación humana de los equipos asistenciales y el desarrollo de los dispositivos específicos que permitan hacer frente a esta demanda manteniendo unos estándares de calidad adecuados. 

Padres y educadores

Pero, para asegurar un adecuado desarrollo infantil no sólo podemos hablar de instituciones y sociedad. El papel de los padres y de los educadores es fundamental a este respecto. Por un lado, la familia es el eje central y más precoz de influencia sobre el niño. De hecho, se considera que el núcleo familiar es el mayor promotor del desarrollo personal del niño, tanto a nivel físico, como a nivel psicológico y social. Por el otro, el papel de los educadores también es básico, ya que los niños pasan la mayor parte del día en el colegio por lo que en su desarrollo es muy importante una buena adaptación escolar y un clima que favorezca su crecimiento, en el sentido más amplio de la palabra. 

En ambos contextos se insiste en la necesidad de mantener una comunicación fluida, de modo que, estableciendo un marco y unos límites claros dentro de los cuales se moverá el niño/adolescente, se mantengan abiertos todos los canales para que ante las primeras señales de que algo está pasando, podamos dar una respuesta en el menor tiempo posible. Es fundamental por tanto una coordinación real entre las familias, el sistema educativo y el sistema sanitario para que entre todos seamos capaces de reaccionar de manera conjunta, teniendo como eje central y fundamental el bienestar global del niño/adolescente. 

Por todo ello, creo firmemente que debemos poner nuestro empeño en prevenir la buena salud mental, con herramientas que faciliten una adecuada gestión emocional. En nuestro entorno, es una realidad que muchos de nuestros niños y adolescentes se muestran incapaces de diferenciar entre emociones reactivas antes situaciones adversas de la vida y problemas de salud mental. Educar a los niños en la identificación de emociones, enseñarles a cuidarse tanto a nivel físico como emocional, instruirles en la autoobservación de las propias emociones y facilitarles la petición de ayuda en cuanto se detecten signos de afectación a nivel emocional, igual que lo hacemos a nivel físico, es una parte fundamental de nuestro trabajo. 

Nuestro papel como padres, educadores, profesionales o gestores es mantener un compromiso claro para el buen desarrollo de nuestros niños y adolescentes y trabajar en la tarea de minimizar los factores de riesgo y maximizar los factores de protección de la salud física y mental en los ámbitos más importantes de la vida de los niños y adolescentes.


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