La Voz de Asturias

Desgarro en Gijón y fiesta en Oviedo

Opinión

Ángel Aznárez
Gijón transatlántico

15 Jun 2025. Actualizado a las 05:00 h.

1ª Parte. La información del periodista Rafael Francés, del Diario Decano de la Prensa asturiana, El Comercio, publicada el jueves, día 12 de este mismo mes, ya dio cuenta de la conferencia que pronuncié. Y la pronuncié el día 11, dentro del Ciclo organizado por la Sociedad Ovetense de Festejos, en la Biblioteca del Fontán de Oviedo, muy cerca de donde nací, en lo más alto de la calle Campomanes, teniendo como vecina a doña Carmela Pérez Herrero, que entonces pintaba cuadros y se distraía con una mona traída de Gibraltar, en guerra permanente conmigo y con mi gato. Y es que los gatos y gatitos siempre me gustaron, incluso la casa de comidas de «El gatito», en Valderas (León), cuyos menús son a base de bacalaos y de liebres, aunque nunca de gatos ni de gatitos, según publicidad que creo sin duda alguna.

Trabajo me costó no poner cara de conferenciante en lo del día 11, pues esa cara, si bien era la apropiada para lo del desgarro y las tristezas al despedir a emigrantes hacia América, a finales de los años cincuenta, tan duros del siglo XX (en el Musel de Gijón), no era la apropiada (la cara de conferenciante), de ninguna manera, al recordar a la ovetense SOF, organizadora de jolgorios como el Día de América y de las «procesiones» de Gigantes y Cabezudos, que salidas de la Calle Quintana, enfrente del parque de bomberos, recorrían otras calles del Oviedo de antes, con dos alegres «pasos», los altivos de Telva y de Pinón.

Y los dos coches de bomberos de tal parque municipal eran rojos, un «Magirus», con campana y escalera, y un «Mercedes», lo único, en Oviedo, entonces, de tal color: el resto, todo azul. Por cierto, como comprobé hoy mismo, 13 de junio, hasta las fuentes de Gabino, en cada esquina, «mean» azul, acreditándose por fotografía. La ausencia de Pinín, llamativa, aún sabiendo que estaba entonces, de prácticas aeronáuticas, subido al madreñogiro. Además, Pinín era el sobrín de Pinón, por lo que a tantos, en Oviedo y en Gijón, a la hora de testar, antes de morir, daba siempre el sabio y pesimista consejo por lo del sobrín: «¡Cuidado, cuidado, testador o testadora, que, a quién Dios no da hijos, el Diablo da sobrinos, y con sobrinos, pleito seguro!».

Fuente teñida de azul en Oviedo

Dije en la conferencia verdades, pero unas, precisamente por ser verdades, las tuve que decir en formas verbales de la perifrástica pasiva, teniendo en cuenta que Oviedo es ciudad compleja y de complejidades, con muchos nativos de parroquias y de pueblos, más o menos vecinos, que quieren ser ovetenses o carbayones, al menos como los de Camilo y Blas, que, para mí siempre fueron dos. O sea, que lo de la perifrástica es para que no resultase como los dentistas de antes, que siempre golpeaban el nervio dental con el redondel del torno.

Suele estar más el éxito en contar mentiras que verdades, lo que explica longevidades de algunos, por lo menos hasta ahora y lo de «internet» y que está acabando hasta con lo poco que queda de verdad. Doña Honorina, viuda de Castañón y suegra de Crovetto y Calviño, farmacéutica en la Plaza del Ayuntamiento, me enseñó a leer en periódicos, que olían a sulfamidas, al tiempo que inhalaba polvos de Sal de Frutas para desatascar empachos de tortilla de patatas. ¡Qué mezcla tan extraña lo de la sal y las frutas, de la marca «Eno», como el jabón de Pravia, aunque añadía una hache: Heno de Pravia! Hablé en El Fontán, en serio, de George Steiner, al que Reyes Mate, doctor por la Wilhelms-Universität de Münster, en su libro «Tierra de Babel, más allá del nacionalismo» (Trotta 2024), cita con reiteración, dedicándose el libro de Reyes «A un amigo de infancia, emigrante, que se entregó al lugar de acogida sin renunciar al de origen». Y es que Steiner, muerto en 2020, pasó a la historia por haber dicho y escrito cosas verdaderas, como las siguientes:

-«Hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero, sólo rodeándose de ricos, para serlo ellos, que son pobres, también».

-«Están surgiendo formas nuevas e intermedias, una cultura hermafrodita, bisexual, transexual. Por cierto, una vez más, hablando de transexuales y bisexuales ¡Freud ni los vio venir!». Steiner, políglota, fue también el que en octubre de 2001, en el Teatro Campoamor de Oviedo, ante un auditorio de neo/monárquicos y catecumenados, gritó: ¡Dreams, dreams, at the neutral ground of the contradictions!

Muchos, calentando butacas y sillas en El Campoamor, preguntaban qué cosa decía Steiner. Resulto que el genial George estaba soñando con lenguas adánicas y divinas; un follón lo de Babel, pero, al fin, muy interesante según él, pues la pluralidad de lenguas es también cosa divina y no sólo una plaga de castigo. Y eso lo dijo aquí, en Asturias, donde también hay bable y bables, ya con Academia en Oviedo, en la bien llamada calle del Águila ?son verdaderas águilas esos académicos- estando situada en el otro lado del Bar La Belmontina, que anuncia, en letrero manuscrito, sonando a advertencia: «Hay plato de aldea». Y el judío Steiner, tal como escribí el 28 de mayo de 2020, antes de proclamar que «mientras Dios exista, habrá judíos», penetró en el lenguaje del sexo y se preguntó:

¿Qué decimos los humanos cuando amamos? ¿Cómo aman los sordomudos? Los diccionarios, que casi nunca aciertan, si acertaron con lo de «desgarrar». Dicen que el verbo «desgarrar» está formado por el prefijo des, que indica separación o privación y el verbo garrar, que significa «arañar» o «rasguñar». Repite la Academia, la de Madrid, que la riqueza semántica de “desgarrar” abarca un espectro de significados que incluyen la violencia, el dolor, la angustia y la separación, tanto en el plano físico como en el emocional.

Todo eso se sentía al despedir en El Musel, en Gijón, a los parientes y amistades, pobres, que iban a hacer las «américas» a Venezuela. Eran despedidas recíprocas, a base de lágrimas y pañuelos blancos, con peligros mortales y reales al cruzar el Atlántico, el mar tenebroso, incluso para el marinero y mítico Ulises, que, después de retornar (nostoi) a Ítaca, y estando allí con Penélope lo justo, continuó viaje por el Atlántico donde murió, más según Dante que Homero. Don Antonio Moriyón, el de la calle Instituto 22, de Gijón, según ahora leo, anunciaba así a la compañía naviera para la que trabajaba, por los años cincuenta del anterior siglo: «A pesar de la gran superioridad de nuestra primera (clase) ordinaria sobre la segunda de otras compañías, no hay apenas diferencia entre sus precios, según comprobarán los que deseen conocerlos».

El niño que vivó aquello tan triste de las despedidas, al poco tiempo volvió a lo náutico, pues en tercero de bachillerato, había una asignatura, llamada «Formación del Espíritu Nacional», a cargo del profesor Gerardo Turiel, en el Colegio Auseva, de los Maristas de Santa Susana, luego sería profesor de Derecho romano («El negocio jurídico», de Don Ursicino Álvarez), más tarde, Gerardo, prestigioso abogado, director de la Escuela de Práctica Jurídica de Oviedo y buen amigo, ya rojo él y no azul. El texto de la asignatura era el libro Luiso «María, matrícula de Bilbao», y escrito por Sánchez-Silva, el mismo de Marcelino, pan y vino, de tanto éxito y milagrerías.

Sánchez Silva explica cómo era Luiso: «un chaval sano, alto, fortísimo, como de trece años, más amigo de la Historia que de las Matemáticas, más tierno, más dulce con la madre que las dos hermanas», y que viajaba en el buque de cabotaje «María», siendo su papá el Capitán del navío, y al que regaló una enorme caja del «mecano del 3», comprado en Plymouth. No era fácil saber dónde estaba el falangismo de Luiso, del mismo modo que no era fácil saber dónde estaba el falangismo del otro, de Rafael Sánchez Mazas, autor de La vida nueva de Pedrito de Andía, que leí gracias a la Colección Austral, y padre del inmenso Rafael Sánchez Ferlosio. Confieso que este párrafo me suena a viejo.

Muy interesado en esa literatura adolescente, encontré lo siguiente hace unos días: «La afición de Pedrito de Andía está en consonancia con la ideología de la Falange, para la que la mar era el camino que posibilitaría a España reconquistar su grandeza imperial». Gracias a Luiso, el estudio o croquis del barco capitoneado por su papá, fue completo: todo lo supe sobre el molinete, el pique de popa, los manguerotes de ventilación, los botes salvavidas, los puentes de estribor y babor, y el alerón del puente. Y que tanto me hizo recordar a los transatlánticos que llegaban a Gijón a recoger emigrantes, y de chimeneas asombrosas.

Aclaro: esa literatura falangista nunca me sedujo, no habiendo sido del Frente de Juventudes ni siquiera de la OJE, que, en Oviedo, tenía un tugurio con adornos a base de banderines y dibujos de montañas o cumbres nevadas, cerca de la Corrada del Obispo, en la calle San Vicente, enfrente del convento de las monjas de María Inmaculada, conocidas por ser también «las del Servicio Doméstico». «¡Qué horror, qué horror”. Otro tugurio célebre de aquel tiempo era el de la Juventud del Carmelo con billares en un subterráneo en la Calle Santa Cruz, e insignias de color carmelita, muy cerca del Cine del mismo nombre, de sesión continua y permanente, a partir de las «cinco» de la tarde.

Y queda el otro tugurio, el de la llamada Acción Católica, que eso era el Colegio Auseva, mi colegio, dirigido por un Reverendo Hermano, que se llamaba Jacinto. ¡Qué afán el de los eclesiásticos en adjetivarse! Que si Reverendísimo, Reverendo, Eminencia, Excelentísimo, Eminentísimo…! Y de repente, llega un nuncio, como el último, apellidado Azúa, que, por ser obispo es Excelentísimo y Reverendísimo y que por ser filipino, se hacía llamar Bernardito, y es que nunca concuerda gramaticalmente un aumentativo con un diminutivo, ni siquiera en la gramática eclesial. El título de la conferencia que pronuncié iba acompañado de dos secretas frases, muy escogidas, cuyo secreto se revela ahora.

Había dos para elección por los oyentes. Una frase decía: «Y en los bordes de sus ojos anidan, como legañas, las tarántulas». Y la otra decía: «Aquel mismo día hizo testamento y murió rodeado de todos los suyos». Ambas frases u oraciones gramaticales son del año 1951 y salieron de la pluma del gramático Rafael Sánchez Ferlosio, y autor de los ensayos llamados «Altos Estudios Eclesiásticos». La primera oración es estética, pues estéticas son las legañas, como estalactitas, y las tarántulas, como con ojos de serpientes, las dos muy ovetenses en tarde-noche de ópera o de lectura de La Regenta, como bien diría el escultor de gitanerías, Sebastián Miranda, el amigo de ese tan pequeño que llamó «el cosina», que, una vez, al caer al suelo, mancose.

La segunda oración es enunciativa de una causa, el testamento, y de un efecto, la muerte tan terrible. Y es que hay cosas o cosines con las que no se debe jugar por si acaso. La más fascinante tienda de juguetes que conocí en Oviedo, estaba en la calle Fruela y se llamaba La Panoya. En la proximidad del Teatro Campoamor, esta misma mañana, 13 de junio, escuché un seductor y sibilino ruido de músicas, como el de las Sirenas, escuchadas por Ulises, camino de Ítaca. No me até a poste o mástil, pues en Oviedo no hay barcos ?que los hay, lo cree mi amigo, Jesús Álvarez-Linera, que hasta los pinta. Me acerqué, tentado y seducido.

- Allí pregunté: ¿Qué es ese ruido, como de músicas de piano?

- Me respondieron que era el día, hasta las ocho de la tarde, en el que Oviedo se llena de pianos para que los toque y pise cualquiera, organizado por Occident/Fundación, MC Maria y B Canals.

Y volví a preguntar:

¿Quién está tocando ahora? Me respondieron que era el señor Alcalde-Presidente de esta pianística y poética ciudad, también conocido por el señor de «las cejas de pelambre», que está tocando, a vista de todos, el instrumento con manos y pies, lo cual tiene cierta dificultad según dicen, me contesto ella con virginal cara.

Después de todo, y por el pasmo de lo visto, oído y mal pensado, nada más pregunté. Aprovechando que hoy, 13 de junio, es uno de los días del «Oviedo LLambión», después de lo de los ruidos, fui a la calle Magdalena, la de los viáticos, cerca del Ayuntamiento. Entré en el local confitero de Briz Boutique, antes Confitería Niza, y disfruté con un Brioche Briz, dulce y frio, muy recomendable, en mañana de ruidos, calor y homenaje al Tribunal Superior de Justicia de Asturias. Continuará con lo de Gijón transatlántico y el tranvía, que, partiendo del palmeral de los Jardines de la Reina, tan palmeral como el de Marrakech, llegaba al Musel, y regresaremos inmediatamente a Oviedo, otra vez, para la Fiesta del Día de América, organizada por la SOF.


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