La Voz de Asturias

Soy maricón orgulloso

Opinión

Xabel Andrade Coportavoz de Verdes Equo Asturies
Xabel Andrade, coportavoz de Verdes Equo Asturies

28 Jun 2025. Actualizado a las 05:00 h.

Cuando yo nací en 1961, en esa época no se hablaba de personas LGTBIQ, sino de maricones, tortilleras, travestis, afeminados, desviados… y en el DSM y manuales de psiquiatría la homosexualidad estaba considerada una enfermedad mental, así que, complicado lo de tener «referentes». Y, por supuesto, lo de contárselo a nadie, ni en broma, porque en el mejor de los casos visita al psiquiatra y terapia de electroshock, o la cárcel, con la Ley de Vagos y Maleantes en vigor. Y, por supuesto, de Orgullo nada, así que la opción era el armario. Eso implicaba crecer ocultándome tanto a mí como a los demás una parte de mí, pero no era solo una parte, sino mi esencia, algo que tardé muchos años en descubrir y que tuvo muchas implicaciones en mi vida a la hora de tomar decisiones y, sobre todo, de VIVIR. ¿Se puede vivir en plenitud sin ser uno mismo?

Con la perspectiva que dan los años tomé conciencia de que no, que no se puede vivir en plenitud sin ser uno mismo, manteniendo en el armario la esencia de uno mismo. Y que esa ocultación acabó generando una dinámica de vivir pendiente de la opinión, del beneplácito de los demás, de necesitar la aprobación del otro incluso en la más pequeña de las decisiones, y por supuesto «que no se notase». Cuando tomé conciencia de que ser gay no era solo una parte de mí, sino que ser gay, para mí, era ser YO, cambió radicalmente mi vida. Me la replanteé de nuevo. En todos los ámbitos empecé a ser un maricón sin haber sido niño, adolescente y joven. Y, para enlazar con el título, fue entonces cuando dejé de sentir vergüenza de la palabra «maricón» y empecé a sentir ORGULLO de la misma. Apropiarnos del insulto y darle una perspectiva positiva nos empodera.

Desde mi experiencia personal considero esencial que las nuevas generaciones tengan referentes LGTBIQ, que puedan hablar y ser escuchadas sobre lo que sienten, lo que viven, sin ser juzgadas ni, mucho menos, condenadas. Es verdad que podemos hablar de una igualdad legal, pero todavía queda mucho para lograr una igualdad social, cuando ser LGTBIQ no sea tema de conversación ni motivo de explicación. En estos momentos vuelve a ser algo que hay que mantener en la discreción de tu vida privada —nunca entendí muy bien qué quería decir eso—. La ultraderecha, con el apoyo de la derecha extrema, está generando un enorme retroceso de lo conseguido en estos últimos veinte años. Fuimos el tercer país de Europa en reconocer el matrimonio igualitario y hoy la tercera fuerza de nuestro Congreso son socios de Orbán, que ha prohibido la marcha del Orgullo este sábado 28 de junio.

A todas y todos los que leéis este artículo, os animo a que sigamos construyendo un mundo en el que la diversidad y la pluralidad sean un don, un regalo. Cuidemos del Arcoíris y seamos conscientes de que vivimos un momento muy complicado, con una proliferación de discursos de odio en las instituciones y algunos medios de comunicación hacia lo diferente, lo desconocido, lo diverso. Es un retroceso en los derechos conseguidos en estos últimos años. Vuelve a coger fuerza el modelo de sociedad heteropatriarcal, con todo lo que esto implicaría, en especial para las mujeres y las personas LGTBIQ, modelo heteropatriarcal apoyado también por los discursos de la jerarquía católica.

Para terminar me gustaría dejaros las palabras de Martin Niemöller:

«Primero vinieron por los socialistas,

y guardé silencio porque no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas,

y no hablé porque no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,

y no dije nada porque no era judío.

Luego vinieron por mí,

y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre».


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