Masculinidades
Opinión
02 Oct 2025. Actualizado a las 05:00 h.
No sé cuál es la forma correcta o aceptable de ser un hombre. En los debates sobre masculinidad tóxica y nuevas masculinidades, me sobra casi todo, no voy a mentir. Nunca he sabido qué es la masculinidad ni he sentido demasiado interés en ello. He cambiado con los años, he intentado eliminar actitudes y pensamientos que hoy me producen bastante vergüenza. Supongo que nos pasa a muchos hombres progresistas. Quizá por eso me sorprenden estos debates que no suelen llevar a ninguna parte.
Nunca he respondido a lo que se esperaba de mí como hombre. No soy una persona demasiado normativa en general y me ha costado mucho encajar en cualquier parte. Incluso hoy me cuesta bastante hacerlo. A pesar de mi aspecto quizá algo rudo, soy una persona tímida, soy alguien introvertido que no suele alterarse con facilidad, soy un tipo muy tranquilo. De niño, era un poco así también. Mis profesores en EGB vieron que mi timidez podía ser problemática e informaron a mis padres al respecto porque, al parecer, eso no podía ser. No se podía ir por ahí siendo un crío así.
Ni siquiera me gustaba jugar al fútbol. Esto constituía también un problema en el colegio porque a casi todos les gustaba jugar al fútbol, lo que incidía en mi introversión, al pasar los recreos solo y ausentarme de las conversaciones de los partidos del día anterior, cuando se emitía fútbol para todos en la tele. Me costó bastante aceptarme y siempre he pensado que, de alguna manera, mi timidez y aislamiento más bien involuntario incidió de alguna manera en mi posterior alcoholismo. Hoy, lucho contra mis fantasmas. He llegado a una edad provecta soltero y vivo solo y eso no es lo que hace un hombre de clase social baja. Debería estar casado y divorciado varias veces. A estas alturas de mi vida, encajar no es algo que entre en mis planes, la verdad. Pero soy consciente de que no soy lo que se espera de un hombre, de que no encajo en ningún molde de masculinidad ni deseo hacerlo.
Por un lado, está la presión de quienes dicen debatir sobre las masculinidades, nuevas, se entiende, que pretenden hacerte encajar en una. Por otro, los muy abundantes hombres de mi edad que se adscriben, incluso sin saberlo, en el marco de lo que podríamos llamar viejas masculinidades, ejercen una presión de la que no se habla. Estamos muy ocupados enmendándoles la plana a los chicos jóvenes e intentando explicarles que hay otras formas de ser un hombre y que ser un cretino quizá no debería ser una de ellas, pero no solemos hablar jamás de cómo los hombres de cuarenta para arriba huelen a cerrado y ejercen su nefasta influencia en los chicos. Ese supuesto giro hacia posiciones antifeministas de los chavales no es fruto de la casualidad.
Hace tiempo que me cansé de la masculinidad porque la masculinidad no es más que una habitación vacía en la que introducir todo aquello que nos parece correcto a unos y a otros o todo aquello que no queremos ver. Nadie me ha contestado jamás cuando he preguntado qué es la masculinidad. Nadie. No hay una respuesta. ¿Es una condición inherente a nuestra naturaleza? Si es así, eso implica que solo puede haber una forma de ser, lo cual deja fuera de la masculinidad a miles de personas. Es entonces cuando aparece el plural, las masculinidades, que al parecer no aplican a partir de los cuarenta años, que ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer por ese flanco.
Os voy a decir una cosa: cuando me siento a leer un libro en un parque el sábado por la mañana, nunca he visto a una mujer mirarme raro, pero sí a muchos hombres. Es normal, estoy fuera de un bar y no voy a ningún sitio, que son las dos únicas maneras de estar en el exterior que conocen los hombres. Me doy cuenta, con estas cosas, de que la mayoría de ellos, aunque han cambiado y ya no son tan ostentosamente machos, siguen manteniendo el desdén hacia quien consideran extraño y no se comporta como debería a juzgar por su aspecto. Es decir, sigo sin encajar. No creo estar representando masculinidad alguna, ni nueva, ni vieja. No hay nada que representar ni a lo que adherirse en ese sentido. No me interesa hacerlo. La masculinidad para mí fue una imposición, vaya. Ser un hombre no es lo que pretendo ser, es lo que soy. No siento orgullo de eso como no siento orgullo por tener pies o por llevar un pendiente en la oreja izquierda.