Movilidad sin rumbo. El Programa Erasmus
Opinión
29 Apr 2026. Actualizado a las 05:00 h.
El programa de becas Erasmus es una iniciativa europea que financia parcialmente la realización de una parte de los estudios en una universidad de un país miembro. Es sin duda uno de los programas educativos más relevantes de la Unión Europea. Desde su inicio en 1988, han participado más de 20 millones de estudiantes universitarios. Solamente en España, en el curso académico 2024/25, han venido más de 150.000 estudiantes universitarios extranjeros y más de 100.000 estudiantes españoles han realizado parte de sus estudios de grado en el extranjero. Como muestra de la importancia que la Unión Europea da a este programa señalar que para el periodo 2021/27 el presupuesto asignado al programa Erasmus es de más de 26.000 millones de euros.
En los orígenes de este programa es posible apreciar el sentido humanista que durante buena parte de finales de los años 80 y 90 inspiró el proyecto de la Unión Europea. Años que trataban de avanzar en la construcción de una Europa social que fuera más allá de la mera integración económica. Fueron años en los que verdaderamente se creía en una Europa plural, abierta, ilustrada, acogedora, comunitaria, una Europa que sirviera de modelo de democracia social-liberal para el resto del mundo.
Como no podía ser de otra manera, la educación tenía un papel preponderante en la construcción de ese proyecto europeo ilustrado, y el programa Erasmus se enmarca en ese contexto. Varios documentos e informes oficiales de la Unión Europea explicitan el papel central de la educación como elemento a partir del cual construir el proyecto europeo. Uno de los documentos clave fue el apadrinado por el expresidente de la Comisión Europea Jacques Delors, La educación encierra un tesoro (1996), cuyo título es suficientemente elocuente en cuanto al papel de la educación.
Los años 2000 suponen un parteaguas en la orientación de las políticas comunitarias. Son los años en los que la Unión Europea abraza sin complejos las ideas y planteamientos del discurso neoliberal y de la lógica economicista en todas las dimensiones de la política comunitaria. Educación incluida.
Es en estos años donde surge el Plan Bolonia que acentúa el giro mercantilista en la organización de la Educación Superior, al entenderla como una inversión individual que el estudiante hace para favorecer su empleabilidad. Este plan avanza en la construcción de un sistema universitario europeo basado en la idea del mercado y en la gestión empresarial de las universidades. La estructuración de los estudios universitarios en créditos es una cristalización de las lógicas neoliberales, al facilitar la equivalencia de titulaciones en toda Europa y aumentar la elección individual del estudiante. Para que el mercado universitario funcione tiene que haber una oferta amplia de productos —grados, posgrados y ahora microcredenciales, el último invento de las políticas educativas neoliberales—, que permitan la elección del estudiante convertido en cliente consumidor de títulos. Así, el mercado universitario no se limita al ámbito autonómico, ni al nacional, sino al europeo, con lo que el mercado crece y por tanto también las oportunidades de negocio privado, que es el principal objetivo del Plan Bolonia.
Es en estos años donde la Unión Europea aumenta progresivamente la financiación económica del programa Erasmus al considerar que la Educación no es tanto un derecho social, sino sobre todo una oportunidad de negocio para el sector empresarial privado. Piense en el volumen de negocio existente vinculado a las movilidades de estudiantes Erasmus: aerolíneas y agencias de viajes, servicios de alojamiento temporal de estudiantes, empresas de la construcción encargadas de construir residencias —financiadas a crédito por parte de las universidades, lo que aumenta la deuda de las universidades y merma su autonomía y capacidad de actuación—, academias privadas de idiomas, etc. Todos ellos sectores empresariales privados que ven en el Programa Erasmus una oportunidad excelente de generar beneficios económicos. Un mercado además en el cual el cliente, el estudiante universitario, es rehén de las condiciones impuestas por el mercado: si no estás de acuerdo con el precio de alquiler de la habitación, ahí tienes la puerta, lo tomas o lo dejas.
Es cierto que en la Unión Europea siempre ha habido una doble interpretación de la educación: como derecho ciudadano y base del proyecto ilustrado, y como mercancía educativa y palanca de crecimiento económico y empleabilidad. Pero es a partir de los años 2000 donde la balanza se inclina hacia las lógicas economicistas del discurso neoliberal. Retóricamente la Unión Europea sigue defendiendo que la educación es un derecho social, pero en la práctica real pasa a ser conceptualizada como una mercancía de compraventa sujeta a las leyes del mercado. Una mercancía que, para ser explotada eficientemente por el sector empresarial privado, requiere de un impulso financiador público. De ahí que, a partir de los años 2000, la financiación comunitaria dada al programa Erasmus aumente progresivamente.
Así el programa Erasmus comienza a configurarse pensando más en la lógica del beneficio económico y menos en la utilidad social, académica y cultural de las movilidades realizadas por parte del estudiante Erasmus. A veces resulta incluso difícil establecer la línea divisoria entre estancias académico-formativas y la simple acumulación de méritos individuales. Cuestiones que se aplican también al profesorado universitario que se beneficia de este programa para hacer estancias académicas en Europa, y que en ocasiones no rebasan la categoría de turismo académico, disfrazado de expresiones como: «creación de redes europeas», «búsqueda de sinergias» o «establecimiento de consorcios para futuras iniciativas conjuntas basadas en intereses mutuos».
Se argumenta que este programa da la oportunidad a estudiantes de realizar estancias en universidades europeas punteras. Pero el impacto de estas estancias temporales en términos de cohesión y justicia social es limitado. Es como si un ciudadano de a pie fuese a un concesionario de coches de lujo, y pidiese probar un coche de alta gama a sabiendas que nunca podrá comprar ese coche y tendrá que conformarse con un utilitario.
El programa Erasmus da la oportunidad de disfrutar de experiencias formativas en el extranjero, facilita conocer otras culturas, aprender idiomas y formarse en instituciones académicas diferentes. Es un programa con profunda orientación europeísta. Sin embargo, su evolución hacia planteamientos economicistas ha pervertido las potencialidades y los logros de este programa. Es necesario darle un sentido político que permita avanzar realmente hacia la construcción de una identidad europea, basada en los principios de solidaridad entre países miembros y la colaboración entre universidades. Es preciso retomar el proyecto de la Europa democrática, social y plural.