La Voz de Asturias

Las derechas contra el Estado

Opinión

Francisco Carantoña
Uno de los pacientes con hantavirus evacuado del crucero MV Hondius

13 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Proliferan por el mundo populismos ultraderechistas que, a pesar de su autoritarismo, se dicen liberales y se han apropiado, tras corromperlo, del término «libertario», tradicionalmente anarquista. Sostienen que combaten al Estado, pero su enemigo es el Estado social, son los servicios públicos, quieren bien fuertes a la policía y al ejército, una justicia subordinada al ejecutivo y fondos abundantes para lucrarse ellos y sus amigos. Un Estado sólido, pero a su servicio. En España, aunque también pretendan debilitar el Estado del bienestar, las derechas lo atacan sobre todo porque lo identifican con el gobierno. Ciegas en su enfermiza obsesión por destruir cuanto antes a Pedro Sánchez, son incapaces de distinguir uno de otro.

De no mediar enfermos, algunos fallecidos y personas sometidas a un tenso encierro en un barco con la duda de si estarían o no infectadas por el virus, podría definirse como sainetesco el espectáculo que protagonizaron estos días PP y Vox, sedicentes nacionalistas españoles, y Coalición Canaria, nacionalistas isleños. Iniciaron el ridículo el presidente canario, oponiéndose a que el barco se dirigiera a las islas, y la lenguaraz portavoz del PP, hablando de «caos absoluto del gobierno». En la página web de este partido todavía podía leerse el lunes un resumen de las declaraciones realizadas por la diputada Muñoz el 7 de mayo: «La portavoz del GPP en el Congreso, Ester Muñoz, denuncia el «caos absoluto» del Gobierno con la crisis del hantavirus. «No hay comunicación por parte del Gobierno de España con los gobiernos autonómicos, ni con el principal partido de la oposición. Hay contradicciones entre ministros y para rematarlo aparece para explicar la situación de crisis el mismo que nos dijo que el Covid no serían más que uno o dos casos», subraya. Anuncia que el PP ha registrado la solicitud de comparecencia urgente y extraordinaria de la ministra de Sanidad, Mónica García, «para que informe a esta Cámara sobre la crisis del hantavirus» (...) Cree que «a la ciudadanía no le da ninguna tranquilidad pensar que esta crisis sanitaria puede ser gestionada por los mismos que no le dieron importancia al Covid hasta que fue demasiado tarde». Pronto se sumó el señor Núñez Feijoo para pedir, cómo no, la dimisión del presidente del gobierno. No sé si, después de la exitosa gestión del ejecutivo, el PP mantendrá la petición de comparecencia, quizá nos sorprenda y la aproveche para felicitar a Mónica García y a Pedro Sánchez.

El 7 de mayo el MV Hondius estaba en aguas de Cabo Verde y tardaría tres días en llegar a Canarias. Había tiempo de sobra para recabar información y transmitirla y para preparar la evacuación segura de pasajeros y tripulantes. ¿En qué consistió el «caos»? En que la ministra de Defensa dijo que el barco atracaría en el puerto de Granadilla y la de Sanidad que fondearía, una simple imprecisión de la primera, que pudo deberse a que es natural de una provincia del interior o a un despiste. En cualquier caso, terminó haciendo las dos cosas, el mar impuso su dictado. También fue terrible que la señora Robles, supongo que improvisando, dijese que la cuarentena de los pasajeros españoles sería voluntaria. Insisto, quedaban días para que el barco llegase a Canarias y, por lo tanto, para aclarar esas horribles contradicciones. No hubo más.

De más calado es el apoyo inicial del PP a las demandas del señor Clavijo, el presidente del gobierno canario. España no es una confederación y el PP nunca ha defendido en público que deba serlo, pero, con tal de atacar a Pedro Sánchez, respalda que una comunidad autónoma pueda adoptar decisiones que corresponden al Estado. El gobierno debía informar a las autoridades canarias y lo hizo, pero, ante una emergencia sanitaria como esta, no tenía que pedirles permiso para autorizar la entrada del barco en el puerto de Granadilla ni para organizar la evacuación. Realmente, lo que le sobró al gobierno español fue paciencia con los dislates y las pretensiones del ejecutivo canario.

No hay mucho que explicar sobre las carencias sanitarias de un país pobre y pequeño como Cabo Verde, tampoco Marruecos tiene una sanidad como la española. La nave no podía seguir navegando durante días hasta Holanda, a la espera de que pudiesen surgir nuevos casos y se produjesen más muertes. España debía atender la petición de la OMS y socorrer al barco por simple humanidad, pero, además, ¡iban en él 14 españoles! ¿Qué diría el señor Clavijo si alguno hubiese sido canario?

Por último, arremetieron las derechas contra Fernando Simón, médico que dirige el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias ¡que fue nombrado por un gobierno del PP! ¿Cuáles fueron sus errores durante la epidemia del COVID? Los mismos que cometieron las autoridades sanitarias y políticas de todos los países del mundo. España fue uno de los que mejor gestionó la pandemia, pero hubo equivocaciones porque era un virus desconocido y al principio faltaban medios para combatirlo. Es terriblemente injusto denigrar a Fernando Simón, que tuvo una entrega ejemplar, aunque quizá no fue lo más oportuno que apareciese ahora en público porque eso podría facilitar que la gente asociase el brote de hantavirus en el barco holandés con la pasada pandemia. El PP y algunos medios irresponsables lo hicieron, parecía que su objetivo fuese provocar miedo. También sufrieron ataques inmotivados Mónica García y su equipo, aunque pronto la realidad hizo que perdiesen fuerza.

Los exabruptos de Vox fueron más lejos, desde afirmar que Pedro Sánchez deseaba que se produjese una nueva epidemia porque así taparía el impacto de los juicios por corrupción, hasta descalificar a la OMS. Al fin y al cabo, su ídolo es Donald Trump, están a su altura intelectual.

De cuestionar la supuesta falta de información, las derechas políticas y mediáticas han pasado a criticar su exceso. Todo se hizo bien y todo salió bien. España recibe felicitaciones de múltiples países, organismos internacionales e incluso del papa. Es lógico que el gobierno quiera aprovecharlo. Es cierto que hubo un líder del PP, el presidente gallego Alfonso Rueda, que felicitó al ejecutivo; Moreno Bonilla, preocupado por no pisar charcos, al menos calló sobre el tema. Muestran que se puede hacer oposición al gobierno sin caer en el sectarismo.

Ni hubo nunca epidemia ni se va a producir. Habrá algunos contagiados entre quienes viajaban en el barco y los que estuvieron en contacto con los que desembarcaron antes de que se diese la alarma, es inevitable, pero, como han repetido hasta la saciedad los expertos, es un virus que se transmite con dificultad entre humanos. Si fuese fácil que se contagiase de forma epidémica, ya habría habido varias en Argentina, donde es endémico, y no ha sido así. Si algo hay que censurar, son los bulos de las redes, el alarmismo interesado de algunos medios de comunicación y el populismo y el sectarismo políticos.

Mientras sucedía todo esto, la señora Díaz Ayuso, que no había perdido la ocasión de denunciar un supuesto «descontrol» del gobierno sobre el hantavirus, se fue de viaje a México con la loable intención de contrarrestar los esfuerzos del rey y del gobierno para mejorar las relaciones con ese país. No hace falta recordar que las relaciones exteriores son un asunto de Estado. Atacó a México, al que definió como narcoestado y sostuvo que sufre una «deriva totalitaria», y a España, al pretender dañar su política exterior. No es una presidenta de comunidad autónoma, carente de la formación necesaria, quien debe protagonizar un debate sobre la historia, pero no era ese el objetivo sino el pretexto. Lo único que pretendía era poner palos en las ruedas, hizo el ridículo, quizá empiece a darse cuenta de sus límites.

España ha demostrado una vez más que sabe afrontar las crisis y hacer bien las cosas, pero Coalición Canaria dio muestras de un populismo aldeano y egoísta, Vox se confirmó como un partido destructivo, antisistema, y el PP parece haber perdido el sentido de Estado. Ese podría ser el balance de la semana del hantavirus.

 


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