Escenas en el Centro de Salud
Opinión
13 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Han pasado varios meses y acudo a visitar a mi médico de familia para actualizar mi tratamiento habitual. Observo que hay más pacientes que otros días por lo que deduzco que mi consulta se va a retrasar, como en efecto compruebo más tarde.
Son los Centros de Salud sitios propicios para el diálogo entre conocidos y también entre extraños. Son espacios físicos y temporales adecuados para pensar, para observar. Acudimos gentes de toda condición, aunque prevalecen las personas mayores. Acomodados en las sillas no queda otra que esperar. Algunas personas, más jóvenes, consultan sus smartphone, muchos conversan en voz alta para que todos nos enteremos de lo tratado, hay quien dormita. Se supone que los muy acaudalados no acuden a estos centros públicos.
Se abre la puerta y asoma la enfermera con un folio y observa a quienes pacientemente esperamos. Saluda a Valentín y le hace pasar, es de los habituales, que cada mes acude a mirarse la tensión. Después hace pasar a la consulta de la doctora a una mujer que acude con su hija. La mujer viste ropa talar y un velo oculta su pelo, es evidente que es de origen extranjero. La niña no puede disimular los ojos llorosos y los mocos deseosos de salirse. Acuden a esta consulta porque pediatría lleva semanas cerrada.
Sin recato, convencidas de tener la razón, dos mujeres empiezan a exponer todas las razones y consecuencias del mal estado de la sanidad pública. Los venidos de afuera nos han traído esta situación. Al menos podían dejarlos para los últimos y atendernos a nosotros primero. La niña enferma después. Hay quien sin estar en la conversación asiente con el gesto.
Los médicos están en huelga, están desbordados, se sienten frustrados. Faltan médicos y demás personal sanitario y no se vislumbran soluciones. De las facultades salen jóvenes con una formación excelente, pero con expectativas laborales penosas. El ser tres o seis áreas sanitarias nada tiene de importancia.
Sigue la espera para la consulta. Ahora escucho como se narra la enfermedad de alguien. Parece ser un cáncer muy maligno. El enfermo a que se refieren ha estado dos meses en un hospital fuera de la provincia, ahora sigue en tratamiento muy especial, aunque puede ser en vano. Intento hacer un cálculo de lo que puede suponer económicamente casos así. Habrá quien piense que los extranjeros ponen en peligro la atención pública en tales circunstancias.
En el lugar más alejado aguarda su momento un señor que aparenta más edad de la que tiene. Enjuto, piel tostada, pelo y barba descuidados, aparenta higiene escasa. No hay duda de su tos crónica. A juicio de quienes allí se expresan sin reserva alguna, tal persona tampoco tendría que ocupar el lugar de los otros pacientes que allí esperamos pacientemente. Él se lo ha buscado por llevar una vida sin mesura y arriesgando la salud.
Llegado mi turno la doctora me recomienda una visita al cardiólogo a lo que le respondo con una negativa. Es mi forma de proceder. A propósito la doctora es sudamericana.