El show de Trump
Opinión
15 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Estamos algo más que hartos de este tipo salido de las peores pesadillas gringas, pasado por la telebasura, donde sólo puede triunfar el desecho humano social, político y cultural, que lleva adocenando a la humanidad desde hace demasiadas décadas. Hablamos del tramposo trompetero Trump, del siniestro payaso de película de ciencia ficción y terror a quien bien podíamos llamar Trumpo, nombre que suena todavía más a payaso, en este caso algo más que siniestro, cuadrando perfectamente para la triste charlotada de esta entidad, querríamos decir que humana, salida del mismísimo tártaro y al que en vez de presidente de la nación hasta ahora más poderosa del mundo nos gustaría ver en la cárcel o para los morbosos que hoy son casi mayoría en el Show de Trumpo, nombre para un reality que le iría como un guante a este detestable personaje. Los llamados espectáculos de realidad (empeñados ya todos en llamarlos realiti chous) fueron el inicio gigante de la telebasura, las redes los continuaron y la inteligencia artificial, detrás de la que hay siempre humanos huérfanos de sustancia gris y de empatía, es ahora el colofón a tanto dislate coprófago.
Sin censura ni prohibición, por pura inteligencia humana, por sentido común, hoy a punto de extinguirse, deberíamos quitarle la «alcachofa» comunicativa e informativa a semejante acémila, en realidad a tantos y tantos acémilas que se apoyan en nuestra dejadez y nuestra ignorancia para gobernarnos, chulearnos, robarnos y matarnos. Ya sabemos de qué va, ya todo redunda en él, como en el «cuento de la buena pipa», lo vergonzoso es que la gente que vive de la política y los que ganan dinero a espuertas con sus gansadas (incluido él mismo) sigan ahí por nuestra cobardía, nuestra negligencia y nuestra orfandad mental. Que un comediante barato y siniestro como él tenga al mundo ocupado a tiempo total con sus tenebrosos gangs dice mucho de nosotros mismos. Seguro que de ahora mismo en que esto escribo hasta que se publique el articulo, aunque fuera en cuestión de horas, esti babayu ya habría soltado y perpetrado un montón de barbaridades, baladronadas, robos y asesinatos todo en nombre de un bien americano que aumenta el tamaño de su cartera y el de sus patrones sionistas, da igual que anuncie paz, victoria o incluso amistades de última hora, todo sería tan falso como él y sus bitcoins.
Trump(o) nos pone a cada uno de nosotros delante de nuestro espejo que nos devuelve una imagen y nos interpela: ¿qué hiciste o qué no hiciste tú para que tipos como éste lleguen a gobernar el mundo, tu país, tu comunidad autónoma, tu municipio, la asociación de vecinos de tu barrio? Este es el meollo y la culpa de que los trumpos estén mandando es nuestra por mirar para otro lado cuando la ola ya iba siendo un tsunami, por la imbecilidad congénita que caracteriza a los seres humanos, también, en demasiadas situaciones, por la cómoda dejadez de votar al que no te da soluciones y te dice: ¡votadme a mi!, sin otra explicación que una falaz mentira, un berrido, una salida de «pata de bancu», mendacidades que llegamos incluso a considerar un hallazgo del «nuevo» pensamiento humano. Somos nosotros, sí, y los partidos políticos digamos tradicionales que se fueron permeando a la mediocridad, a la vida relajada, a la corrupción y al sectarismo castrante impulsor de la incompetencia en su máximo nivel político, los que aupamos el actual panorama de irresolución de los problemas que los politicastros de hoy en día deberían de arreglar, las graves injusticias que estamos sufriendo los ciudadanos del mundo y, mismamente, a los «occidentales» acostumbrados a que nos lo den todo hecho.
Hay que ser muy deficiente para hacer buenos a los iraníes, a una teocracia donde reina lo irracional, la brutalidad y el atraso más agudo para cualquier cerebro con una miga de entendimiento y, además, de rebote convertir a una dictadura capitalista-confuncionista como China en la potencia más fiable del mundo a día de hoy. También, si fuéramos un tanto conspiracionistas, podríamos pensar que Trumpo trabaja (igual sin saberlo) para la KGB o como Putin lo llame ahora. Admirar, abrirle las puertas de USA y la UE, como hace Trump con el líder supremo soviético, y apoyar a este genocida (del nivel de Netanyahu), es de una inconsciencia suicida para el mundo hasta ahora libre.
Si tenemos la suerte de superar esta época absolutamente trastocada por una especie de locura colectiva, de una tontuna espectacular, este tiempo que vivimos acongojados podríamos recordarlo como los años de la gran alienación, pero no olvidemos que dirigida y fomentada urbi el orbi por algo o por alguien a quién llamamos ultraderecha sin saber muy bien por qué, sobre todo si conociéramos la historia de por qué en política se llaman a los progresistas izquierda y a los conservadores derecha. Lo que hace, ahora, el capitalismo no se había atrevido a hacerlo ni en la revolución industrial atravesada por un esclavismo enmascarado como empleo laboral que llamó a los esclavos trabajadores.
Trumpo y su iglesia protestante americana más una gran parte del clero católico español, muy español, adornados con crucifijos de plata y vestidos de seda aunque presuman de orden mendicante, para nada de nada se acuerdan del Cristo envangélico (e histórico) que echó a los mercaderes del Templo de Jerusalén derribando sus mesas de mercachifles y con ellas las viles monedas que después servirían como pago para su propia muerte. Tampoco ni el ominoso gringo, ni los curas trabucaires, ni los que se dan golpes de pecho en homilías y procesiones se acuerdan, cuando echan su lengua —y las teclas— a pacer, del Cristo que (en traducción vulgata) dijo: «Adelante, el que esté limpio de corazón que tire la primera piedra...» , refiriéndose a una mujer acusada de adulterio. Cristianos. Menos mal que van dos Papas cristianos de corazón entre tanta masa de practicantes de la pedofilia encarnada por el presunto fariseo Eipstein, Maciel y lo más creso de la sociedad dirigente actual, incluidos católicos, protestantes, sionistas y musulmanes.
Si llega ese futuro del que hablamos, esperemos no muy lejano en el que podamos recordar esta época como un mal sueño, ojalá los historiadores, los investigadores y la propia sociedad del futuro tengan memoria y claridad para acordarse, recoger, juzgar y enseñar que el fruto ultraliberal que llevamos recogiendo todo el siglo XXI fue abonado (plantado siempre estuvo en nuestros genes), en su última hornada en la década de los años setenta del siglo XX. Fue entonces con una carrera armamentística loca, la que forzó el pulso final con la tiranía soviética hasta acabar por reventarla económica y políticamente, para a su vez convertir el mundo en un coto capitalista que se hizo llamar neoliberal en el que una vez perdido el miedo a los rojos y comunistas, en un mundo en el que hasta los socialdemócratas fueron convertidos en peligrosos comunistas, esta jauría perpetró sin control aparente un jaque al orden internacional que nos trajo hasta el actual marasmo, adueñándose hasta la rapiña más impune con la intendencia de los nuevos medios tecnológicos y sus patrones más inhumanos de todo lo público e independiente de la sociedad.