Las ratas hantavirus se negaron a nadar hasta Canarias
Opinión
17 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, matriculado en la Universidad de la Nueva Ciencia Populista para estar al día en materia tan de moda y con un presente más brillante que el que la humanidad alcanzó entre Copérnico y Einstein y que, muy certeramente, estos nuevos investigadores están poniendo al descubierto las meteduras de pata de esos palurdos del pasado que creíamos genios, cometió un error (lógico, pues Clavijo está todavía en el primer curso) al afirmar que las ratas, si las hubiera, de lo que estaba bastante convencido conforme a los postulados irrebatibles de la flamante ciencia (ratas, por otro lado. que diariamente portan todos los barcos que atracan por esos lares), podían nadas hasta Tenerife y, posteriormente, arribar a cada una de las islas de su comunidad y, de esta forma y manera, una civilización tan antigua y excepcional como la de los atlantes desaparecería. El error del presidente consistió en que la IA, el no va más del saber y el raciocinio conocido en el Cosmos y que promete desplazar a Dios y convertirse en Él, una especie de mente única y total consistente en un puro plasma, sin los enfermizos y caducos órganos materiales que hoy nos mortifican y nos llevan a la muerte; ese error, el de Clavijo, fue el poner toda su fe, perdón, ciencia, en una IA que, como todavía está en pañales, desconocía que las ratas del crucero <<Hondius>> infectadas de hantavirus no estaban dispuestas a nadar hasta la costa porque eran muy conscientes de que en Canarias hay ratas extraordinariamente agigantadas, agresivas y voraces que las zamparían en un santiamén. De haber confiado solo un poquito en la IH (inteligencia Humana, que atesora algunos miles de experimentación y reflexión), Clavijo se hubiera salvado del inmenso ridículo en el que se ha envuelto.
Los canarios…, no, todos no, que están quienes acogen a los desesperados de África y también están los que leen lo que hay que leer y también están los que tienen sentido común, sea esto lo que sea, pero que es saludable para uno y para los demás; un montón de canarios…, esto sí, se arrastran como reptiles babeantes para satisfacer todos los deseos, hasta donde deseen, de británicos, alemanes, italiano, rusos, con pasta gansa, no de rata. Como alguno de esos deseos sin límite choque con la petición de un servicio estrictamente estricto y pedido con la humildad y el respeto debidos por parte de un español (de la península, un godo), corre el riesgo de ser humillado. Mi familia y yo, godos aborrecibles, vivimos en los pocos días que pasamos en una de sus islas (que no volverán a tener que pasar el mal trago de ver a familia tan mema e ignorante de su posición económica y cromosómica) dos episodios de racismo y xenofobia, y supimos, entonces, qué es de verdad el racismo y la xenofobia, que hay que sufrirlo para comprenderlo.
Por un lado, la lameculos de la azafata que nos tocó en suerte, y para hacerle un favor a ella y a otra compañera, favor que nos fue solicitado y, como godos serviles, aceptamos sin piar pese a que alteraba el programa al que nos habíamos apuntado, alteración que nos suponía un perjuicio, permitió, esa azafata canaria por los cuatro costados, que los pasajeros, posiblemente todos ingleses, o en su mayoría, que la animadversión del inglés puro al hispano ínfimo es legendaria, nos impusieran un apartheid de los que son desde el siglo XVII unos maestros. Por el otro, en el apartahotel, propiedad de un fondo especulador y con una directora alemana, nos hicieron una fechoría de una magnitud denunciable, pero de la que la Policía Local se escaqueó manifiesta y burlonamente. En definitiva, el maná que cae de los bolsillos de la marabunta extranjera apiña los intereses de todos los que reciben una parte, bien directa, bien indirectamente, pues, por ejemplo, un ayuntamiento más saneado puede tener más funcionarios, como polis. Ahora bien, si te escupe un guiri y tú, en lugar de escupirle a él o darle una hostia, bajas la cabeza y te disculpas por estar ahí, de vacaciones en tan desafortunadas islas, te considerarán un godo manso al que se le puede tolerar, pero sin más. Solo faltaría que estas mafias contaran con la colaboración de guardias civiles, policías nacionales y juzgados de guardia.
Viene este recuerdo, claro está, a cuenta del hantavirus, donde los no canarios somos potenciales portadores de microorganismos perversos, susceptibles de ser arrojados al mar como ratas nadadoras, pero hacia las Américas. Es curioso: trabamos cierta confianza con una de las esclavas del apartahotel (esclavitud posmoderna, entiéndase), a la que le confiamos nuestras desventuras y… ¿adivinan que dijo de la directora? Han acertado: “es una rata”. En este momento, momento en el que estoy escribiendo lo que estoy escribiendo y no otra cosa, es decir, en este mismo momento, no antes ni después, sino ahora, acude a mí cómo durante cuatro generaciones, entre 1391 y 1481, la relación en Castilla entre cristianos, judíos y moriscos tenía más de respeto que de desprecio (los cristianos no hacían ascos a ir a joder a los burdeles moriscos, etcétera), y cómo, con la puesta en marcha de la muy puta Santa Inquisición en 1481, creada tres años antes, sirvió para que los muy católicos Isabel y Fernando y su corte y la nobleza periférica y conventual arrebatara los bienes materiales a los conversos de las ciudades, muchos de ellos conversos verdaderamente, y para socavar el poder y la autonomía de las pujantes ciudades, llevando al reino a los más siniestros tiempos de la Edad Media. El Tribunal de la Inquisición, que actuaba al margen de la Iglesia, era un tribunal de Estado que hizo con la sablista pureza de sangre una segregación de los impuros de la vida social, económica y política. Y, finalmente, unas ratas (judías) fueron barridas de la península en el año del Señor de 1492, y las otras (moriscas), en el año del Señor de 1606.
¿Qué hicieron los dominicos y los juristas de Salamanca, avalados por Isabel y Fernando, con el mensaje evangélico de San Pablo (sin él, no habría cristianismo)? ¿Qué se hizo con la sabia rectitud de Frany Luis de León (menos ritos, más espiritualidad)? ¿Qué con los intelectuales que apostaban por modernizar una nación que los católicos reyes y sus sucesores, Carlos V y Felipe II, arrojaron a las tinieblas de las mazmorras, la superstición, el catolicismo ultra que hoy está de vuelta, el terror a ser denunciado o sobresalir en alguna faceta del saber (léase a Cervantes o Gracián)? ¿A dónde nos llevaron esos prebostes de la raza pura, del castigo, de la tortura, de la más absoluta falta de libertad para ser y decir, para ser sociedad abierta, sociedad en desarrollo, sociedad alejada de la sinrazón?
Pero este Santo Tribunal extendió más allá de los mares el terror de sus cristianos métodos, allí por donde la chulapa Ayuso entró con la motosierra que le prestó su colega Milei, sabiendo que Hernán Cortés es el personaje más odiado de México. Fue a provocar, pero no estaba en su Madrid de mierda, y se vio obligada a escabullirse, no precisamente de los narcos, a los que se acogió para sostener que México, como España, no es una democracia: no coló porque los mexicanos no olvidan su historia. Y sin embargo, pese a los narcos y a que el Gobierno de España la dejó a merced de ellos y de tanto malvado de Nueva España (incluida la derecha política, que la acogió con los brazos abiertos y ahora dicen que no la conocen: como para conocerla o reconocerla), pasó aún varios días de asueto en la ribera maya, pagados por los indigentes <<indígenas>> madrileños que le han sufragado en los últimos tres años 18 viajes al extranjero, algunos de ellos a Florida, con su amantísimo, donde tienen negocios muy particulares. De bacanal en bacanal pero arriesgando valientemente su vida en interés de sus indigentes, más, muchísimo más, que en su cohorte de <<criollos>. Díaz Ayuso es el pH en Madrid y la quinta columna en Génova: mientras siga ganando elecciones (pH electoral de una acidez ultra), al PP no le queda otra opción que soportarla, como una almorrana de pesadilla.
No sé de ningún presidente autonómico que haya hecho 18 vuelos sobre los océanos en tres años. No sé de ningún presidente autonómico del PP que se haya quejado de la información recibida por ministros del Gobierno, excepto ella y, vergonzosamente, el canario. Como él, Ayuso no vio bien que 14 compatriotas fueran trasladados a Madrid (Hospital Gómez Ulla). Pero ¿no habíamos quedado, señara Ayuso, que el Zendal que usted se encaprichó en levantar, cuadriplicando su coste inicial, sería el centro de referencia de España para tratar epidemias y pandemias? ¿Está rabiosa porque la ministra de Sanidad, su archienemiga Mónica García, desvió a los 14 a un centro que no es el Zendal, absolutamente incapacitado para estos y otros muchos tipos de pacientes porque, llanamente, no es ni hospital? Pero cómo va a ser un hospital (“¿dónde están los quirófanos?”, le pregunto ingenuamente Casado poco antes de que le degollara) cuando usted no es ni usted, con su homeostasis desmadrada.
¿Se habrán enterado de lo que dijo el jueves pasado en la Asamblea de Madrid?: “México no sería México sin España”. Qué genialidad, qué poderío, que sapiencia, que catedrática en Historia hubiese ganado alguna de sus privadísimas y excelentísimas y riquísimas y pijísimas universidades. Porque, ¿España sería España sin sus admirados musulmanes? ¿La Península Ibérica sería la Península Ibérica sin la tectónica de placas? ¿Ella sería ella si sus progenitores no se hubiesen acoplado ese día, esa hora, ese minuto, ese instante en el que un único espermatozoide penetró el óvulo que en ese momento se hallaba en el útero que luego le sirvió de <hogar>>. No obstante lo antedicho, habría que preguntarse si a México le valió la pena ser México a cambio de tanto sufrimiento, esclavitud, tortura y muerte. Castilla destruyó un pueblo y lo saqueó y dejó como amos a unos criollos que eran la viva imagen de nuestros héroes conquistadore y civilizadores de espada y cruz. Así, los pecheros (de <<pechos>>, tributos) del tercer estado del campo y las ciudades tuvieron que seguir pagando a los descendientes de los héroes los impuestos que les impedían dejar atrás la miseria. Sin España, México no sería México, muy afortunadamente; tendría otro nombre, o varios, y sería lo que el devenir histórico les hubiera deparado, restando la pesadilla de la conquista de una Castilla, de una España si se quiera, mezquina, mezquina y depredadora. Soberbiamente inculta, arrogante, cruel, la reina de espadas, bastos, oros y cervezas, es un estercolero de profunda e inagotable inmundicia.
Si pudiera yo, que no puedo, pero lo digo como forma narrativa, ponerme en el pellejo de ese imbécil nacionalista montuno (pero qué digo, ¿hay acaso nacionalistas no montunos?), ese Ferando Clavijo que, ante todo, defiende la “voluntad popular” (¿convocó un referéndum?) que le dice que los apestados son eso, apestados, y que se vayan con sus bichos a otra parte; si yo pudiera, contraatacaría con la misma rabia y furia al Gobierno español, que le ha estampado una cruz gamada en la frente. Porque si el presidente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el afamado virólogo Tedros Adhanom, elogia a España por “la compasión y la solidaridad” hacia los pasajeros del crucero. Porque si medio mundo ha felicitado a nuestro Gobierno por lo bien que hemos hecho las cosas, con un despliegue de medios inédito y una humanidad a prueba de virus. Porque si estamos en todos los medios de comunicación del planeta como ejemplo de solidaridad y de sanidad pública (mejorable, faltaría más) avanzada con respecto a otras sanidades del Primer Mundo. Porque si León XIV nos agradece no rehuir al enfermo. Porque si hasta Alfonso Rueda, presidente gallego ¡del PP! Dijo que “se ha hecho una buena gestión y se dio una imagen de gestión serie”. Porque si…, entonces, estallaría como él, como el Clavijo que afirmó que Mónica García sabía, y ocultó, que uno de los pasajeros estaba infectado (el estadounidense, que dio negativo una vez en su país); que los canarios fueron ninguneados (otra falacia, pues él mismo, antes de fondear navío, reconoció que había hablado cuatro veces el día anterior, o el anterior del anterior, con la ministra, tal y como esta aseguró) o que el Gobierno de España había cometido una cacicada, que igual sí, pues en Canarias el caciquismo es histórico y, por tanto, bien detectable. Es definitiva, que yo me comportaría rabiosamente de estar en su pellejo, pues quedé como lo que soy, una persona horrible.
No en vano, esta corriente del desecho no tiene techo de cristal y va a tumba abierta con el Caudillo por estandarte: Vox no tiene escrúpulos en sostener que si la OMS te felicita “qué miedo, mala cosa tiene que ser”, sin que el PP salgan a rebatir esa ponzoña porque ha hecho del antisanchismo su cruzada vital. Un PP que empezó el <<show>> hablando de caos, de alarma, y que, tras la venturosa conclusión de la crisis, sigue con los rebuznos: por qué no se quedó el <<Hondius>> en Cabo Verde, por qué no siguió hasta los Países Bajos… O sea, algo así como por qué no se hundió a cañonazos.
(Una pregunta test digamos tangencial a las ratas canarias. ¿Quién de estos cuatro pidió “ciencia y conciencia”. a) Feijóo; b) Sánchez; c) Abascal, y d) Ayuso).