Asturias y la ciencia que convierte conocimiento en bienestar
Opinión
24 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Asturias vuelve a situarse, a través de los Premios Princesa de Asturias, en el centro mundial de la conversación científico-tecnológica. El Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026 ha distinguido a David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer por su papel decisivo en el desarrollo de las tecnologías de secuenciación de ADN de nueva generación. Esta innovación ha transformado, entre otros campos, la forma de planear la ciencia en biomedicina, la investigación genética y la práctica clínica contemporánea. Gracias a sus avances, lo que antes exigía meses de trabajo y costes millonarios —leer un genoma humano— puede realizarse hoy en menos de 24 horas y, probablemente, por menos de 1.000 euros.
Este reconocimiento no premia solo una tecnología; premia una nueva manera de plantear ciencia. La secuenciación masiva de ADN, desarrollada a partir de una tecnología llamada Solexa primero, e Illumina después, permitió leer simultáneamente miles de millones de fragmentos genéticos, abriendo campos enteros de conocimiento en biología celular, medicina forense, ecología, cáncer, enfermedades raras y patologías infecciosas. Entre esos campos destaca uno especialmente prometedor: el estudio del microbioma humano, esa comunidad de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que habitan nuestro cuerpo y que desempeñan un papel esencial en la salud.
Durante mucho tiempo, la microbiota intestinal fue observada de forma parcial, limitada por la dificultad de cultivar en laboratorio muchas de las especies que habitan dentro de nuestro tracto gastrointestinal. La secuenciación masiva de ADN, a un coste razonable, cambió radicalmente ese panorama. Al permitir identificar microorganismos por su material genético, hizo visible un ecosistema hasta entonces casi oculto. Hoy sabemos que la microbiota humana participa, entre otras funciones, en la digestión de los alimentos, en la producción de metabolitos, en la maduración del sistema inmunitario, en la protección frente a patógenos o en la producción de sustancias neuroactivas, que llegan desde el intestino a nuestro sistema nervioso central. También se investiga su relación con enfermedades inflamatorias, metabólicas, neurológicas y oncológicas. Sin la tecnología premiada, y que dio pie a otras tecnologías de secuenciación masiva de ADN, buena parte de este conocimiento habría sido mucho más lento, costoso o sencillamente inaccesible.
La aportación de Klenerman, Balasubramanian y Mayer conecta, además, con una línea reciente de los propios Premios Princesa de Asturias: la de reconocer avances científicos que convierten la ciencia básica en salud pública y en esperanza para una parte cada vez mayor de la población. En 2025 fue premiada Mary-Claire King, referente mundial en genética del cáncer hereditario y en la caracterización de los distintos subtipos a través de métodos moleculares. En 2024 lo fueron investigadores vinculados al desarrollo de tratamientos para diabetes y obesidad (Svetlana Mojsov, Daniel J. Drucker, Jeffrey M. Friedman, Joel F. Habener y Jens Juul Holst); y en 2023 Jeffrey Gordon, Peter Greenberg y Bonnie L. Bassler fueron distinguidos por sus trabajos sobre la relación del microbioma humano con la nutrición y el metabolismo, con la comunicación bacteriana y con las nuevas estrategias frente a bacterias resistentes.
La microbiota intestinal representa precisamente esa convergencia entre ciencia de frontera y aplicación social. En ella se cruzan la genética, la nutrición, la inmunología, la epidemiología, la salud mental y la medicina personalizada. Gracias a la secuenciación masiva de ADN, ya no hablamos solo de «bacterias buenas» o «bacterias malas», sino de ecosistemas formados por redes complejas, dinámicas y sensibles al entorno: dieta, edad, medicamentos, antibióticos, estilo de vida, enfermedades previas y condiciones socioeconómicas. Comprender esas redes puede ayudarnos a prevenir enfermedades, mejorar tratamientos, diseñar intervenciones nutricionales más precisas y reducir el uso inadecuado de antibióticos. Un enfoque ecosistémico que, por cierto, puede ser trasladado a la política científica.
Para Asturias, este mensaje tiene una dimensión estratégica. Una comunidad con tradición sanitaria, capacidad universitaria, sector agroalimentario de calidad y creciente apuesta por la innovación puede encontrar en el estudio de la microbiota un terreno fértil para conectar investigación, prevención y desarrollo económico. La alimentación, la salud digestiva, el envejecimiento saludable, la biotecnología y la medicina personalizada no son compartimentos separados: forman parte de una misma agenda de futuro. La ciencia premiada en Oviedo nos recuerda que la salud del siglo XXI se construirá tanto en los hospitales como en los laboratorios, las universidades, las empresas innovadoras y las políticas públicas.
La secuenciación de ADN de nueva generación también ha demostrado su valor en situaciones de emergencia. Durante la pandemia, permitió identificar con rapidez el SARS-CoV-2 y vigilar la aparición de variantes, facilitando respuestas sanitarias más ágiles. Esa misma lógica puede aplicarse al seguimiento de brotes infecciosos tan de actualidad estos días, la identificación de resistencias antimicrobianas o la caracterización de alteraciones del microbioma asociadas a determinadas enfermedades. La capacidad de leer ADN a gran escala —y de forma barata— se ha convertido, por tanto, en una herramienta de soberanía científica y sanitaria.
El reto de nuestro tiempo es traducir conocimiento en bienestar. No se trata de convertir el estudio y caracterización de la microbiota humana en una moda, ni de prometer soluciones simples para enfermedades complejas. Al contrario: se trata de impulsar una investigación rigurosa, apoyada en datos de calidad, hipótesis valientes, ensayos clínicos sólidos y colaboración interdisciplinar. El estudio de la microbiota intestinal abre posibilidades enormes, pero exige prudencia, regulación, ética y equidad. La medicina personalizada solo será verdaderamente transformadora si llega a todos, si refuerza los sistemas públicos de salud y si evita nuevas brechas entre quienes pueden acceder a las innovaciones más recientes y quienes, desgraciadamente, quedan al margen.
Los galardonados con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026 nos enseñan que una herramienta científica, o una nueva tecnología, puede cambiar el mundo cuando permite formular preguntas e hipótesis nuevas. Leer el ADN de forma masiva, con rapidez y precisión, nos ha permitido conocer mejor nuestro origen, diagnosticar enfermedades, detectar patógenos y explorar ese universo interior que es la microbiota intestinal. Desde el Principado de Asturias, sede de estos premios, debemos reivindicar una ciencia que no se encierra en sí misma, sino que ilumina decisiones públicas, mejora vidas y abre oportunidades para las generaciones futuras. Esa es la grandeza de estos Premios: reconocer a quienes ensanchan los límites del conocimiento y, al hacerlo, ensanchan también las posibilidades de nuestra sociedad.