La Voz de Asturias

Zapatero en la picota, Víctor Aldama paladín de la lucha contra la corrupción

Opinión

Francisco Carantoña
Imagen de Zapatero en un debate sobre el Estado de la nación en el 2011.

27 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

España tiene una querencia histórica hacia el esperpento, que se combina de forma natural con la tragedia. El pasado sábado, decenas de miles de personas se reunieron en Madrid para pedir la dimisión del gobierno. Los medios destacaron la presencia de personalidades como Marcos de Quinto, Juan Carlos Girauta, Alvise Pérez, Esperanza Aguirre o ¡Víctor de Aldama! Junto a ellos, un retrato de Francisco Franco Bahamonde y banderas de los tercios de Flandes. El primero, sedicente liberal, declaró que el único cargo que deseaba era el de director de RTVE, para poder cerrarla; supongo que los trabajadores que viesen el reportaje se alegrarían ¡menos mal que no quiere ser ministro de Trabajo! Alvise Pérez es un verdadero modelo de honestidad y un demócrata de pies a cabeza, como es bien conocido. La criadora de ranas no ha sido procesada, pero ha demostrado una gran pericia para encontrar colaboradores entre lo más granado de los corruptos. Sobre el caudillo de España por la gracia de Dios y las huestes del duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, no el actual, solo cabe preguntarse si son el futuro de nuestro país. La guinda del pastel la ponía el comisionista y presunto defraudador.

Víctor de Aldama iba acompañado por otro intelectual de las nuevas derechas, Daniel Esteve, líder de Desokupa, que mostró su carácter netamente liberal en varios incidentes con periodistas. El señor Aldama está acusado de un enorme fraude en la venta de hidrocarburos y procesado, junto a Koldo García y José Luis Ábalos, por vender mascarillas con notable sobreprecio durante la pandemia. De buscar retratarse junto a Pedro Sánchez, ha pasado a denigrar al PSOE, lo que, junto a su innegable experiencia en asuntos de corrupción, lo ha convertido en un verdadero oráculo para los regeneradores mediáticos y políticos de la corrompida España socialista. Por España dijo que se manifestaba, que la gente está cansada de tanto malandrín.

Cuando lo permitieron los abnegados patriotas que pugnaban por hacerse selfis con el que bien podría ser denominado brazo incorrupto de la corrupción, lo entrevistó sin dificultades el muy liberal medio del señor Jiménez Losantos, periodista que, en un mesurado artículo, definiría el domingo a Rodríguez Zapatero como satánico, y a sus hijas como poseídas, y lo acusaría de querer destruir la católica España. Por añadir otro dato, la nueva estrella columnística de ABC, que saltó a la fama por misógino, alertaba también ese día de que Pedro Sánchez va “a plantear un plebiscito por la república, porque es la única forma en la que puede reanimar a su electorado, sobrevivir al zarpazo judicial y estimular el clítoris de los nacionalismos con los que se acuesta”. En la manifestación sabatina tuvo gran protagonismo Vox, allí estaba el señor Abascal, pero el PP, como acostumbra cuando la extrema derecha amenaza con retratarlo, la apoyó con la boca pequeña y, por no enviar, no mandó ni a la señora Díaz Ayuso.

Hasta aquí el esperpento. Lo que bordea la tragedia es que la ciudadanía de este país vuelva a tener que elegir entre los que bostezan y los que pueden helarle el corazón. Lo hiela la perspectiva de ver a Vox en el gobierno, especialmente cuando el PP ha mostrado tanta debilidad ante sus iniciativas, o afinidad con ellas, lo que sería mucho peor. Independientemente de sus convicciones, cualquiera que viva en una democracia sabe que los gobiernos se desgastan y que es inevitable, incluso saludable, la alternancia. El problema no es que gobierne un partido cuya gestión disguste, sino que su política viole los principios democráticos, la libertad y la tolerancia y pueda poner en cuestión la convivencia o incluso el propio sistema. No es excesivo considerar a la extrema derecha una amenaza, la manifestación del sábado volvió a demostrarlo. Los gritos insultantes todavía pueden escucharse en Internet, también verse las pancartas contra el “régimen del 78”. Un eslogan hace tiempo abandonado por la mayoría de las izquierdas, que acabaron descubriendo que la Constitución, por muchos defectos que tenga, es la mejor garantía para las libertades, y del que se ha apropiado la ultraderecha que quiere acabar con ellas.

Quienes bostezan, o han caído en un profundo sueño que las aleja de la realidad, son las izquierdas. Hay más conciencia crítica a la izquierda del PSOE que en ese partido, aunque no todos los actores muestren suficiente realismo. Una unión de izquierdas nacionalistas y regionalistas podría conseguir un apoyo cercano al 10%, o algo superior, en media docena de comunidades autónomas, pero podría perderlo en el resto. Por otra parte, lo más probable es que los soberanistas sean más reacios a entrar en una coalición española precisamente donde tienen más fuerza. El engarce con la izquierda no nacionalista de IU, Sumar, Más Madrid y Podemos es difícil. Además, no siempre la acumulación de siglas logra más votos. En Andalucía, la suma de los de Adelante y Por Andalucía se acercó al 16%, superó a Vox y quizá lo hubiese hecho también en escaños, lo que habría tenido un importante carácter simbólico, pero no es seguro que una candidatura conjunta hubiese conseguido los mismos sufragios.

Al menos, las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE son conscientes de que están en crisis, de que han perdido apoyo electoral y capacidad de movilización, lo que sorprende es que los socialistas continúen con la ensoñación de que, después de perder todas las elecciones desde hace años y cada vez con menos votos, pueden ganar las próximas generales sin cambiar absolutamente nada.

La investigación judicial abierta contra Zapatero ha eclipsado la estrepitosa derrota electoral del PSOE en Andalucía, pero no le ha quitado importancia. María Jesús Montero, exvicepresidenta del gobierno y mano derecha de Pedro Sánchez, que fue quien la convirtió en candidata, obtuvo el 22,71% de los votos ¡Menos que el señor Gallardo en las de Extremadura! El denostado Miguel Ángel Gallardo, el peor candidato posible, había conseguido el 25,72%. Andalucía y Extremadura fueron hasta hace pocos años bastiones socialistas. España es el único país del mundo en el que acumular derrotas en elecciones municipales y regionales no perturba a la dirección del partido.

“Los hechos son tozudos”. Es una de las frases más citadas de Lenin, aunque resulte una obviedad que no necesitaría fuente de autoridad. Pedro Sánchez y el PSOE ya habían visto como poseer el gobierno entre 2019 y 2023 no había impedido que perdiesen las elecciones de ese último año. El PSOE subió en porcentaje de voto y logró un diputado más que en las anteriores, pero, con 121, quedó muy lejos de los 137 del PP. No hubo reflexión seria sobre la derrota en las autonómicas y municipales previas, tampoco sobre el práctico estancamiento en las generales, que supo dulce porque se esperaba una derrota mayor y PP y Vox no habían logrado mayoría absoluta. La consecuencia fue un pacto de investidura con Junts a cambio de una amnistía que Pedro Sánchez había afirmado hasta la víspera que nunca concedería. Lo que vino después es bien conocido, una legislatura muy pobre en resultados, en la que fue imposible incluso aprobar unos presupuestos generales del Estado, pérdida constante de popularidad y estallido de casos de corrupción.

Escribí en el mes de junio de 2025 en este periódico, tras la ampliación del caso Ábalos a Santos Cerdán, que Pedro Sánchez debía preparar su sucesión y anunciar elecciones para el otoño. No fui el único que propuso cosas parecidas desde la izquierda. No se trataba de precipitar una rendición, menos todavía de adelantar la llegada al gobierno de PP y de Vox, sino de afrontar las próximas elecciones en la mejor situación posible. Hoy, tras la apertura de la investigación judicial al expresidente Zapatero, una victoria parece inalcanzable, pero un nuevo liderazgo, una dirección renovada y un programa atractivo podrían limitar la derrota y preparar al PSOE para afrontar mejor las municipales y autonómicas, que deberían celebrarse después de las generales, y recuperar la mayoría en un futuro no lejano.

Es comprensible que Pedro Sánchez se resista a una retirada que sus implacables enemigos celebrarían como una victoria. Por muy criticables que pudiesen ser algunas de sus decisiones, la agresividad de la oposición y de sus medios afines ha superado todos los límites; han utilizado los insultos más soeces, la exageración y la mentira, y lo que se ha hecho con Begoña Gómez es una infamia. El informe de la UCO lo ha corroborado el lunes, aunque haya sido leído con gafas deformantes desde la derecha. Si algo han demostrado estos años es que la política puede ser terriblemente cruel y desagradable en el ámbito personal. Ahora bien, los hechos son tozudos y prolongar la agonía de una legislatura no solo moribunda sino pestilente no puede traer nada bueno. El triunfo de una moción de censura que lleve al poder a Núñez Feijoo con el compromiso de convocar elecciones en el plazo más corto posible no es inverosímil. Al PP le bastaría con conseguir los votos del PNV y/o de Junts, Vox ya señaló que lo aceptaría. Supondría para Pedro Sánchez una salida menos digna que el adelanto electoral.

Es aconsejable la prudencia sobre la investigación judicial que afecta a Zapatero, pero el daño que hace al PSOE y a todas las izquierdas es indudable. Una vez más, España se ha dividido en dos: los que sentencian sin procesamiento ni juicio al expresidente y los que condenan al juez. Revolotean las teorías conspirativas más extravagantes, sin que hechos o fechas aparenten tener relevancia alguna. Un sector de la izquierda opinadora parece haberse apropiado de los métodos que censuraba en sus rivales. Lo único razonable ahora es tener cierta paciencia y bastante prudencia. Se han creado muchas expectativas sobre la declaración del expresidente ante el juez el día 2 de junio, aunque lo previsible es que no cambie mucho las cosas. La instrucción será larga, la experiencia de otros casos de corrupción en manos de la Audiencia Nacional así lo indica. Sea procesado o no, sea condenado o absuelto, la mancha de haber mezclado la labor de mediador político y humanitario con los negocios y de mostrar afinidad con regímenes dictatoriales y corruptos que no respetan los derechos humanos será difícil de borrar.

Una de las debilidades de la socialdemocracia es la relación de muchos de sus exdirigentes o antiguos cargos públicos con actividades y sectores sociales completamente ajenos a sus votantes. Aquí no sirve la comparación con las derechas. Una persona de izquierdas puede lograr una posición acomodada con su trabajo, criticar eso forma parte de la hipocresía reaccionaria, pero es más dudoso que pueda pertenecer a un consejo de administración que mantiene a los trabajadores de la empresa con salarios bajos mientras multiplica los de los directivos, o que los despide porque han disminuido los beneficios. Las puertas giratorias hacen mucho daño a partidos cuya existencia se justifica por la defensa de los intereses de las clases populares. La corrupción es transversal y como tal hay que combatirla, pero lo que no se puede es estar a la vez al lado de los trabajadores y de los capitalistas. Una cosa es colaborar con los empresarios para que se cree empleo y riqueza y otra unirse a ellos.


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