La Voz de Asturias

Asturias se apaga: crónica de una decadencia planificada

Opinión

Cándido González Carnero

28 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Asturias no está en crisis. Asturias está en caída libre. Y lo más doloroso no es únicam«»ente el desplome económico o demográfico, sino la sensación creciente de que todo esto ocurre ante la indiferencia institucional, como si nuestra tierra fuese un territorio amortizado, un lugar al que se le permite morir lentamente sin que nadie tenga que rendir cuentas.

Los datos son escalofriantes y no dejan lugar a interpretaciones interesadas. Según publicaba La Voz de Asturias el pasado 11 de mayo, la región perderá más de 12.000 alumnos en los próximos diez años. Doce mil. No se trata solo de aulas vacías: se trata de una Asturias sin futuro, sin relevo generacional, sin jóvenes que sostengan lo que queda del tejido social y productivo. Se trata, en definitiva, de una Asturias que envejece, se empobrece y se desangra.

Pero el drama no termina ahí. Porque mientras se vacían los colegios, también se vacían los talleres, los comercios y los centros de trabajo. Desde 2020 han desaparecido 1.743 negocios vinculados al comercio autónomo. Un cierre al día. Una persiana bajada cada 24 horas. Y cada persiana bajada no es solo un negocio menos: es una familia que se arruina, una calle que pierde vida, un barrio que se apaga.

Y aún así, se sigue vendiendo el discurso de la «recuperación», del «crecimiento», de la «Asturias verde y sostenible», como si las palabras pudieran sustituir a los empleos.

El desmantelamiento de la Asturias productiva

Durante décadas Asturias fue un motor industrial. No una región subsidiada ni dependiente, sino una tierra que generaba riqueza con trabajo duro y sacrificio. Minería, metal, naval, industria auxiliar, energía, ganadería, pesca, construcción… Asturias era un ejemplo de cultura obrera, de capacidad técnica y de orgullo colectivo.

Hoy, casi todo eso ha sido liquidado.

La minería se cerró sin alternativa real. El sector naval se hundió. El metal sobrevive como puede, con subcontratación, precariedad y pérdida de músculo industrial. El textil desapareció. La construcción está bajo mínimos. La ganadería se enfrenta a un abandono estructural. La pesca y la marina mercante, que deberían ser estratégicas en una región marítima, están relegadas a la decadencia. Y el sector portuario, con todo su potencial, no logra convertirse en el motor que podría ser.

¿Dónde está el plan? ¿Dónde está la estrategia? ¿Dónde está la inversión productiva real?

No la propaganda. No los anuncios vacíos. No los titulares de proyectos que jamás llegan a consolidarse.

Gobernantes sin proyecto, sindicatos sin fuerza y ciudadanos sin respuestas

La situación no es fruto del azar. No es mala suerte. Asturias no está así porque sí.

Asturias está así por una combinación letal de incompetencia política, sumisión al centralismo y una falta absoluta de valentía para defender esta tierra.

Los gobiernos autonómicos han gestionado la decadencia en lugar de combatirla. Han actuado como administradores de la ruina, no como defensores del interés regional. Y el Gobierno central, por su parte, ha tratado Asturias como un territorio de sacrificio: útil para producir energía y asumir costes, pero prescindible cuando toca invertir, modernizar y garantizar futuro.

Mientras tanto, muchos sindicatos —con honrosas excepciones— han perdido capacidad de presión real. Demasiadas veces han actuado más como estructuras burocráticas que como herramientas de lucha. Y en ese vacío, los trabajadores quedan desprotegidos y las empresas se permiten abusos intolerables.

Los ejemplos recientes son una vergüenza nacional. Mina Miura, con trabajadores sin cobrar durante 12 meses. Cerredo, con cinco muertos en condiciones presuntamente ilegales y un silencio administrativo que resulta insultante. Asturias vuelve a enterrar a trabajadores como si estuviéramos en el siglo pasado, mientras los responsables se esconden y las instituciones miran hacia otro lado.

No hablamos solo de economía: hablamos de dignidad.

El deterioro de los servicios públicos: el golpe final

Como si la pérdida industrial y demográfica no bastara, Asturias también sufre un deterioro cada vez más evidente de sus servicios públicos esenciales. Sanidad colapsada, listas de espera interminables, falta de personal, consultorios sin recursos. Educación amenazada por recortes encubiertos, privatizaciones y cierres. Vivienda inaccesible para los jóvenes incluso en una región envejecida. Transporte deficiente. Conectividad insuficiente. Falta de oportunidades.

¿Y qué ocurre cuando no hay empleo, no hay vivienda, no hay servicios y no hay futuro?

Ocurre lo que está ocurriendo: la juventud se marcha.

Asturias expulsa a sus hijos. Y una tierra que expulsa a sus jóvenes es una tierra condenada.

La gran pregunta: ¿a quién le interesa una Asturias débil?

Esta es la pregunta que nadie quiere formular.

¿A quién le interesa que Asturias no tenga industria fuerte?

¿A quién le interesa que Asturias no retenga población?

¿A quién le interesa que Asturias envejezca y dependa de subsidios?

¿A quién le interesa que Asturias no compita?

Porque lo que se vive aquí se parece demasiado a un proceso de desmantelamiento silencioso. Una especie de resignación programada. Una Asturias convertida en postal turística, en residencia de jubilados, en territorio sin peso político, sin capacidad económica, sin fuerza social.

Una Asturias decorativa.

Y Asturias no es eso.

Propuestas para frenar el colapso

No basta con lamentarse. Hay que hablar claro y proponer medidas que puedan devolverle el pulso a esta tierra. Algunas líneas fundamentales serían:

1. Reindustrialización real, no propaganda

Asturias necesita industria moderna, sí, pero también necesita defender la que aún queda. No podemos sustituir empleos industriales estables por trabajos precarios de temporada. La transición energética no puede ser una excusa para destruir empleo: debe ser una oportunidad para crear miles de puestos bien pagados.

2. Energía barata para atraer inversión

Asturias produce energía. Asturias paga costes ambientales e históricos. Asturias no puede tener tarifas industriales que ahuyenten empresas mientras otros territorios reciben incentivos.

3. Plan de retorno juvenil y natalidad con medidas serias

Vivienda accesible, ayudas reales a la conciliación, empleo digno. No propaganda institucional. Los jóvenes no se van por capricho: se van porque no pueden quedarse.

4. Protección al comercio local y al autónomo

Si cada día cierra un negocio, cada día muere una parte de Asturias. Hay que aliviar impuestos, facilitar alquileres, frenar la competencia desigual de grandes plataformas y revitalizar los pueblos y barrios.

5. Infraestructuras y conexión real con Europa

Asturias no puede ser una región periférica dentro de otra periferia. Necesitamos trenes eficientes, mercancías competitivas, puertos estratégicos y comunicaciones dignas.

6. Tolerancia cero con la precariedad y los abusos laborales

Lo de Miura, lo de Cerredo y tantos otros casos no pueden repetirse. Quien explota o incumple debe ser perseguido. Y quien mira hacia otro lado debe dimitir.

Un llamada de atencion a la ciudadanía: o reaccionamos o desaparecemos

Asturias fue siempre tierra de lucha. Tierra de carácter. Tierra de resistencia. Tierra de gente que se levantaba cuando todo parecía perdido.

Y sin embargo hoy estamos adormecidos. Cansados. Resignados. Como si nos hubieran convencido de que la decadencia es inevitable.

No lo es.

Pero para cambiar esto hay que despertar. Hay que exigir. Hay que organizarse. Hay que señalar responsables. Hay que reclamar inversiones, empleo y respeto. Hay que hacer política desde abajo si desde arriba solo se reparte olvido.

A la gente joven hay que decirle una verdad dolorosa: si Asturias pierde a su juventud, lo pierde todo. Y por eso la juventud no puede ser únicamente víctima: tiene que ser motor, conciencia y fuerza social. No se trata solo de quedarse o marcharse. Se trata de defender el derecho a vivir aquí con dignidad.

Porque Asturias no puede convertirse en un museo de sí misma.

Asturias merece más

Esta tierra no merece ser tratada como un territorio secundario. No merece que su historia industrial sea enterrada sin alternativas. No merece que se juegue con la vida de los trabajadores. No merece que sus jóvenes emigren por obligación. No merece que se vacíen los pueblos, que se cierren comercios, que se hundan sectores enteros.

Asturias merece futuro. Y el futuro no llega solo: se conquista.

Nuestros abuelos levantaron esta tierra con carbón, acero, mar y esfuerzo. Nuestros padres lucharon por derechos que hoy se están perdiendo. Y ahora nos toca a nosotros decidir si Asturias será una región viva o un recuerdo melancólico.

Ya no vale callar.

Asturias no necesita más discursos.

Necesita decisiones.

Necesita valentía.

Necesita unidad.

Necesita rebelarse contra el abandono.

Porque cuando una región se apaga, no se apaga de golpe. Se apaga en silencio. Persiana a persiana. Aula a aula. Emigrante a emigrante. Y un día, cuando queremos reaccionar, ya es demasiado tarde.

Aún estamos a tiempo.

Pero el tiempo se acaba.


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