La Voz de Asturias

Viento a favor para la Formación Profesional en Asturias

Opinión

Ángel Balea . DIRECTOR GENERAL DE FP DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS
Ángel Balea. Director general de FP del Principado de Asturias

31 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

La Formación Profesional (FP) asturiana vive un tiempo de consolidación y, sobre todo, de oportunidad. La FP no es solo una etapa educativa, es un sistema de cualificación y recualificación que acompaña a las personas a lo largo de su vida y que, al mismo tiempo, refuerza la competitividad de nuestro tejido productivo. En esa doble mirada la que explica su papel creciente como motor de transformación social, territorial y tecnológica. 

La implantación plena de su nuevo marco normativo ha acelerado esta evolución. La FP se concibe hoy como un sistema integrado, con itinerarios flexibles y acumulables, capaz de reconocer aprendizajes formales y no formales, y de abrir puertas a quienes buscan una primera cualificación y a quienes necesitan actualizarse o reorientarse. Asturias no solo ha asumido ese rumbo: lo ha convertido en una línea estratégica sostenida, con una red estable y una planificación anual de la oferta que persigue el equilibrio entre necesidades comarcales, demanda social y demanda de perfiles profesionales. 

Hablar de las bondades de la FP asturiana es describir una realidad sostenida con más de 17.000 personas matriculadas en sus diferentes niveles y modalidades en los últimos cursos. Detrás de esta cifra hay una estructura territorial que es, por sí misma, una política de igualdad. La red sostenida con fondos públicos que imparte FP en Asturias está formada por 65 centros: 56 públicos (48 institutos y 8 centros integrados) y 9 privados?concertados. Su capilaridad permite que la FP llegue a todo el territorio, y lo hace con una riquísima amplitud de oferta: 23 familias profesionales y 122 ofertas diferentes —11 ciclos de grado básico, 36 de grado medio, 65 de grado superior y 10 cursos de especialización—, con modalidades presencial, semipresencial y virtual. La FP asturiana combina, por tanto, alcance territorial y diversidad de itinerarios, dos requisitos imprescindibles para atender a realidades personales y profesionales cada vez más heterogéneas. 

La generalización del modelo dual, con alternancia centro-empresa, se ha blandido como estandarte de la nueva FP, y no sin razón. La dualidad se traduce en corresponsabilidad formativa y un mejor ajuste entre lo que se aprende y lo que la economía necesita. Pero sería un error reducir la reforma a la fase en la empresa. La nueva FP ha introducido un currículo más contemporáneo, con módulos que refuerzan competencias transversales decisivas: inglés profesional, digitalización o sostenibilidad aplicadas a los sectores productivos, proyecto intermodular e itinerario personal para la empleabilidad. La nueva FP apuesta por formar profesionales capaces, sin duda, pero también personas capaces de trabajar en equipo, de comunicarse, de adaptarse al cambio permanente y aprender de manera continua.

El curso que ahora finaliza supuso la implantación de cinco nuevas titulaciones y la creación de nuevas unidades en diversos centros. Dentro de la dinámica anual de revisión, el curso 2026/2027 también añadirá nueva oferta a nuestra FP, manteniéndola atenta y conectada con el mercado laboral real. 

Entre los rasgos distintivos de la FP asturiana, destaca el papel de nuestros ocho Centros Integrados de Formación Profesional (CIFP), que actúan como nodos vertebradores y tractores del sistema. Su valor no se sostiene únicamente en sus instalaciones, también se fundamenta en su capacidad de integrar en un mismo espacio y con coherencia las distintas versiones, modalidades, opciones y niveles de la FP. En ellos conviven la cualificación de población joven y la recualificación de personas trabajadoras o desempleadas, y son el espejo en el que se miran los Institutos de Educación Secundaria con oferta de FP para seguir su estela lanzando ofertas modulares, impulsando la innovación metodológica y la conexión con empresas, mejorando la orientación profesional y las oportunidades de internacionalización. En definitiva, son tractores del conjunto de la FP: empujan estándares, comparten buenas prácticas y elevan el nivel del sistema en su conjunto. 

La FP solo alcanza todo su potencial cuando se construye en alianza. En Asturias existe una trayectoria de colaboración con el tejido productivo que hoy se refuerza con instrumentos estables y con iniciativas compartidas. El nuevo modelo dual exige más participación de las empresas, pero también ofrece más acompañamiento: formación y asesoramiento en la acción tutorial, diálogo con sectores y un marco de cooperación que busca beneficios mutuos. 

En este ecosistema de colaboración destacan actores clave como FADE, AEFAS, las Cámaras de Comercio, fundaciones y asociaciones vinculadas a centros educativos. La cooperación se concreta en acciones de orientación, encuentros sectoriales y proyectos que conectan oferta formativa, empleo y vocaciones. Un ejemplo puesto en marcha en 2025, y que tendrá su continuidad en 2026, fue Talentia, feria de formación y orientación profesional de Asturias en colaboración con FADE, que reunió a decenas de entidades mostrando la realidad empresarial y profesional a miles de estudiantes. Estos espacios crean cultura compartida: acercan empresas a centros, centros a empresas y, sobre todo, alumnado a proyectos vitales que combinan talento, expectativas y oportunidades. En una región que apuesta por la industria, la digitalización, la economía verde y la innovación, esta colaboración no es una opción, es una condición de éxito para nuestra FP. 

Modernizar la FP implica modernizar también la formación del profesorado. Por eso, la puesta en marcha del Centro de Innovación y Formación del Profesorado de Formación Profesional del Principado de Asturias (ENIF) ha representado en este curso 2025/2026 un paso decisivo. El CENIF arranca con vocación de ser referente regional para la actualización docente, la innovación educativa y la conexión con los sectores estratégicos del territorio. El objetivo es claro: que el profesorado esté preparado para anticiparse a los cambios del sistema productivo y para trasladar al aula metodologías y tecnologías propias de una FP moderna, inclusiva y competitiva. Dentro de esta modernización, una de las tareas será la integración de la Inteligencia Artificial (IA), que ya está transformando profesiones, procesos y modelos de negocio. La FP debe responder con ambición y con responsabilidad: evitando tanto el fetichismo tecnológico como el miedo paralizante. El enfoque correcto es poner la IA al servicio del aprendizaje y del trabajo bien hecho, como herramienta para mejorar productividad, calidad y seguridad, sin perder de vista la ética, el sentido crítico y la protección de datos. 

Esto exige dos movimientos simultáneos. El primero, incorporar competencias digitales avanzadas y transversales en todas las familias profesionales, adaptadas a cada sector. El segundo, fortalecer la formación en verificación de fuentes, sesgos, interpretación de resultados algorítmicos y uso responsable de herramientas generativas. La IA puede ser aliada para personalizar el aprendizaje, desburocratizar procesos y mejorar la atención a la diversidad, siempre que exista criterio profesional y pedagogía. 

Una FP contemporánea necesita raíces en el territorio al que ha de servir como herramienta útil, sí, pero también debe abrir ventanas con vistas a horizontes más amplios y diversos. La participación en programas de movilidad como Erasmus+ aporta al alumnado y al profesorado de FP experiencias formativas y profesionales que elevan sus competencias, sus desempeños en otros idiomas, mejoran su empleabilidad y fomentan una mirada positiva hacia otros territorios y países. En un mercado laboral cada vez más interconectado, la internacionalización no es un lujo, es una inversión en capital humano, y la FP asturiana cuenta con un buen número de centros que apuestan por ofrecer esta posibilidad a sus estudiantes y profesorado.  

A la movilidad internacional se suman otros elementos, muy presentes y en meteórico ascenso en nuestra FP, y que tradicionalmente se asociaban al ámbito exclusivamente universitario: el impulso y la participación en proyectos de innovación, la participación en campeonatos de destrezas profesionales (Skills), o la pertenencia a redes que promueven excelencia, metodologías punteras y transferencia de conocimiento. Todo ello está presente en nuestra FP, reforzando su prestigio social y su papel como vía de formación exigente y de alta empleabilidad. Y conviene recordar un aspecto esencial que a veces se da por supuesto: la FP pública en Asturias ha sido y sigue siendo una vía accesible, con matrícula gratuita, incluso en los cursos de especialización —los llamados ‘másteres de FP’—, de modo que el factor económico no se convierta en una barrera de entrada. Esta accesibilidad multiplica el retorno social de cada plaza: transforma inversión pública en empleo, en productividad, en cohesión territorial y en proyectos de vida. Y lo hace, además, conectando formación con necesidades reales del mercado y con itinerarios flexibles: se puede entrar, salir, reengancharse o especializarse. Una FP moderna es, en definitiva, un ascensor social y profesional.

A día de hoy, el consenso de expertos y analistas es absoluto: la mayor necesidad de relevo generacional en el tejido productivo se centra en los niveles de cualificación que ofrece la FP. El viento es favorable, pero no basta con eso. Centros, empresas y los distintos niveles de la administración debemos abrazar el reto no solo de tener la mejor FP, sino de perfeccionarla cada curso. Si conseguimos eso, la FP se consolidará como lo que ya es en Asturias: una herramienta de progreso para las personas y un motor de competitividad responsable para la región. 


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