La Voz de Asturias

Sea merecido o injusto

Opinión

Diego Valiño
Bad Bunny, en un momento del concierto

05 Jun 2026. Actualizado a las 05:00 h.

El 12 de mayo de 2018 asistí a un concierto en el Teatro de Pumarín de Oviedo/Uviéu (hoy renombrado como José Antonio Lobato) en el que actuaba una argentina que no conocía de nada. Aunque el aforo no se llenó (el recinto dispone de 226 butacas) asistieron al evento un nutrido grupo de adolescentes que se sabían al dedillo todas las canciones, y más concretamente una que se llamaba «La Sandunguera». Años después, Nathy Peluso despuntó tanto que hoy es una de las artistas más codiciadas en la escena musical mundial (premiada incluso con célebres galardones como los Latin Grammy). Obviamente ahora ya no acude a instalaciones pequeñas y, aún así, es tal la demanda que hay por verla que debe repetir los bolos en un mismo lugar varios días seguidos. Más suerte ha tenido Bad Bunny que, en muy poco periodo de tiempo, ha conseguido revolucionar la música en todos los sentidos y convertirse en todo un héroe de masas. Como se suele decir, «para gustos están los colores», y es algo que sabemos muy bien quienes hemos tenido en algún momento de nuestra vida la oportunidad de organizar (desde la perspectiva política) unas fiestas como las de San Mateo, en las que la ciudadanía te pide una variedad que, a veces, es muy complicado de conseguir.

Algunos fenómenos han venido para quedarse (el reggaetón sigue cosechando adeptos) y otros serán más o menos pasajeros, pero todos ellos debemos atenderlos con la atención que requieren. Sea merecido o injusto que se ponga de moda un determinado estilo musical no lo podemos valorar por nuestros gustos personales, sino que debemos aceptar su importancia por el número de seguidores, la facturación que generan y la cantidad de noticias que se derivan de ellos. Cierto es que no todo lo que rodea a estos cantantes es siempre positivo. La última polémica es «la casita», una recreación de una humilde vivienda pequeña de Puerto Rico que forma parte del escenario en el que actúa Bad Bunny y en el que se invita a gente poderosa, además de un grupo de mujeres seleccionadas por ojeadores que consideran que por su buen ver merecen estar ahí. Ha sido bastante criticado en artículos de opinión, en tertulias y en programas de televisión, sobre todo por la contradicción entre su actuación en la final de la Super Bowl donde envió numerosos guiños a su humilde origen para luego hacer una gira donde hay un espacio preferente a la exclusividad, o lo que es lo mismo, a marcar distancia entre las diferentes clases sociales.

Por una parte se podría decir que todo forma parte de lo que dicta el mercado (al igual que pasa con la especulación en la vivienda que cierra la puerta a miles de proyectos de vida), pero por otra hay una tendencia a que si seguimos segregando nuestras diferencias, continuaremos por aceptar un mundo más desigual. A mí me da lástima que quienes más posturean y exhiben su poder económico sean quienes hasta hace relativamente poco tiempo no vivían los lujos que tienen hoy a su alcance, aunque desconozco si ese modo de actuar corresponde más a una decisión personal o a las exigencias del guion que le marcan sus productoras, patrocinadores y demás ámbitos con los que están atados contractualmente. En cualquier caso, siempre será más razonable ser uno mismo y actuar acorde a tus ideas y pensamientos. 

Sea merecido o injusto, hay gente con suerte y otra que está más que gafada. Sin duda alguna el que debe estar tirándose de los pelos es Kylian Mbappé, porque fue marcharse hace dos años del PSG con la pretensión de ganar la liga de campeones con el Real Madrid y, lejos de conseguirlo con el club blanco, paradójicamente ha sido su anterior equipo el que lo ha logrado. En el extremo contrario podríamos hablar de Pedro Sánchez, que ha vuelto a sobrepasar otra marca, concretamente la de cumplir ocho años en La Moncloa. Si bien es cierto que hay motivos para aplaudir la gestión al frente del Gobierno (los datos económicos siguen siendo muy favorables, y esta semana hemos visto que el paro descendió a niveles de 2007 y los ocupados hemos superado, por primera vez, los 22,3 millones de personas), lamentablemente el ambiente que se vive últimamente en Ferraz es muy preocupante (tanto por los malos resultados en las últimas cuatro elecciones autonómicas [que han terminado por sellar pactos entre PP y Vox, con la impresentable prioridad nacional como principal punto programático] como ante todos los casos judiciales que, aunque no haya ninguna prueba que señale directamente al partido [que está colaborando plenamente en el esclarecimiento de los hechos denunciados por las investigaciones] ni al propio Pedro Sánchez, sí que está minando poco a poco la confianza de la ciudadanía, y más particularmente la de las y los votantes y militantes). Imagino que con la visita del Papa a España habrá un breve paréntesis a esta avalancha de informaciones que perjudican y lesionan la reputación del PSOE, pero estoy seguro de que se retomará esta sucesión de malas noticias en tertulias, columnas de opinión, informativos y demás espacios mediáticos.


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