La Voz de Asturias

Orlando Sanz, el periodista que no se escondió

Opinión

Ángel Falcón
Orlando Sanz, segundo por la izquierda, en un homenaje de la Asociación de la Prensa de Oviedo

22 Jun 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Se nos ha ido Orlando Sanz a los 92 años y con él nos abandona un testigo fidedigno de las mutaciones de Oviedo y Asturias en la segunda mitad del siglo XX. Ejerció la profesión con constancia y talento, dos virtudes que acompasadas elevan a otra categoría a este modesto oficio: ése era su caso. Yo lo conocí en 1990, cuando su columna diaria en La Voz de Asturias era un macizo en el valle. En una redacción rabiosamente joven, Orlando era el contrapunto: un veterano cronista que se había curtido en el tardofranquismo y la transición, que había dirigido el extinto El Correo y que cada día afilaba la punta de su máquina de escribir para reflejar en 700 palabras los latidos de Oviedo, su ciudad, a la que amaba hasta la médula. En ese “amor fou” no cabían medias tintas ni pasiones livianas. Esa fue una lección que Orlando nos legó: en el buen periodismo no es posible esconderse. Él dio ejemplo. Los artículos críticos con Gabino de Lorenzo, cuando el alcalde se creía inmortal, cuando ir a contracorriente suponía un estigma, fueron una cima en Asturias. Orlando no cejó de enfrentarse a diario, con el único escudo de una pluma, a un poder que no admitía manchas, aunque las hubiese, y muchas. Pese a las presiones recibidas, las mismas a las que el director de La Voz, Faustino F. Álvarez no se plegó, Orlando continuó su labor de martillo pilón. Se trataba de ser leal a uno mismo y a un concepto tan sobado (la honestidad intelectual) como vulnerado. Sé que todo este proceso le causó más de un disgusto, pero era su manera de entender la profesión.

Dice la leyenda que Gabino de Lorenzo se levantaba de la cama, en esos años sin freno, y lo primero que hacía en el día era leer el artículo de Orlando Sanz.

No se puede decir nada mejor de un periodista.


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