Errejones y Errejonas
Opinión
02 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Leo con una mezcla de sentimiento paternalista -sí, a veces se tienen estos sentimientos y no son siempre malos -, con pena añadida y sensación de camino de vuelta las últimas noticias sobre Íñigo Errejón y el culebrón que opino - le montaron a un chaval como tantos otros confundido por un tiempo de confusiones en el que los extremos se tocan. Con todos los respetos e incluso la admiración política que le profeso, Errejón me parece un caso de manual en el que todos pudimos caer alguna vez; la historia del buen chaval, estudiante brillante, con vocación y habilidades políticas, pero sin las destrezas sociales ni la picardía que todos deberíamos tener en algunas situaciones que la vida nos presenta y que es mejor evitar. En el lenguaje vulgar: Errejón nos resulta un «membrillo» perfecto, con deseos sexuales normalinos pero rodeado de un personal buscavidas de los que tanto abundan en esta época tan achuchada economicamente. Sobre todo en ese Madrid que ya nos resulta tan fernandino como chusco.
Podemos pensar que el político rodeado también de elitillas sociales enfarlopadas quería tener relaciones sexuales, cuestión que ahora puede complicarse al extremo para ciertos chicos llevados al extremo por ciertas chicas con más deseo de de notoriedad social que del otro deseo; el sexual. Un joven de menos de cuarenta años, en el momento de los hechos por los que fue acusado, que ganaba, según un mix de su cómputo salarial, entre los ocho mil y los diez míl euros mensuales no tenía ninguna necesidad de mendigar relaciones sexuales, en ascensores, habitaciones, esquinas y guateques para conseguir los favores sexuales de unas chicas de la farándula que ni siquiera nos parecen atractivas, elegantes o inteligentes como las que podría haber conseguido, lo mismo que otros las consiguen, con o sin la seducción del dinero. Hay que ser un indigente sexual con vocación o lo más problable un tímido sin muchos encantos testosterónicos y algo más que confundido con situaciones extra políticas. Lo siento, Errejón no da el perfil del violador ni tan siquiera del «pulpo» sexual de los de antes y que ahora lo llaman abusador y en algunos casos manipulador sexual. Cuántos membrilos como éste pagan y pagarán los platos rotos por los violadores, abusadores y violentos de verdad que se van de rositas judiciales o simplemente no son denunciados por unas pobres mujeres violadas, vejadas, aterrorizadas y en algunos, bastantes casos, víctimas del sindrome de la testosterona y del de Estocolmo también.
El caso Errejón tiene también su vertiente hija de estos tiempos de la ira desatada sobre todo por una ultraderecha fuera de control o al revés, totalmente contralada por el capitalismo desbocado que nos trae y por desgracia acompañado por el maximalismo suicida de posturas políticas también sobreactuadas por parte de una izquierda desunida, inoperante e irresoluta, en los límites de la realidad y alejada del sentido común. A esto habría que añadir un feminismo que la izquierda porta como gran bandera dirigido y apoyado por jóvenes y no tan jovenes ajenos y hostiles a críticas y sugerencias bienintencionadas que nos puede resultar sectáreo, pueril, desnortado, chillón además de ciego, sordo, a veces mudo y muy atento a los estropicios de casa que patentemente y en demasiadas ocasiones son magnificados por sus portavoces, sin soportes serios y sin capacidad intelectual para un análisis y una praxis que merezca la atención de espíritus serenos, lo cual a dia de hoy igual es mucho pedir para una política (y un mundo) crispada en la que el rebuzno es más escuchado y tiene más valor que el discurso razonado y razonable, una actualidad política que más bien se nos antoja un gran patio de colegio de alumnos de diversificación.
El camino maximalista de la izquierda (no me refiero al socialismo) nos resulta un brindis al sol y un asalto a los cielos imaginado y onírico, irreal. Necesitamos una izquierda, un progresismo verdadero que solucione nuestros problemas que son fundamentalmente económicos que derivan en el agravamiento de todos los demás, pero esta izquierda actual es absolutamente impotente para solucionar los desafíos que nos desestructuran como sociedad; la vivienda, el empleo digno, los servicios públicos. Todo se pierde en palabrerío superficial y antiguo, sin consistencia ni relación entre el discurso y la práctica. Sabemos que el capitalismo actual se las sabe todas y por supuesto detecta también que estamos divididos, desorientados, ignorantes, distraidos y acorbardados presos en sus trampas. El trabajo de la izquierda está en buscar caminos sólidos, pactos, ententes y mucho trabajo de zapador para hacer ver a las élites que no solo existe el corto plazo para sus gananacias y que sería más productivo para los plutócratas mejorar la vida de la gente, del planeta.
Respecto a la igualdad de género no creemos que consista en ventajismos machistas torpes y violentos, tampoco en feminismos maximalistas. La paridad, por poner un ejemplo, no consiste en cortar al niño por la mitad como exige la justicia salomónica que acaba en el descontento justificado o no, en la descompensación y en una marginación de ida y vuelta que puede y produce muchos agravios comparativos. La educación es clave -el móvil y la IA de momento actúan como agentes distorsionadores de la convivencia -. La justicia del mérito, sin mirar sexos y otros sesgos discriminantes, debe ser la guía. La igualdad viene de la justicia, de la empatía, del mérito reconocido, de la responsabilidad social y de la individual. Empecemos por ahí en la izquierda, sin discursos trampeados, afrontando quizás e mayor reto de la Historia y llegar a un nuevo trato social y económico que nos dure más de un siglo.
Volviendo a Errejón vemos, con cierta consternación que es hoy un hombre apestado, victima de sí mismo y de los planteamientos desenfocados, sectáreos y ciertamente pueriles que él mismo apoyó. Un político abandonado por sus compañeros y compañeras que como la mayoría de los políticos al uso no dudaron ni un segundo de su imputación, quizás para salvar el pellejo político y aparecer como sepulcros blanqueados. Nadie se acuerda ya de un Podemos anterior a sus terremotos que fue salvajemente atacado por todo el sistema económico, político y mediático, pero que ya llevaba consigo desde el principio el síndrome de su propia destrucción con unos profesores, al frente, ilusos pero trepadores, creídos de sí mismos y con cierta prepotencia que a algunos nos recordó a las purgas soviéticas y a la icónica desaparición de Trotsky de la foto del soviet supremo a mediados de la década de 1920.
A la derecha siempre espantada como una gallina les sobró casi toda su munición para destruir al enemigo, a aquellos diputados narcisistas que sentaban a sus alumnas más estimadas (y a sus parejas más o menos oficiales) a su vera parlamentaria sin sonrojarse, sin pensar que nos estaban haciendo un daño enorme a todos los que confiamos en ellos al principio ¡Menuda tropa! Ya casi extinta politicamente. Queda Errejón, un competidor menos para sus campañerxs, posiblemente el más brillante de ellxs. Igual sería bueno que alguien pidiera una rehabilitación.