«Homo Bellecius»
Opinión
08 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Nadie, en su sano juicio, se confiesa defensor de las guerras. Al contrario, todos nos declaramos a favor de la paz, de la armonía en las familias, de la buena vecindad en el pueblo o en el barrio, del entendimiento entre países; todos de acuerdo, pero hay quien así se manifiesta a diario, sin límites ni condiciones y hay quien lo hace con la boca pequeña, con sordina.
Aquí ocurre, como casi siempre, que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Para desgracia de todos, el mundo está plagado de conflictos armados, ocurre ahora y así ha sido desde siempre. Señalar como culpables a Netanyahu, a Putin o a Trump es quedarse en lo superficial. Es necesario hacerse un análisis introspectivo y calcular en qué medida somos partícipes, como individuos y como sociedad, de alimentar enfrentamientos.
En el hogar, cuando somos pequeños, nos dicen en qué lugar exacto se depositan las basuras. En el cole nos instruyen para no contaminar el planeta con nuestros desechos. Autoridades locales y nacionales se empeñan en orientarnos en campañas de reciclar y reutilizar.
En una utópica situación en la que todos fuéramos tan respetuosos con el medio ambiente, ahorraríamos en la recogida de basura, ahorraríamos en contenedores, ahorraríamos en el tratamiento de residuos, ahorraríamos en barrenderos. En disquisición tal se hallaban unos amigos cuando observaron justo a su lado que un individuo se prendía un cigarrillo y en el acto, dado que era el último, arrojó con gesto de desprecio la cajetilla al suelo. Prestos estaban a intervenir, pero el fumador se adelantó y les hizo saber que su padre era barrendero y que él contribuía para que no perdiera el empleo. Los amigos se quedaron mudos.
Volvamos al principio. La fábrica de armas de Trubia, que en un tiempo se le llamaba fábrica de mecheros, vive un momento de esplendor que jamás se podía suponer. Ahora se denomina Santa Bárbara Sistemas y pertenece a la americana General Dynamincs. Hasta hace poco eran escasos quienes identificaban las siglas EM&E, empresa de los hermanos Escribano, que lucha por quedarse con la mayor parte del pastel. El triángulo lo completa Indra, multinacional con participación estatal. En este sector reina la euforia, las guerras actuales auguran un futuro con aumento de producción y aumento del empleo, hay un desaforado deseo de armarse, hay que multiplicar los arsenales.
A la vista del pujante negocio del armamento las empresas quieren hacerse más fuertes, más competitivas, ya sea aliándose o confrontando, y en cualquier caso con la bendición de las autoridades autonómicas y nacionales y con la pasividad general. No es cómodo posicionarse en contra de la proliferación de armas sin ofender a quienes logran un empleo en este sector. Las guerras al igual que la basura generan negocio y también empleo, así que nos quedamos sin argumentos, nos quedamos sin salida.