La Revolución de Octubre de 1934 sigue resonando por los pueblos de Oviedo
Oviedo
En pueblos como San Esteban de las Cruces o La Grandota, la represión que ejercieron las tropas regulares aún sigue estando presente entre sus habitantes
07 Feb 2026. Actualizado a las 05:00 h.
«Los chiquillos tiemblan, aterrados, sin atreverse a levantarse del suelo ante aquellos hombres de rostro amenazador. Lloran: —¡No nos hagan nada! iNo nos hagan nada! Los moros ríen. Alegremente, sin darle importancia, empiezan a disparar». Esta es solo una de las descripciones que el periodista Eduardo de Guzmán hace en una de las tantas noticias que publicó sobre la Revolución de Asturias en el diario La Libertad.
Esta crónica en concreto titulaba con «Crímenes y saqueos en San Esteban de las Cruces». Casi 100 años después de aquello, el dolor sigue habitando las casas de San Esteban de las Cruces y alrededores. Este daño se juntó con el que tiempo después provocó la Guerra Civil y ambas heridas siguen abiertas. Aun así, no todos los que vivieron aquella revolución se dejaron la vida en ella. Hasta hace poco, Aquilino Vega «El Chintu», un vecino La Grandota, contaba el trato que tuvo con los mineros cuando tan solo tenía 10 años.
La viuda del célebre ovetense, Sara Ferreiro, que aún vive para contarlo, relata lo que por aquel entonces sufrió en una conversación con LA VOZ DE ASTURIAS: «Yo cuando pasó la Revolución de Asturias vivía en El Entrego, éramos unos guajes... A mi hermano mayor le pegaban». También comenta el control constante que hacían las fuerzas del orden, tanto las republicanas como ya en la Guerra Civil: «Mi padre estaba fugau porque era de izquierdas, siempre que venían a preguntar por él decíamos «vino pero marchó»». Estas palabras evidencian el sufrimiento de aquella época y la memoria oral también atestigua lo que narran las crónicas de Eduardo de Guzmán: «Mi abuela, que era lechera, decía que la burra al oler la sangre no quería pasar los días después de los fusilamientos en el Alto de El Ferrador», comenta Belinda Vega, hija de «El Chintu».
El Alto de El Ferrador, donde en la actualidad hay una marquesina de autobús, es una zona de San Esteban de Cruces, pueblo en el que Eduardo de Guzmán recogió testimonios como el siguiente: «Entraron pegando tiros. Luego se llevaron cuanto había: relojes, sortijas, colchones, dinero... ¡Hasta 50 cajas de sidra que había aquí! (...) Y así me han dejado sin un céntimo, viuda y con siete hijos...». En la actualidad, si uno se pasea por el pueblo y pregunta a sus habitantes por aquellos años aún se nota el resentimiento. Los familiares lejanos hablan con pena de aquella época negra que vivió España y con especial tristeza Asturias. La certeza es que hubo fusilamientos y tal y como lo calificó el periodista libertario «barbarie», pero la memoria oral es limitada y no permite comprobar a ciencia cierta algunas acusaciones.
Esta es la línea que siguen los académicos, los cuales prefieren tratar el tema con cautela y no hacer afirmaciones en falso. Manuel Antonio Huerta, director de la Fundación Juan Muñiz de CCOO, dedicada a la preservación de la memoria histórica del movimiento obrero, asevera que: «En esta zona hay una fosa común que la Universidad de Oviedo marca como posguerra, pero hay dudas entre si es de esas fechas o de 1934». Huerta, además, observa lo siguiente sobre las crónicas periodísticas de la época: «Hay que cogerlas un poco de puntillas, muchas veces eran relatos interesados tanto por un lado como por otro y eran relatos creados a posteriori».
Carmen García, responsable del mapa de fosas comunes de la Universidad de Oviedo, apunta que la lógica de enterramientos de la época republicana durante 1934 no fue la misma que en la Guerra Civil: «En el periodo republicano se llevaban los cadáveres a cementerios y se identificaban, nada que ver con las fosas comunes de Guerra Civil o posguerra». Esto último, si bien descarta que todavía haya muertos incluso de la época republicana enterrados en cunetas, no desmiente lo que la crónica de Eduardo de Guzmán desarrolla.
Las dudas en torno a la represión de las tropas regulares africanas en los aledaños ovetenses son muchas, pero lo que está claro es que existió. No se puede aclarar exactamente si hubo más o menos tacto con los muertos, si fue más o menos cruel la forma de ejecución de estos. Pero si algo queda claro es que muchos inocentes perdieron la vida, muchos hogares de gente que no pertenecía a la rebelión se vieron envueltos en una vorágine que no era la suya.