Con las madres hay que hablar lo justo
Yes
CALLARSE ES BUENO Y necesario para una comunicación fluida en casa. Como hijos no queremos saberlo todo de nuestros padres y a los hijos no hay que darles exceso de información.
03 Sep 2016. Actualizado a las 17:38 h.
Nos hemos pasado de frenada y de aquellos tiempos en que apenas les contábamos nada a nuestros padres hemos pasado a sobreinformarlos de todo. Que nos duele un pie se lo contamos a mamá, que hemos discutido con nuestra pareja, la llamamos para contarle nuestro problema, que nuestro jefe no nos entiende y nos ha complicado las vacaciones también se lo soltamos a bocajarro. Ese derroche de palabras no conduce a ningún lado, más que a angustiar y a exagerar situaciones que son cotidianas para todos. «Vivir duele», sentencia la psicopedagoga Ana Pravia, quien advierte que esas conductas son el reflejo de una sociedad cada vez más egoísta y necesitada de expresar sin asumir responsabilidades. Callarse no solo es bueno, sino necesario para establecer una relación equilibrada. Por eso «con los padres hay que hablar lo justo» y a la inversa, como padres no debemos atosigar a nuestros hijos con demasiadas preguntas. «Lo importante -explica la psicóloga Elena Borrajo- no es tanto contarlo todo como que el canal esté abierto para la comunicación; que nuestro hijo se sienta escuchado, entendido y ayudado, porque muchas veces nos saltamos esos pasos y vamos directamente a la solución». Según Elena, tiramos demasiado de nuestra experiencia personal y directamente vamos al «tú lo que tienes que hacer» sin escuchar en realidad lo que angustia al niño o al adolescente. Y ojo, porque ante la misma situación, un crío puede enfadarse, otro avergonzarse y otro entristecerse. «Lo que provoca nuestra conducta es la emoción que nos genere», explica Elena. Así que si por ejemplo un niño está preocupado porque un amigo no quiere jugar con él no se puede dar la respuesta fácil del tipo «lo que tienes que hacer es buscarte otros amigos». Es una equivocación -añade Elena- pensar que todo el mundo tiene una emocionalidad refleja, y responder desde nuestra vivencia. Los padres servimos de guía y orientación y tampoco podemos caer en el papel de colegas con el único fin de sonsacar información para sobreproteger.
SIN MÁS EXPLICACIONES
«Debemos establecer un clima de confianza, no ser sus amigos, está bien hablar, pero no dar muchas explicaciones -indica Ana Pravia- porque los aturullamos». Ese es un error muy común, darles demasiada información, algo que los niños no necesitan. «A veces te piden una piruleta y hoy los padres en lugar de responder ‘no, ahora no es el momento’ tendemos a explicarles: ‘Mira, es que si tomas la piruleta ahora, no comes después...”. Eso el niño pequeño no lo requiere, como no requiere que le preguntes si quiere comer fruta. «Tú solo debes darle la opción, como mucho la de elegir: ¿quieres manzana o plátano? Pero que coma fruta no es cuestionable», indica Ana. En esa misma línea, Elena Borrajo recomienda ser prudente con el exceso de información para no hacerles llegar contenidos demasiado tensos emocionalmente. No se trata de negarles lo que sucede, pero sí saber filtrarle determinadas cuestiones. «Igual que no le dejas fumar o tomar alcohol, conviene evitar que el niño se estremezca ante información violenta o sobre la muerte». Así que del mismo modo que como hijos no queremos saber al detalle toda la vida de nuestros padres, como padres tenemos que encajar que nuestros hijos se guarden por su bien (y por el nuestro) una parte de la información. Ese equilibrio es en realidad la clave de una buena relación familiar con los roles establecidos en la distancia necesaria, en la que unos tiran de un extremo de la cuerda y otros de la otra. «El adolescente tiene que arriesgar y transgredir y el padre proteger y enseñar», destaca Elena. Pero pensar que por hablar mucho nos vamos a comunicar mejor es una equivocación. Callarse, a veces, no viene mal.