Involución
Sporting 1905
Las penas del equipo contagian a una afición cansada. Herrera pierde crédito.
23 Nov 2017. Actualizado a las 15:22 h.
Las penas del equipo contagian, como un virus inalterable, a todos los estamentos del sportinguismo. El enfermo está con fiebre, y sin suero. Albacete es la vacuna para frenar una enfermedad que amenaza en epidemia. La goleada, a placer, del domingo es un demonio más para la rabia de los más firmes adeptos. La plantilla cierra filas en torno a Herrera. El último defensor, un titular, Calavera. El técnico catalán cuenta con el apoyo de un vestuario tocado en lo anímico que, con sus evidentes carencias, tiene suficiente calidad para aspirar a cuotas más altas.
En las últimas semanas se ha señalado la figura de Miguel Torrecilla como uno de los principales culpables del efecto boomerang. El trabajo del arquitecto salmantino está directamente ligado al rendimiento deportivo de una plantilla, que salvo partidos contados, no ha logrado demostrar la suficiencia necesaria que requiere un objetivo como el ascenso. Los mismo que antes elogiaban la contratación del director deportivo son los que ahora lo señalan como el primer responsable.
La bipolaridad del equipo parece exculpar al salmantino. El grupo de jugadores que lograron asentarse en ascenso directo, con goleada sin sudar en Tarragona o León, amanecen ahora con dudas en cada partido. La regularidad del equipo, y el estilo del mismo, es trabajo de entrenador. Y Herrera, con más partidos que ninguno, debe reajustar su método. La plantilla rojiblanca necesita refuerzos pero no es para vivir al borde del infarto.
La confianza de Torrecilla en Herrera, por el que esperó hasta última hora en Valladolid, se antoja clave en el devenir del futuro inmeditato. Ahí está una de las grandes diferencias con cursos pasados, y uno de los puntos más elogiados a principios del todavía no tan lejano verano. A pesar de alguna comparecencia extraña de Paco.