El maquinista de La General
Sporting 1905
José Alberto López se ha mostrado como un excelente gestor de grupos
11 Dec 2017. Actualizado a las 15:22 h.
A los grandes éxitos colectivos en el mundo del fútbol, descontando la calidad individual del futbolista y que todos los parámetros relacionados con el juego estén en su sitio, se suele añadir, en los últimos tiempos, una variable que siempre estuvo ahí aunque nunca fue excesivamente mencionada en el capítulo de agradecimientos tras la consecución de los objetivos: la cohesión del grupo, el equipo.
Uno de los méritos más notables de José Alberto López al frente del filial sportinguista y, en general, a lo largo de toda su carrera, ha sido saber rodearse de un entorno confortable, de un equipo sólido, comprometido, en el que suman tanto o más los que están en el banquillo o en la grada que los que se están jugando los puntos en el campo. Tanto es así que ausencias, en principio notables, como las que pueden suponer para el filial las de Juan Rodríguez o Nacho Méndez en el caso del último encuentro, fueron suplidas con total solvencia y normalidad, incluso la de Berto Cayarga, un habitual que vio el encuentro desde el banquillo.
Da igual quien juegue. El equipo se sobrepone a las ausencias y se comporta como un equipo perfectamente trabajado, que se adapta a distintos sistemas de juego en segundos, un conjunto solidario que sabe sufrir hasta el final cuando hay que hacerlo y que se encuentran sin mirarse cuando toca mover el balón. Y con el añadido de que cuando todo falla, todo tiende a fallar, aparece Dani Martín bajo palos, o Víctor Ruiz, para resetear el error y volver a empezar.
El fútbol se ha sofisticado. La información fluye, ya no hay rivales desconocidos y las opciones de sorprender cada vez son más escasas. Los entrenadores ya son más gestores de grupo que meros transmisores de conceptos tácticos o técnicos. Y tienen que tener un discurso frente a los suyos creíble y sostenible en el tiempo. El de José Alberto suele calar en sus jugadores. Y ellos lo demuestran buscando el tercero tras el segundo, independientemente del tiempo que falte para terminar el encuentro o juntando intenciones cuando el rival aprieta: y, en esta categoría los hay que aprietan: y mucho.
Este equipo no se arruga y crece día a día de la mano de su técnico. Mareo da jugadores y entrenadores: solo hace falta tener agallas para darles paso. ¿Hay algún director deportivo en la sala que se atreva?