Las 4 claves del empate y del aprobado a Albés en Oviedo: «Hay que exigirle más al Sporting con balón, tiene potencial para ello»
Sporting 1905
Texto de análisis
12 Jan 2025. Actualizado a las 23:32 h.
El Real Sporting de Gijón sacó un punto como botín de su visita al Carlos Tartiere en un derbi asturiano del que extraer diversas lecturas en cuanto al momento del equipo, la dinámica y la segunda vuelta que ya se afronta. En lo futbolístico, por contra, el análisis tiene mucho menos jugo, siendo un duelo con fases muy trabadas, con mucha discontinuidad en el juego y un plan de partido que retroalimentó esto mismo. Aun así, luces y sombras que rescatar. Analizamos en 4 claves tácticas destacadas el rendimiento del conjunto rojiblanco:
Plan de inicio basado en un juego directo improductivo
En una primera parte en la que el fútbol prácticamente brilló por su ausencia, sin sumar acercamientos en juego corrido a ninguna de las dos áreas, el Sporting dejó bien clara su idea de partido, iniciando cada saque de meta en largo y sin apenas combinar más allá de la línea defensiva cuando se optaba por un pase en corto, situación a todas luces escasa. Si bien la idea, tal y como expresó Rubén Albés en la rueda de prensa posterior al encuentro, pasaba por buscar la espalda de la línea defensiva azul, de ahí la preferencia por un perfil como el de Campuzano, de mayor dinamismo, en lugar del de Caicedo, más propicio para el duelo con los centrales, lo cierto es que ese tipo de jugadas no pusieron en apuros a la retaguardia local, pasando a depender en demasía del resultado de esos duelos en el juego directo del ‘11’ rojiblanco con los centrales del Oviedo y las segundas jugadas, saliendo perdedor en su gran mayoría enfrentando situaciones de desventaja para cualquier delantero. Más en su caso. Lo único que intentaba el equipo en ataque hasta el 1-0 fue a todas luces improductivo.
Buena distribución de marcas, con faltas de activación en momentos clave
En la previa se habló de la importancia de cuidar cada mínimo detalle en un partido como este, que bien podía decantar la balanza. En ese sentido, sumando además el componente físico que acompañó sobre todo a la primera mitad, siendo un derbi ‘muy derbi’, la intensidad que caracterizaba a cada jugada debía mantenerse como mínimo igual que la del rival en todas las acciones. Cosa que no sucedió. No es algo sobre lo que hacer drama, porque precisamente el encuentro estuvo igualado porque ambos equipos aceptaron esa circunstancia y ofrecieron un alto grado de intensidad general, pero la falta de activación en alguna segunda jugada -ocasión clara de Alemão- y especialmente en el origen de la acción del gol, que viene de un saque de banda ejecutado con velocidad por los locales, marcaron realmente un partido que en líneas generales ofreció garantías en el plano defensivo.
El Sporting agregó un matiz en su presión, con Dubasin y Campuzano repartiéndose la responsabilidad de tapar la vía de pase a Sibo, para que así Nacho Méndez sólo saltara sobre su pivote en situaciones propicias para ello, ya que de hacerlo constantemente el equipo corría el riesgo de partirse por el centro al aumentar de forma considerable las distancias entre el medio del campo y la línea defensiva. Unos comportamientos en bloque medio-alto y una distribución de marcas y ayudas que volvieron a ser eficaces ante un Oviedo al que le costó progresar con balón controlado.
Cambio de sistema y dificultades con balón cuando tocó llevar la iniciativa
El gol de Hassan apenas arrancaba la segunda mitad marcó un punto y aparte en el partido. El Oviedo dio un par de pasos atrás y redujo su intensidad en la presión, protegiéndose en un bloque medio y dejando al Sporting la posibilidad de amasar más balón en zona de la divisoria. Aun así, los de Calleja saltaban sobre el pase atrás de los rojiblancos, intentando robar o provocar el error, pero los de Albés no se mostraron incómodos para mantener el cuero controlado en su línea defensiva. Sin embargo, sí le costó sobremanera progresar con balón. En este escenario, Olaetxea pasó al centro del campo abandonando la zona de centrales, dando, en la teoría, mayor altura a Nacho Méndez y sobre todo a Gelabert, una especie de 4-2-3-1 que mencionó el técnico en sala de prensa. En la pizarra, la idea estaba bien orientada, pero en la ejecución no terminó de dar soluciones en salida de balón en un inicio.
Obviamente, el equipo consiguió trenzar alguna buena combinación en el transcurso del segundo tiempo, era lo propio en ese contexto de partido, aunque tampoco esta vía marcó las diferencias. Los apoyos de Nacho Méndez y en ocasiones de Gelabert, huyendo de la zona a la espalda de la primera línea de presión azul, dejaba al Sporting con demasiados efectivos en primera línea, por delante incluso de la delantera local. Movimientos que generaban una superioridad numérica, pero en una zona en la que no otorgaba nada por sí misma ni dificultaba la labor defensiva del rival, vaciando el centro del campo sin vías de pase por dentro y teniendo que recurrir nuevamente a muchos envíos directos, ya fuera en largo o a zonas intermedias. Al equipo se le vieron de nuevo las costuras cuando tocó proponer.
Más cómodos en transiciones y con la libertad diferencial al espacio de Gelabert
Lo que sí terminó por marcar diferencias fue el cambio de rol de Gelabert durante la segunda parte. El centrocampista gozó de especial libertad para aparecer por diferentes zonas del ataque. En ocasiones se le podía ver aprovechar la ausencia de un extremo rojiblanco por banda diestra para atacar la espalda de Pomares y generar situaciones de ventaja y desequilibrio por ese costado. A su vez, su llegada desde segunda línea por el otro sector, por la izquierda del ataque rojiblanco, marcó una transición perfecta que le abrió el camino para su primer gol como futbolista del Sporting. En ese contexto brilló más, como también lo hizo el equipo, que en apenas un minuto encadenó dos acciones de robo y verticalidad en las que realmente sí se vio identificado al equipo que quiere Rubén Albés. En una noche plana con balón, fue nuevamente esta vía la que mayor peligro otorgó al ataque sportinguista.
Los cambios
Pier por Curbelo. Cambio obligado por la lesión del central, en el que descartó cualquier variante diferente en lo táctico. Mantuvo la estructura y los perfiles en la zaga, dándose esta situación apenas a la media hora de juego.
Queipo y Otero por Gaspar y Campuzano. Cambio de perfiles en ataque que resultó con mayor participación interior desde el sector izquierdo y un Otero que aportó algo más de oxígeno en ataque cuando las piernas ya comenzaban a flaquear.
Pablo García y Nacho Martín por Cote y Nacho Méndez. Hombre por hombre, reforzando el lateral izquierdo, con alta exigencia defensiva por la inspiración de Hassan y la cartulina amarilla que arrastraba el capitán rojiblanco, y sumando un jugador en el medio que otorgase mayor control con balón. Suyo es el pase vertical para Dubasin previo a la asistencia del catalán en el gol.
Nota a Rubén Albés y el resto del cuerpo técnico
Suficiente. Nota equilibrada por las diferentes versiones del equipo. En ataque, el plan de inicio no resultó, siendo demasiado plano e improductivo. Del mismo modo, tampoco se brilló en el segundo tiempo cuando tocó llevar más la iniciativa, con problemas colectivos a la hora de proponer. Aun así, el ajuste táctico en ese tramo benefició al equipo e incluso lo acercó a marcar diferencias en la jugada del tanto del empate. La parte positiva estuvo más en la faceta defensiva, con detalles puntuales que responden más a una cuestión individual, tanto en la activación como en la defensa del área, que empañan nuevamente un partido en el que se mostró una versión competitiva, aunque con más argumentos rescatables defensivos que ofensivos. Hay que exigirle más al Sporting con balón porque tiene potencial para ello. Amén, por supuesto, de cortar esos errores puntuales atrás que tanto vienen penalizando.