«Borja aprueba por el trabajo defensivo del Sporting, pero pudo hacer más en ataque...»
Sporting 1905
Texto de análisis
29 Mar 2026. Actualizado a las 22:59 h.
Un gol en los últimos minutos dejó al Real Sporting de Gijón con un botín de un punto en su duelo ante el Deportivo de La Coruña. Un marcador que definió el acierto a balón parado en un partido en el que los rojiblancos vivieron diferentes fases, si bien firmó una primera parte bastante más completa que la segunda. Analizamos el desempeño de los de Borja Jiménez a partir de 4 claves tácticas destacadas:
Paso adelante con la vuelta a un sistema conocido
La decisión táctica de la alineación supuso la vuelta a un sistema ya conocido esta temporada en la plantilla y el deshacer la figura del doble lateral por el perfil diestro. Con un 4-2-3-1 como punto de partida, el Sporting comenzó el partido con algunos desajustes posicionales sin balón que poco a poco fue subsanando, pero sobre todo conseguía mantener el juego lejos de su área al tratar de defender siempre hacia adelante y mostrando una movilidad de sus cuatro futbolistas de ataque que les dio cierta imprevisibilidad y agregó dificultad a la labor de la zaga blanquiazul. Sin tantos cambios de rol según la fase del juego en que se encontrara el equipo se pudo ver más cómodos a los jugadores.
Gestión inteligente con y sin balón de la ventaja hasta el descanso
Fue el balón parado el que alteró el curso del partido, primero con un aviso de córner a cabezazo de Pablo Vázquez y poco después con el gol de falta directa de Juan Otero. A diferencia de otros días, el mejor tramo del encuentro de los rojiblancos tuvo lugar tras el tanto que abría la lata, y no fue algo efímero fruto de la inercia positiva. La gestión de la ventaja por parte de los de Borja Jiménez fue inteligente en una doble vertiente: con balón, trenzando largas posesiones que le permitían vivir lejos de su área y a su vez 'defenderse' con el cuero controlado sin asumir grandes riesgos -solo Gelabert se salió algo del guion-, y sin el esférico, primando el orden y trabajo de los jugadores cercanos a la zona de balón para ofrecer ayudas constantes. Bien es cierto que no se generó lo suficiente como para contabilizar ocasiones claras para ampliar distancias, pero sí fue el tramo de mayor control local hasta que se acercaron los minutos previos al descanso, cuando el Depor se desperezó algo más.
Luces y sombras en el área, orden en bloque medio y dificultades en la presión
El segundo tiempo ofreció un guion de partido muy diferente. El control fue deportivista desde el primer minuto, en el que ya se evidenciaron algunas dificultades del Sporting en su defensa del área. Aunque la zaga asturiana consiguió contener bien varias situaciones límite en su área, incluyendo numerosas acciones a balón parado salvo una, la del gol en contra, sí mostró problemas al defender los cortes -movimientos de desmarque en profundidad en un movimiento diagonal hacia el área- de los atacantes deportivistas, ganando la espalda de la retaguardia en varias ocasiones y obligando a intervenir a Yáñez en modo salvador.
Una versión muy diferente a la que ofreció el Sporting en bloque medio, altura a la que convivió la mayor parte del segundo tiempo. El Deportivo aglutinaba la posesión pero lo hacía en el entorno de la divisoria, sin capacidad para verticalizar su juego, pues cada pase vertical encontraba un receptor de espaldas que estaba encimado por un central y que devolvía de cara. Solo algún cambio de orientación a las bandas abrió algo el cerrojo, pero el orden en las marcas y ocupación de espacios y el tener claro quién y cuándo debía saltar en cada momento generó un atasco importante en el conjunto blanquiazul. La contrapartida fue la presión alta, que cuando se intentó fue totalmente ineficaz. El Sporting apenas llegó a saltar a pares en acciones muy concretas, por lo general yendo en inferioridad (3 para 4) contra la primera línea visitante, dejando libre a uno de los centrales para que tuviese que decidir la mejor vía de avance de su equipo, aunque con pocas opciones, y es que los asturianos priorizaron tapar las opciones por dentro y así anularon sus fuerzas, aunque el equipo apenas pudo llegar a robar alto, clave para poder transitar y también para evitar hundirse, algo que fue ocurriendo hacia el tramo final con el cambio de sistema rival.
Sin capacidad para transitar como única vía ofensiva
En relación a lo comentado en la clave anterior, y una vez se perdió el efecto del cambio de sistema derivado del plan de inicio, el Sporting comenzó a defenderse más junto y más próximo a su área en el tramo final. Los cambios desde el banquillo, además, sumaron mucho en esa dirección, dejando a un equipo que prácticamente renunció al balón y al ataque, quedando como único recurso la posibilidad de generar algún contragolpe provechoso ante lo espacios de un bloque tan adelantado como el que tenía el Deportivo. No hubo muchas opciones de salir, ya fuera por situaciones que obligaban a despejar o por la buena presión tras pérdida de los gallegos -ambas cuestiones relacionadas muchas veces-, pero cuando el Sporting pudo correr se veía que tiene jugadores capacitados para conducir esas contras con sus 4 perfiles más ofensivos. Sin embargo, faltó un punto más de finura en las entregas y lucidez en la toma de decisión para que algunas de esas opciones se convirtiera realmente en una contra que pusiera contra las cuerdas a la zaga visitante. Solo Dubasin y Otero, algo más atinados por momentos, consiguieron dar vida a alguna acción concreta, pero apenas se contabilizaron llegadas por esta vía -ni ninguna otra-.
Los cambios
Pablo García por Gaspar. No se quería renunciar a la verticalidad en caso de poder transitar, pero fue un cambio pensado precisamente para contener más en un contexto en el que el Deportivo estaba sumando efectivos a su ataque. Un cambio totalmente reactivo.
Smith por Dubasin. Más de lo mismo, modificando la posición de Gelabert y Corredera para dar encaje a un mediocampista más, de nuevo enfocado a la contención al no tener la posesión de balón.
Curbelo por Manu. Cambio nuevamente de sistema ya en los minutos finales y de apuro a nivel defensivo, aunque el empate ya sirva más bien de poco.
Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico
Bien. Una nota con muchos matices. Pondera positivamente el trabajo defensivo del equipo, especialmente en un tramo prolongado del segundo tiempo. También la gestión de la ventaja en el marcador durante varios minutos del primer tiempo. Fue un partido muy serio del Sporting sin balón en líneas generales, aunque no exento de dudas o grises, ante un rival de elevado potencial ofensivo. La valoración negativa viene precisamente de esa otra cara de la moneda; el ataque. El Sporting pudo hacer más y acabó renunciando a poder intimidar o inquietar. Ni por plan y desarrollo de partido ni, sobre todo, por los cambios, que fueron en la otra dirección. Empate y gracias porque el balón parado así lo quiso. Al menos quedan esas señales positivas sin balón a las que el equipo debe dar continuidad.