La Voz de Asturias

«Suspenso para Borja, el Sporting sufrió varios desajustes colectivos en la derrota de Córdoba»

Sporting 1905

Dani Souto
Borja Jiménez

Texto de análisis

27 Apr 2026. Actualizado a las 11:02 h.

La derrota del Real Sporting de Gijón en su visita al Córdoba ya ha hecho cambiar el discurso al propio Borja Jiménez. La matemática da, pero el Playoff ya no se considera opción tampoco de puertas para dentro. Una nueva final con el mismo desenlace, mostrando una imagen acorde a la de los últimos meses, por más maquillaje que se aplicase la pasada semana ante el Cádiz. Analizamos en 4 claves tácticas el desempeño de los rojiblancos en el Nuevo Arcángel:

Plan reactivo con excesiva separación entre líneas

Desde un primer momento quedó patente el plan de partido de uno y otro equipo. El Sporting quiso frenar la verticalidad tan peligrosa del Córdoba a partir de un bloque medio-bajo que mantenía a los rojiblancos mayormente en su propia mitad de campo. Con menos espacios a la espalda habría menos opciones de que los andaluces pudieran correr -solo lo lograron una vez y fue en un saque de banda desde su campo en un error individual-. Sin embargo, en un contexto que te exige estar junto como bloque para dificultar el avance en combinación, hubo varias situaciones que esto no sucedió, con unas basculaciones deficientes que ofrecían líneas de pase por dentro que permitían el avance cordobés, que jugaban con la idea clara de verticalizar dentro, descargar hacia fuera y cargar área para buscar el centro. Los defensores asturianos no llegaban a tiempo casi nunca.

Desajustes en las ayudas defensivas

La clave anterior fue el caldo de cultivo para que se diera esta segunda. El avance del rival y las amplias distancias provocaron que las marcas tuvieran que ir reajustándose sobre la marcha, y las ayudas eran por tanto menos eficientes. Tanto fue así que se dibujaron claros desajustes en algunas posesiones largas del Córdoba, con la acción del 1-1 como mejor ejemplo. El avance de Carracedo, totalmente liberado, siendo un extremo recibiendo en posición de extremo, fue elocuente. Nadie salió a su paso. Su marcador estaba con otro futbolista y ninguna de las dos potenciales ayudas llegaron a dar la cobertura. Cuando su lateral salió finalmente a tapar su avance ya era demasiado tarde; había conquistado la profundidad y estaba decidido a poner un centro que se convirtió en asistencia. Una permisividad que se reprodujo en varias acciones del encuentro y que en algún caso como este se pagó con un gol en contra.

Falta de contundencia en la defensa del área

Para completar el desaguisado sin balón, el Sporting pecó de una evidente falta de contundencia en el área. Tanto los despejes, muchos de ellos mal orientados o deficientes, como las entradas, con demasiado miedo, dibujaron un equipo muy blando y vulnerable. El Córdoba encontró jugadas con varias situaciones de peligro dentro de área rival. Segundas y terceras acciones todas a escasos metros de la portería de Yáñez. Así solo era cuestión de tiempo. Dos goles más evidenciaron todos estos problemas y desajustes, tanto posicionales como individuales, que se produjeron en esta zona clave del terreno de juego.

Transiciones y juego directo como única vía de ataque

En un partido sin apenas posesiones largas de balón en campo rival, el Sporting no tuvo muchas situaciones para atacar en posicional. Más bien el plan pasaba -acorde a su teórico plan defensivo- por aprovechar los espacios de un rival adelantado y bien salir a la contra con verticalidad, una especialidad de la plantilla, o atacar directamente su espalda con desmarques de ruptura y balones largos. Un aspecto que requiere de gran precisión, tanto en el pase como en el timing del movimiento de desmarque. Fue en una jugada que conjugó ambas cosas, un envío perfecto de Cuenca y un desmarque de Otero en el momento preciso, como llegó el tanto rojiblanco que abría un escenario optimista de partido. De hecho, y a la contra, Dubasin tuvo el 0-2 que salvó Iker Álvarez con una gran parada. Con la renta mínima y la inoportuna lesión de Otero, el Sporting prácticamente desapareció en ataque. Demasiado poco volumen y sin alternativas.

Los cambios

Pablo García por Otero. Cambio obligado por la lesión del colombiano, que en este partido venía actuando especialmente por izquierda, aunque con la habitual libertad para sumarse a la última línea junto a Dubasin. Venía siendo una de las variantes de las últimas semanas, aunque más por el costado diestro. De ahí que optase por un perfil que encaja en el extremo para reemplazarlo, aunque había más alternativas. Sea como fuere, el bajón fue evidente.

Oliván y Bernal por Pablo Vázquez y Diego Sánchez. Cambio táctico hacia un sistema más difícil de dibujar y de perfiles, ya por debajo en el marcador. Oliván terminó actuando como central tras resituar a las piezas.

Queipo y Conde por Gaspar y Manu. 'Quemó las balas' con la entrada de dos jugadores de ataque en el tramo final, pasando a un dibujo más reconocible en forma de 4-4-2 -aunque con Gelabert con libertad-. Aun así, sin especial incidencia en el partido, por más que Queipo asistiera al final para el 3-2 definitivo.

Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico

Insuficiente. Un partido planteado desde el orden y la consistencia defensiva. No se consiguió ni una ni otra prácticamente en todo el encuentro. Los desajustes colectivos, las amplias separaciones entre líneas o una defensa de área que metía miedo al pánico fueron demasiados elementos negativos para que el partido sin balón pudiese dar alguna opción. Y además eso, que la no posesión del cuero fue el guion habitual del partido. Tanto fue así que las vías de ataque apenas fueron dos, basadas totalmente en la verticalidad y la precisión. Algo que apenas tuvo recorrido únicamente mientras Otero estuvo sobre el campo. Un mal partido en todos los aspectos, pero sobre todo el defensivo, para terminar de sentenciar al equipo también de puertas para dentro. A pensar ya en la siguiente temporada. La décima consecutiva en Segunda.


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