La Voz de Asturias

El asunto del collar

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Fernanda Tabarés
Joyas halladas en la caja fuerte de Zapatero, en una imagen de la UDEF distribuida por la agencia Efe

30 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

De todos los sustos que nos está dando Zapatero uno de los más inesperados ha sido el de las joyas. No hablo del valor de las alhajas, imposible de determinar a partir de unas tristes fotos policiales, de los pocos documentos gráficos en los que no ha entrado el código Instagram que con su filtro de la felicidad todo lo pone mono. El impacto ha venido por el tipo de joyas que defendía la caja fuerte del despacho de ZP, en apariencia incompatibles con el perfil de la familia.

Entre toda la repanocha que el caso ha desatado en redes ha habido quien ha calificado el estilo de Sonsoles Espinosa como el de una «profesora de catalán», concepto que esconde tantos prejuicios y desprecios por letra cuadrada que brilló en medio del proceso que ya se ha iniciado contra la familia presidencial. Sí que es verdad que, como todo aquello de lo que echamos mano para revestir nuestra desnudez y comunicar al mundo quiénes somos o quiénes pretendemos ser, el tipo de joyas que se usan transparenta nuestra forma de entender el mundo, y esos collares que hemos visto no nos lo esperábamos en Sonsoles, a quien siempre hemos encajado en otros códigos estéticos. En su pantone, por ejemplo, veríamos las joyas que diseña Felipe González y que vende a través de Elena Benarroch, tesoros de lujo muy alejados del brilli brilli de Sisi emperatriz que hemos visto en las fotos policiales y que no vimos venir.

Al menos desde 1785 conviene no despreciar la importancia simbólica de unas joyas y el poder que atesoran para desgastar de manera dramática, por ejemplo, una monarquía. Ese año, la sociedad francesa paladeó el llamado «asunto del collar», una trama que salpicó a María Antonieta y contribuyó a que los sans culotte acabaran tomando la Bastilla. El collar del asunto era un costosísimo ejemplar de diamantes con el que la condesa de Valois de la Motte montó una estafa piramidal que acabó salpicando a la reina en un peripecia asombrosa que desde entonces ha inspirado a escritores y guionistas. María Antonieta no había sido responsable del asunto, pero la peripecia del fastuoso collar le metió una marcha a su viaje hacia la guillotina.

 


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