La Voz de Asturias

El marcapáginas es la pieza más barata de una librería y la que más se guarda

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24 Jul 2026. Actualizado a las 10:21 h.

Entra cualquiera en una librería de barrio y, casi sin darse cuenta, sale con un marcapáginas metido entre las páginas. A veces lo regala el librero, a veces va dentro de la bolsa. Es lo más barato del mostrador y, curiosamente, lo que más viaja después. Pasa de un libro a otro, acaba en una mochila, vuelve a aparecer meses más tarde. En tiempos de pantallas y de aplicaciones que marcan la página sola, ese trozo de cartulina sigue ahí. Y las librerías y los clubes de lectura lo saben de sobra.

Un objeto con más historia de la que parece

El marcapáginas no es un invento moderno. Aparece con la forma que conocemos en la Edad Media, cuando los libros eran raros y valiosos y hacía falta algo para marcarlos sin dañarlos. Con el tiempo, cuando empezaron a extenderse los de papel, editoriales y empresas los regalaban a los lectores para hacer publicidad de sus servicios. Esa idea sigue intacta. Hoy una librería que reparte marcapáginas con una cita, una reseña o el logo de la casa está haciendo lo mismo que se hacía hace siglos, solo que ahora lo imprime en una tarde.

El diseño y el papel marcan la diferencia

No vale cualquier cartulina. Un marcapáginas tiene que aguantar el roce dentro del libro y meses en un bolsillo. Un papel con cierto gramaje, mate o con un acabado suave, dura y se deja escribir por detrás. Hay quien añade un troquelado, una borla o una esquina redondeada para que no se doble. Por eso muchos clubes de lectura encargan marcapaginas cuidando el papel y el diseño, porque saben que ese detalle es lo que hace que el socio lo conserve en lugar de tirarlo. La impresión a dos caras permite poner la cita por delante y el calendario de lecturas por detrás.

Una campaña cultural que cabe en un bolsillo

Lo interesante para una librería o una biblioteca asturiana es que el marcapáginas es una campaña entera por muy poco dinero. Un club de lectura puede imprimir la lista de títulos del trimestre. Una librería puede anunciar una firma de autor o el Día del Libro. Una biblioteca puede recordar el horario de verano. Y todo eso se mueve solo, porque el lector lo lleva consigo de un libro al siguiente. No hay banner ni anuncio que tenga esa vida tan larga por tan poco.

Lo pequeño que no se tira

La pantalla iba a acabar con el marcapáginas y, de momento, convive con él. Quien lee en papel sigue queriendo algo físico que marque la página. Plataformas de impresión como Helloprint, que está certificada como empresa B Corp con una puntuación de 87, trabajan con una red de cientos de socios por toda Europa porque esta clase de pieza pequeña no ha dejado de pedirse. Helloprint y otras imprentas no venden cartulina. Venden la única publicidad que el lector guarda con gusto entre dos páginas.


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