El lado oscuro de los alquileres

Las empresas de servicios alemanas que contratan inmobiliarias y propietarios para administrar sus viviendas reducen la calidad de sus servicios, convirtiéndose en la pesadilla del inquilino


Berlín / La Voz

Días enteros sin calefacción en pleno invierno, semanas esperando a que reparen el pomo de la puerta del portal, con la excusa de que es agosto, e incluso meses obligados a vivir fuera de casa por cuenta propia, mientras en el cuarto de baño arreglan una avería fruto de una construcción barata y el paso del tiempo. Cualquiera que haya residido en Berlín u otras grandes ciudades alemanas conoce bien este tipo de situaciones. No solo por lo mal que funcionan los servicios técnicos, mucho más caros y menos eficientes que en España, debido fundamentalmente a la escasez de mano de obra. Sino, sobre todo, por culpa de las Hausverwaltungen, una de las palabras más odiadas por extranjeros y locales.

Así es como se denominan las empresas que contratan las inmobiliarias o los propietarios particulares para administrar sus fincas o edificios de alquiler. Salvo excepciones, la Hausverwaltung termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla para los inquilinos, que están obligados a gestionar a través de ella desde un cambio del lavabo hasta una copia de las llaves. Esto tiene que ver con el proceso de gentrificación que han experimentado en las últimas dos décadas las grandes ciudades alemanas, en especial la capital, y con el consecuente aumento de los precios en un país en el que hasta hace poco la tendencia era vivir de alquiler.

Y es que, en muchos casos, esta suerte de gestoras operan como filiales de las propias inmobiliarias, que adquirieron bloques enteros de viviendas en Berlín por cuatro duros en la década de los 90 y hoy se han hecho de oro gracias a la especulación. Por lo que lo único que les interesa es seguir haciendo caja. Esta mala praxis se hace aún más evidente a principios de año, cuando las asociaciones que velan por los inquilinos acostumbran a recibir una avalancha de quejas por las facturas de agua, calefacción y comunidad del ejercicio anterior, que a menudo son erróneas a favor del propietario. Para colmo, contactar por teléfono o email con la Hausverwaltung puede ser misión imposible.

Todo el mundo es consciente y, sin embargo, la mayoría de los particulares recurren a estas administradoras en lugar de ocuparse ellos mismos de sus pisos. El motivo es que les sale muy barato. Según un estudio reciente, en el 2017 pagaron 20,21 euros mensuales de media por vivienda, lo que supone un repunte de apenas el 1,5 % con respecto al año pasado. Dado que la inflación llegó al 1,8 %, el resultado son pérdidas. Nuestro sector está abocado a la pobreza», denuncia el director de la asociación de empresas administradoras. Para solucionar un problema que ya es estructural, Martin Kabler exige subir el salario a las cerca de 24.000 Hausverwaltungen que existen en el país en un 40 %.

Desde su punto de vista, las tareas de las que se encargan han aumentado de forma exponencial, debido en gran medida a la burocracia legal. Hoy estas gestorías tienen que aplicar más de 60 normativas que cambian constantemente. Una labor titánica que no aparece reflejada luego en la factura mensual. «La calidad tiene un precio y el propietario debe pagarlo. Tenemos que lograr limpiar la imagen gris y turbia de las Hausverwaltungen. No en vano, se encargan de millones de viviendas», sostiene Kabler.

Con todo, el sector confía en poder cerrar el año con un margen de beneficios en torno al 6,7 %, gracias a que cada vez más administradoras asumen directamente las funciones de las agencias inmobiliarias a la hora de buscar nuevos inquilinos. Sobre todo las más grandes, que esperan con ello incrementar sus ingresos en un 40 % este 2018. «Desde que se impuso el principio del mejor postor, muchas inmobiliarias y propietarios le encomiendan esa función al administrador en lugar de contratar a un agente. Suele salirles más barato y además conoce al dedillo el piso o finca», explica un portavoz de la asociación.

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