El congoleño Mukwege y la iraquí Murad ganan el Nobel de la Paz por combatir la violencia sexual en la guerra

La Voz REDACCIÓN

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El Comité Nobel Noruego recuerdan que «sus esfuerzos para terminar con el uso de la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados»

05 oct 2018 . Actualizado a las 13:12 h.

El congoleño Denis Mukwege y la iraquí Nadia Murad ganaron hoy el Nobel de la Paz por «sus esfuerzos para terminar con el uso de la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados» informó hoy el Comité Nobel Noruego.

«Denis Mukwege y Nadia Murad arriesgaron ambos personalmente su vida luchando valientemente contra los crímenes de guerra y pidiendo justicia para las víctimas», indicó la presidenta del Comité Nobel, Berit Reiss-Andersen.

El Comité Nobel recordó que la iraquí Nadia Murad es «una de las cerca de 3.000 niñas y mujeres que han sufrido abusos sexuales como parte de la estrategia militar de Estado Islámico que usaban ese tipo de violencia como un arma contra los yazidíes y otras minorías religiosas».

Además destacó que «tras tres meses de cautiverio logró escapar y empezó a denunciar los abusos que habían sufrido ella y otras mujeres».

«Tuvo el extraordinario coraje de contar su propio sufrimiento y de ayudar a otras víctimas», dijo el Comité Nobel, según informa Efe.

Por su parte, el médico congoleño Denis Mukwege y su equipo «han tratado a miles de pacientes que fueron víctimas de esos asaltos», ha condenado «la impunidad de las violaciones masivas y ha criticado al gobierno del Congo y de otros países por no hacer lo suficiente para parar la violencia sexual contra las mujeres como estrategia y arma de guerra».

«Cuando violan a una mujer, allá donde sea, es a mi mujer a la que violan. Cuando violan a una hija, a una madre, es a mi hija y a mi madre a las que están violando», dijo Mukwege a Efe en 2014 con motivo del Premio Sajarov que le concedió el Parlamento Europeo.

Nacido en 1955 en la República Democrática del Congo (RDC), Mukwege fundó en 1999 el Hospital Panzi en Bukavu, en el este del Congo, donde trata a las mujeres que son violadas por los grupos armados, muchas veces en grupo, usadas como un arma de guerra más, y se ocupa de aminorar los efectos devastadores de esos daños, tanto físicos como morales, con una prioridad: «No debemos precipitarnos con una operación si no hemos recuperado psicológicamente a esa mujer».