Buscando pareja de baile


Al guateque electoral Rivera se llevó una foto de Sánchez con el señor secesionista Torra. El marco no parecía sueco, aunque Sánchez se lo hizo (el sueco), lógicamente. Estaba escrito que por ahí le iban a atacar. Se le vio tenso aunque, en principio, va sobrado, de ahí que a la hora de escoger pareja de baile desechara, eso sí, gentil, el ruego de Iglesias. Casado también llevó ajuar, unas estadísticas del paro. Quiso agradar, y estuvo modosito. Iglesias llevaba de complemento su Constitución. O sea, la de todos, pero ese ejemplar era claramente suyo, subrayado y cubierto de Post-it, en plan me la sé toda. Están estos candidatos tan asesorados, y todo tan medido, que ni cercos de sudor hubo. Hasta el moderador llegó a pedir que se perdiesen el respeto.

Bastaba con aparcar en Cataluña, porque el Falcon, el máster, el otro máster, la revolución bolivariana, el trío de Colón, y así hasta marear, no terminaban de prender la mecha. Pero Cataluña no. Cataluña es siempre estos años la canción de bailar agarrados, o de salir corriendo de la fiesta. Cataluña y, claro, los pactos. Vimos con nuestros propios ojos que Sánchez y Rivera, que bebe los vientos por Casado, son agua y aceite. Pero Iglesias, tan moderado que daba susto, no se lo termina de creer. A ver si le da por espiar esa relación, justo a él. El debate fue bastante previsible. Como la primera parte de un partido en el que todos se juegan demasiado. El minuto de oro fue lo más gracioso. ¿Quién les redactó esa guinda a los candidatos? Parecían cuatro microcapítulos de Cuéntame. Y mira que los españoles ya no están para muchos cuentos.

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