Ultranacionalistas y proeuropeos librarán el 26M una batalla decisiva

La UE se recupera de los mordiscos de los eurófobos sin recetas para frenar su avance en las principales capitales


Bruselas/ Corresponsal

Una Europa unida o una Europa de las naciones y las fronteras. Es el dilema que tendrán que resolver los más de 400 millones de europeos que están llamados a acudir a las urnas los próximos 23, 24, 25 y 26 de mayo. La batalla por el futuro de la UE que libran proeuropeos y ultranacionalistas, unos para afianzar el proyecto político, otros para dinamitarlo, se encuadra dentro de un ciclo inevitablemente marcado por la inestabilidad en múltiples frentes: La incertidumbre del brexit, la precariedad e inseguridad laboral vinculada a las recetas anticrisis y la globalización, el desafío migratorio, la falta de perspectivas de futuro para buena parte de la juventud europea y la urgencia por combatir el cambio climático son algunas de las inquietudes que la ciudadanía exige abordar. Pero, ¿confían en que estas elecciones marcarán la diferencia? «Esta vez voto», reza el eslogan del Parlamento Europeo. El Eurobarómetro dice otra cosa: Solo un tercio de los europeos está dispuesto a participar. ¿Por qué? La mayor parte de los abstencionistas están convencidos de que su voto «no cambiará nada». «Hemos perdido nuestra libido colectiva», señaló esta semana el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. La desafección y la incapacidad para conocer y comprender a nuestros vecinos europeos va menguando y cediendo terreno en favor de quienes anhelan un repliegue nacionalista.

Sin gran coalición

Este estado de ánimo se traduce en un paisaje político tremendamente atomizado en la Eurocámara. Es lo que predicen los últimos sondeos de la institución. Los dos grandes partidos, conservadores (EPP) y socialdemócratas (S&D) no suman para lograr una mayoría (375). A la gran coalición le faltarían 46 escaños. El EPP, con 180 asientos, y el S&D, con 149, necesitarán el apoyo de los liberales (ALDE), que crecerán hasta los 76. Aunque los cálculos sobre el papel certifican el fin del rodillo de los dos partidos tradicionales, quienes estarán obligados a entenderse para frenar la voracidad de los ultras eurófobos, Juncker predice grandes problemas en la triple alianza si no cierran filas y alerta: «Hay animadversión entre ellos como no hubo antes». Hay mucho en juego. El temido concordato de ultraderechistas europeos empieza a tomar forma y ganar terreno a tres semanas de los comicios. Los coqueteos entre sus líderes y la amnesia en torno a sus antiguas desavenencias hacen presagiar lo peor: Que logren formar un gran grupo propio liderado por la Liga Norte italiana, la Reagrupación Nacional (Frente Nacional) francés y el Fidesz húngaro, si el primer ministro húngaro, Viktor Orban, deja finalmente en la estacada al PPE.

El asalto de la ultraderecha

Los problemas que la UE y los gobiernos nacionales no han sabido resolver en la última legislatura han sido gasolina para el progreso de las formaciones ultras europeas. La crisis económica, el desempleo juvenil y la gestión migratoria siguen siendo las principales preocupaciones de los europeos, de los que un 50 % creen que la UE está yendo en la mala dirección. El avance de los ultras también tiene responsables políticos en los partidos tradicionales. Gobiernos como el del conservador Sebastian Kurz en Austria o el liberal Lars L. Rasmussen en Dinamarca se han apoyado en ellos para gobernar a cualquier precio. Conservadores como Orban se han desmarcado abiertamente de su partido para abrazar las rentables, xenófobas y ultranacionalistas tesis de la extrema derecha, arrasando en las urnas y normalizando sus discursos de odio. Otros, como los populares españoles, también han coqueteado con ellos para arrebatar las llaves de Andalucía a los socialistas. La formación de Pablo Casado todavía se resiste a encuadrar a Vox en este espectro.

Con este escenario, ¿está garantizado el asalto de la ultraderecha a la Eurocámara? Los sondeos arrojan datos muy preocupantes. Sobre todo para las grandes potencias europeas. En Italia, la racista Liga Norte de Matteo Salvini podría arrasar y convertirse en el segundo partido con más peso de la Eurocámara, tras los conservadores alemanes (30), con sus 26 escaños. Los antisistema del Movimiento Cinco Estrellas se alzarían en segunda posición con 18 asientos. El derrumbe de conservadores y socialdemócratas transcurre en paralelo al descontento de los italianos con la UE. Según el Eurobarómetro, el 49 % de ellos quiere seguir en el club y solo el 26 % cree que su voz se tiene en cuenta en Bruselas. En la capital comunitaria también se asiste con el corazón en un puño a la contienda entre los liberales franceses del LREM (Emmanuel Macron) y los ultras de la Reagrupación Nacional por el primer puesto. La formación del presidente galo aventaja en solo un escaño al partido de Le Pen, asediado por las consecutivas revueltas sociales en el país. Lo mismo ocurre con los liberales del VVD holandés. El partido del primer ministro, Mark Rutte, está teniendo enormes dificultades para contener la embestida de los ultras populistas del Foro para la Democracia (FvD), quienes podrían relegar al derechista del PVV, Geert Wilders, a la quinta posición (9 % de los votos). Entre ambos, no obstante, concentran el 26,5 % de los votos. Alemania resiste a las proclamas racistas del AfD, pero la formación que ha intentado blanquear el nazismo podría pasar de uno a los 11 asientos en la Eurocámara. El voto de castigo pasa factura a los partidos de la «gran coalición», especialmente a los socialdemócratas, quienes se desploman desde los 27 al os 17 escaños en favor de los Verdes, a quienes los sondeos les conceden 19 asientos, muestra de que la lucha de activistas contra el cambio climático también puede marcar la agenda. ¿Qué pasa en el centro y Este de Europa? Se consolida el euroescéptico PiS polaco, a pesar de la deriva antidemocrática de su Ejecutivo. En los países vecinos prolifera un populismo ultranacionalista que impregna a casi todas las fuerzas políticas, como ocurre en República Checa, Eslovaquia y Hungría. El escenario es distinto en España. Aunque el país ha caído víctima del contagio, la izquierda mantiene a raya a los ultras. Los socialistas de Sánchez obtendrían 18 escaños, convirtiéndose en la delegación socialdemócrata con más poder en el hemiciclo.

Efecto brexit

¿Qué hay del efecto brexit? El nefasto proceso de divorcio del Reino Unido ha eliminado de muchos programas ultras las referencias explícitas a la convocatoria de referendos de permanencia. El «salir de la UE» que defendían en su inicio ha dado paso a «una UE de las naciones». También en vista de que solo el 14 % de los europeos apoyan abandonar el proyecto político. Al otro lado del Canal de la Mancha todo es diferente. Aunque varios sondeos predicen un correctivo ejemplar a los tories de Theresa May por el calamitoso espectáculo ofrecido en las negociaciones y una caída del apoyo laborista por la ambigüedad de su líder, Jeremy Corbyn, lo cierto es que los defensores del brexit siguen sacando músculo. El partido de Nigel Farage podría alcanzar el 30 % de los votos y convertirse en primera fuerza.

Candidatos irrelevantes

La campaña política, marcada por la superficialidad de los debates, los eslóganes facilones y la irrelevancia de los candidatos, no ha ayudado demasiado a movilizar el voto. Según YouGov, solo el 26 % de los alemanes habían oído hablar de su compatriota y líder de los conservadores, Manfred Weber. Lo mismo ocurre con el abanderado de los socialdemócratas, Frans Timmermans. La campaña del vicepresidente holandés de la Comisión ha transcurrido al rebufo del nuevo paladín de la socialdemocracia europea, Pedro Sánchez, quien puede granjearle un buen puñado de votos. Por no hablar de los liberales (ALDE), quienes han saboteado el proceso del Spitzenkandidaten para no desvelar quién es su candidato favorito. Optaron por crear una lista (Equipo Europa) integrado por hasta seis miembros, entre ellos la actual comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, o el responsable para el brexit en la Eurocámara, Guy Verhofstadt. Los reformistas del ECR presentan al checo Jan Zahradil, cuya presencia pasa desapercibida incluso en la burbuja de Bruselas. Los Verdes apuestan por dos candidatos. El activismo y la buena acogida entre el votante más joven ha convertido a la alemana Ska Keller en la preferida del grupo, pero el electorado sigue sin ponerle cara. La Alianza Libre Europea (EFA) apuesta por un candidato virtual solo conocido en España y dentro de las corrientes nacionalistas europeas: Oriol Junqueras. El líder de ERC quiere concurrir a las europeas desde su celda en Estremera. ¿Qué hay de la izquierda europea (GUE)? Un sindicalista belga, Nico Cué, y la eslovena Violeta Tomic completan la lista de rostros conocidos en su casa.

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