El cargo extra de un bar vasco a un cliente «muy bromista»

El ticket se ha hecho viral al cobrar diez euros más «por tocar los cojones»


Redacción / La Voz

Cuatro verdejos, 6,40 euros. Dos copas de crianza, dos euros. Una copa de champán, 2,50 euros. Un Viña Real, 1,60 euros. No, el final de este ticket no es el mítico «para todo lo demás mastercard». Es mucho más increíble. Los protagonistas son los dueños de un bar en Bermeo, llamado Eguzki, que incluyó un cargo en la factura del cliente de diez euros más por «tocar los cojones». No se sabe si era debido a que el cliente hizo algún tipo de reclamación sobre la temperatura a la le sirvieron los vinos, o si hubo tardanza. Igual para este extremo habría que enviar allí a un equipo de Pesadilla en la cocina encabezado por Alberto Chicote

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El caso es que el ticket se ha hechor viral, tal y como ha explicado a una reportera de Espejo Público una de las camareras. «Es un bromista y siempre se mete conmigo, aunque sin faltar al respeto», aseguraba refiriéndose al cliente en cuestión. «Al ver en Internet un ticket igual se me ocurrió. Se lo comenté al jefe y me dijo que sí, que lo hiciéramos», detallaba, señalando además que el cliente no se lo tomó a mal y pagó con gusto el cargo extra. 

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El comensal no debe pagar por esto

Laura G. del Valle

Un local de Logroño cobró 30 céntimos más a un cliente por un pollo «muy hecho»; chefs gallegos se oponen, pero defienden suplementos como el de terraza y el de pan

Ni es la primera vez que sucede ni el montante es tan abultado. Pero esto no significa que, a ojos de la mayoría, deje de parecer osado que un restaurante le cobre un suplemento a un cliente por pedir la carne más hecha. Cierto es que implica tiempo, y un gasto en electricidad. Pero del mismo modo es una realidad, como explican las fuentes consultadas para elaborar este reportaje, que atenta contra el sentido común, porque este contratiempo (que ni tan siquiera lo es) forma parte del conjunto de servicios que debe ofrecer la hostelería. Por otro lado, cada uno entiende el punto de la carne a su manera. En este caso, el cliente del local Entrepuentes, en Logroño, consideró que su pollo tex-mex no estaba lo suficientemente cocinado para el disfrute de su paladar. Pidió que se lo pasaran más por la plancha y, en el tique, figuró como un extra de 30 céntimos. Exactamento igual, incluso en el coste, que el suplemento que cobraba un chiringuito de playa en Formentera cuando el comensal pedía la carne «muy pasada». Los clientes se quejaron. Y, en Galicia, los responsables de restaurantes de renombre, avalan la actitud de estos clientes. «Ahí los locales se pasan de la raya».

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