Con Iglesias, tampoco


El pasado 28 de abril, al filo de la medianoche, la calle Ferraz era un clamor. «Con Rivera no», clamaban con fuerza unas decenas de militantes socialistas que acudieron a aplaudir la victoria de Pedro Sánchez en las urnas. El presidente en funciones sonrió y dijo un escueto «tomo nota» justo antes de presumir de generosidad frente a sus rivales.

El grito de las bases socialistas y la aritmética parlamentaria hacían presagiar una cómoda alianza «progresista» entre el PSOE y la coalición de coaliciones situada a su izquierda, con el apoyo de una cascada de formaciones de corte nacionalista, más o menos constitucionalistas, para la investidura.

Pero Sánchez no estaba, ni está, dispuesto a ceder un milímetro del poder al que tanto le ha costado llegar. La desconfianza hacia Podemos se ha multiplicado. Y las estrategias para debilitar a Pablo Iglesias, también.

Pedro Sánchez ha completado la coplilla de la militancia del 28 de abril añadiendo al «con Rivera no» un contundente «con Iglesias, tampoco». El resultado son más de cien días de bloqueo, el caos en la financiación autonómica, la parálisis en las inversiones y una amenaza cada vez más consistente de una nueva cita con las urnas en la que nadie las tiene todas consigo.

El problema es que ninguno de los actores en conflicto está dispuesto a ceder. Iglesias sabe que 123 diputados condenan a Sánchez a una legislatura corta. El presidente en funciones presiona a su teórico aliado con la amenaza de su examigo Errejón y el caos interno que reina en Unidas Podemos. Ciudadanos no quiere servir de coartada a sus adversarios en el bloque de la derecha convirtiéndose en la muleta de Sánchez. La batalla ya solo se basa en ver quién construye el relato. Pero el país sigue a la deriva.

Comentarios

Con Iglesias, tampoco