El Supremo portugués confirma la multa a los propietarios de animales, residentes en una casa de campo de Braga, y les obliga a cambiar la ubicación del gallinero
25 oct 2019 . Actualizado a las 09:07 h.Todo comenzó en el verano del 2012. Los propietarios de una casa de campo situada en el término municipal de Braga decidieron construir un gallinero. Pero este galpón, destinado a la cría de gallinas y conejos, estaba a solo cuatro metros de la ventaja del cuarto de los vecinos más cercanos. Y, como recoge el diario luso Correio da Manha, la polémica no tardó en llegar. El ruido de las aves y el olor que desprendían molestaba a los vecinos, que acabaron llegando a los tribunales reclamando una indemnización y que se respetaran las condiciones que garantizaran su calidad de vida.
Así empezó una guerra judicial. Los denunciantes perdieron la primera batalla, pero optaron por recurrir la decisión inicial de los tribunales. En el segunto envite los dueños de las gallinas y los gallos (unas diez aves) fueron considerados culpables y se estableció el pago de una indemnización de 1.000 euros. El Tribunal Supremo de Portugal acaba de confirmar esa sentencia, que considera justa por el «barullo estridente» que producen los animales. Además, ordena el traslado de las aves a un recinto en el que no molesten el descanso de ninguno de los vecinos.
Se considera probado que entre las tres y las cinco de la mañana los gallos y las gallinas interrumpían el sueño de los que dormían en la habitación más cercana con los fuertes sonidos que emitían. La sentencia señala que los afectados no conseguían dormir de una forma «regeneradora y adecuada» y que ya sufrían síntomas de la falta de descanso. Y aunque en las reflexiones se explica que en las zonas rurales hay que tolerar los ruidos provocados «por animales domésticos legítimamente criados» por los habitantes de este tipo de áreas» y soportar ciertas incomodidades, también se expone que esas limitaciones deberán ser proporcionadas para que todos puedan vivir en sociedad, de forma conjunta.
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Una sentencia muy distinta en Francia
Este año se hico muy célebre en Francia otro caso de un animal doméstico que molestaba a sus vecinos: el del gallo Maurice. En este asunto un tribunal galo a favor de la propietaria, a la que habían denunciado los dueños de una vivienda cercana porque el ave los despertaba de forma habitual al amanecer. El Tribunal Penal de Rochefort falló contra la pareja que había demandado a la dueña porque Maurice les impedía descansar en su segunda vivienda, ubicada en la isla gala de Oleron. La diferencia es que en este caso fue antes el gallo que los denunciantes, que fueron condenados a pagar 1.000 euros por daños a la propietaria. «Han sido desplumados. Espero que esto genere jurisprudencia. Así todos estarían protegidos, las campanas, las ranas... », manifestó entonces el abogado de Corinne Fesseau, la dueña del animal. El letrado hacía así referencia a otras denuncias similares que están llegado a los tribunales franceses en los últimos tiempos y que han enfrentado a los vecinos de toda la vida con los veraneantes o los nuevos habitantes llegados de otros entornos más urbanos. «¿Por qué no aprueban una ley de Mauricio para proteger todos los ruidos rurales?», añadió.
La causa judicial abrió el debate en toda Francia. Hasta algún diputado nacional se posicionó en esta cuestión diciendo que las zonas rurales lo son todo el año y defendiendo que hay que aceptarlas con todas sus singularidades, con sus ventajas, pero también con sus inconvenientes. Pero el Supremo portugués acaba de destacar que todo tiene sus límites, sobre todo cuando el gallinero se levanta en las narices de un vecino que ya residía allí.