Merz se postula como sucesor de Merkel tras la crisis de Turingia

La CDU podría tener nuevo jefe y candidato a la cancillería el 24 de febrero

Kramp-Karrenbauer y Merkel en la convención de la CDU celebrada el noviembre en Leipzig
Kramp-Karrenbauer y Merkel en la convención de la CDU celebrada el noviembre en Leipzig

Berlín / Corresponsal

La política alemana atraviesa un momento complicado, desde que el lunes pasado Annegret Kramp-Karrenbauer, considerada la heredera de Angela Merkel en el 2021, anunciara que abandona la lucha por la cancillería y la presidencia de la conservadora CDU. «Ambas funciones van de la mano», argumentó la conocida como AKK, que sí mantendrá su puesto como ministra de Defensa. La católica de 57 años y firme europeísta se labró una carrera como líder del Sarre, el Land donde nació, y luego como secretaria general de la CDU. Hasta que en diciembre del 2018 fue aupada como nueva jefa del partido por Merkel, que con una figura afín a ella, quería dejarlo todo bien atado antes de retirarse.

¿Por qué ha dimitido?

La gota que colmó el vaso fue la maniobra por la cual el candidato liberal, Thomas Kemmerich, se impuso como primer ministro de Turingia gracias al apoyo de la CDU y de la ultraderechista AfD, sobre la que pesaba un cordón sanitario tanto federal como regional. Con ello los correligionarios de AKK en el Land situado en el este de Alemania se apartaron de la línea del partido, y rompieron un tabú. Se trata de la primera vez en la historia de la posguerra alemana que alguien es nombrado dirigente con votos ultras. La llamada «elección de la vergüenza» ha desencadenado protestas multitudinarias —ayer mismo miles de personas volvieron a protestar en las calles de Turingia— pues se ha producido precisamente en la región en la que Adolf Hitler llegó al poder en 1930 mediante una alianza con la derecha tradicional, y la misma en la que la formación ultra está hoy liderada por una de sus figuras más radicales. El episodio puso de manifiesto la mala gestión por parte de AKK, que no supo imponer el cordón sanitario en Turingia. Sin embargo, la delfina de Merkel llevaba tiempo sometida a una gran presión, debido a sus problemas para convencer al electorado y a sus correligionarios. A su falta de carisma y sus meteduras de pata en público, hay que sumarle los golpes que le ha ido propinando la fracción más derechista de la CDU y su caída en las encuestas.

¿Qué le espera ahora a la CDU? 

Se abre un período de incertidumbre dentro del partido conservador, que busca nuevo líder al tiempo que sucesor para Merkel en plena crisis de identidad y con los sondeos en contra. La cuestión de fondo es si girar a la derecha, para tratar de recuperar a los votantes que se han fugado a la AfD, o apostar por el centro, siguiendo el rumbo de la canciller.

¿Habrá un viraje, dependiendo del candidato?

Todo apunta a que el viraje se producirá tarde o temprano. De entre los candidatos que se barajan para suceder a AKK el más probable es Friedrich Merz, un hombre de negocios que se dedicaba a la política, antes de quedar relegado por la canciller a finales de los años noventa. Ya optó a la presidencia de la CDU, pero perdió por la mínima ante AKK. Ahora Merz, miembro de la denominada Unión de Valores, que acusa a Merkel de haber socialdemocratizado el partido, regresa pisando fuerte. Además figuran en la lista el joven, ambicioso y deslenguado ministro de Sanidad, Jens Spahn, que parte con desventaja por su falta de experiencia, y el líder de la CSU y primer ministro bávaro, Markus Söder, cuya designación resultaría una sorpresa, pues lo normal es que ambas formaciones hermanas presenten un candidato conjunto y, salvo excepciones, suele ser de la CDU. La única esperanza de que los conservadores no se derechicen es que gane la carrera por la sucesión Armin Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia y seguidor de la línea centrista.

¿Cómo y cuándo se producirá el relevo?

La propia AKK lo organizará. Aunque el último proceso, del que ella salió elegida hace poco más de un año, pasó por una serie de conferencias en las que los candidatos se presentaban ante la militancia, esta vez la presión obliga a acelerar los trámites. Su intención era definir al sucesor para la cancillería de aquí al verano, para que los delegados de los 16 estados federados le ratificasen como tal y como nuevo líder del partido durante el congreso que la CDU celebra cada año en diciembre, como es habitual. En ese momento la delfina de Merkel, que iniciará los primeros contactos con potenciales candidatos esta semana, dejará la presidencia. No obstante, varios miembros de la CDU y la CSU tacharon el plan de «absurdo». Conscientes de que diez meses de proceso marcados por las disputas internas y la debilidad de su jefa podrían costarles aún más votos, instaron a AKK a resolver el dilema cuanto antes. Por ello no es de extrañar que una fuente de la formación asegurara que la otrora mini-Merkel podría proponer a su relevo ya el próximo 24 de febrero.

¿Cómo influirá en la gran coalición de Gobierno?

El rumbo que adopte la CDU de la mano de su nuevo líder será decisivo para la supervivencia del Ejecutivo. El SPD, socio de los conservadores en la gran coalición, amenaza con romper la alianza si la CDU se derechiza. Especialmente después de que el año pasado, tras pasar su propio calvario fruto de la crisis del bipartidismo, eligiera como jefes a Norbert Walter-Borjans y Saskia Esken, representantes de la corriente izquierdista de la formación. De producirse la ruptura, es muy probable que el país convoque elecciones anticipadas. Unos comicios que solo perjudicarían aún más a conservadores y socialdemócratas y beneficiarían a la AfD y Los Verdes, las únicas fuerzas al alza. Pero además, el SPD también amaga con abandonar la gran coalición de Gobierno si Merkel cede el poder antes del 2021, la fecha en la que está previsto que concluya su cuarta legislatura. Ello descarta la posibilidad de que se produzca una sucesión directa. «Alemania necesita estabilidad con una canciller internacionalmente respetada», afirmó Söder.

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