Yo me quejo, tú te quejas


Hay una imagen de un tipo con una pancarta que anda corriendo como la pólvora por las redes. El cartel que levanta en la mano como un eslogan pone una frase demoledora, pero que nos representa: «¿En qué fase dejáis de quejaros por todo?». Y creo que a estas alturas de la crisis esa pancarta representa la actitud de muchos en estos momentos. Aquí nos va más demoler que construir, más criticar que hacer, más la queja que la solución, de modo que nos cuesta ponernos casi siempre en la piel de los demás. Mejor exigir que ayudar, mejor deshacer que arrimar el hombro cuando las cosas se ponen chungas. Tal vez esa sea la causa de tanta frustración generalizada y de tanta mala leche cuando la culpa no ha sido de nadie, y en cualquier caso de ser de alguien, sería nuestra, que hemos estado acelerando una pandemia con nuestras malas acciones sobre los animales y la naturaleza. Así que si ahora lo que nos toca es poner solución al problema, es mejor que dejemos cuanto antes de tocarnos las narices unos a los otros y ponernos a remar juntos si queremos flotar y no ahogarnos. Claro que si se trata de sobrevivir unos a costa de matar a otros, entonces esto no ha hecho más que empezar. Quejarse es un verbo que define a los débiles, a las personas que antes de preocuparse por dar a los demás esperan que el otro le arregle el problema. Protestar es un desahogo, ¿soluciona algo?

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Yo me quejo, tú te quejas