Retiran el vallado de seguridad del complejo gubernamental
23 mar 2021 . Actualizado a las 17:42 h.Los fieles del expresidente Donald Trump que asaltaron el Capitolio el pasado 6 de enero podrían enfrentarse a una acusación por sedición con penas de hasta 20 años de cárcel. Las múltiples imágenes del ataque y comentarios en redes sociales de los detenidos son las pruebas con las que cuenta la Fiscalía para llevarlos ante los tribunales por un delito de conspiración para derrocar al Gobierno.
«Creo que los hechos apoyan esos cargos, y creo que, conforme avanzamos, más evidencias respaldarán eso», confirmó el fiscal federal Michael Sherwin, líder de la investigación del ataque, el domingo en el programa 60 minutos de la cadena CBS News.
El Departamento de Justicia estadounidense rara vez ha presentado cargos por sedición. La última vez fue en el 2010 cuando acusó a varios miembros de una milicia de Míchigan de conspirar para provocar un conflicto armado contra el Gobierno, entonces bajo la presidencia de Barack Obama. Fueron absueltos al no existir pruebas suficientes para demostrar que hubo un acuerdo concreto. La situación se complica cuando se trata del asalto al Capitolio, ya que fue el propio Trump el que animó a la turba a marchar hacia el edificio para boicotear la certificación de la victoria del demócrata Joe Biden programada para ese día.
Responsabilidad de Trump
Sherwin fue ambiguo sobre una posible acusación contra el exmandatario. «Es inequívoco que Trump fue el imán que atrajo a la gente», reconoció, para dudar a continuación sobre la culpabilidad penal del republicano sobre la violencia desatada durante la insurrección. Las autoridades han imputado a 400 personas por presuntos delitos que van de los cinco a los 20 años de cárcel.
El 80 % de los acusados asediaron el Capitolio, mientras que hay un centenar de sospechosos de haber agredido a agentes de policía, muchos de ellos pertenecientes a grupos de ultraderecha como los Proud Boys, Oath Keepers y Three Percenters.
El nivel de amenaza de los extremistas ha descendido en las últimas semanas, por lo que la policía del Capitolio ha comenzado a retirar el vallado de seguridad que rodea el edificio y la Casa Blanca, colocado tras el asalto. Washington recuperará cierta normalidad con la vuelta a casa en los próximos días de los 2.500 soldados de la Guardia Nacional que aún patrullan el complejo gubernamental.
Pero la capital de EE.UU. no baja la guardia. Los legisladores recibirán un curso de entrenamiento sobre cómo actuar en caso de un ataque violento y los demócratas han presentado una propuesta de ley para convertir el distrito de Columbia, donde se encuentra Washington, en el 51.º estado. El cambio de estatus les permitiría elegir un gobernador en vez de un alcalde, tener representación en el Congreso y autonomía para actuar en caso de emergencia. Estas carencias dificultaron la previsión y la respuesta al asalto.