Juanma Moreno, el barón moderado que acabó con la hegemonía socialista

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa REDACCIÓN / LA VOZ

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Edgardo

En enero del 2019, llegó a la presidencia de la Junta de Andalucía después de perder las elecciones gracias a un Ejecutivo de coalición con Cs y el apoyo de Vox. En el 2022, las ha ganado con una rotunda mayoría absoluta

19 jun 2022 . Actualizado a las 23:26 h.

Como tantos miles de andaluces, Juan Manuel Moreno Bonilla (Barcelona, 1970) nació en una familia de emigrantes en la Cataluña industrial del desarrollismo. Su padre fue delineante en las fábricas de Hispano-Olivetti y Seat y su madre trabajó en unos grandes almacenes hasta que, solo unos meses después de su nacimiento, regresaron a Málaga y, con los ahorros, consiguieron una licencia de taxi y montaron una pequeña droguería. Juanma Moreno, que prescinde del Manuel y del segundo apellido —por el que solo le llama ya Macarena Olona, que insiste en referirse a él como Bonilla— presume de ser nieto de jornaleros e hijo de la clase trabajadora para afianzar la imagen de moderación con la que ha forjado su carrera en una comunidad que, hasta su llegada al palacio de San Telmo, se había mostrado alérgica a los Gobiernos de derechas.

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Paradójicamente, Moreno alcanzó en enero del 2019 la presidencia de la Junta de Andalucía después de perder los comicios de diciembre del 2018 —en los que se impuso la socialista Susana Díaz (33 diputados)—, igualando el peor resultado del PP: 26 escaños, los mismos que obtuvo en 1990 el hoy olvidado Gabino Puche. Para encontrar un registro peor, hay que remontarse a la Alianza Popular de Fraga Iribarne, que en la primera cita con las urnas en 1982 sumó solo 17 actas con Antonio Hernández Mancha como cabeza de cartel. Pero de la dulce derrota de Juanma Moreno salió un Ejecutivo de coalición con Cs y el apoyo de Vox que acabó con 36 años de hegemonía socialista. Cuatro años después, ha ganado con una rotunda mayoría absoluta.

Desde entonces, ha consolidado su papel institucional como presidente de la Junta, al que recurrió incluso durante los dos debates de la campaña, en los que optó por no bajar al fango. Prefirió mantenerse a un palmo del suelo, lejos de las disputas terrenales de los otros aspirantes. A Moreno Bonilla le gusta vestir el traje presidencial más que el de candidato y su gestión durante la pandemia también le sirvió para subrayar su perfil propio, lejos de la confrontación con el Gobierno central a la que se aferró Isabel Díaz Ayuso, con la que marca distancias siempre que puede.