La Policía detecta un auge de la violencia pandillera en Asturias

Alerta sobre la existencia de grupos de adolescentes y menores que actúan en la zona central asturiana y seleccionan a sus víctimas para agredirles sin motivo


Redacción

Eligen a sus víctimas al azar para robarles y les agreden, con gran violencia, a puñetazos, patadas e incluso con palos o armas blancas, sin mediar palabra, ni provocación previa alguna. Son grupos de jóvenes, entre los que hay tanto menores de edad como adolescentes, que están operando de forma muy activa en los últimos meses, especialmente en la zona central asturiana, y que han hecho de las palizas su modo de vida para conseguir un móvil de última generación, dinero o los objetos de valor que puedan portar en ese momento las personas a las que seleccionan como si se tratara de un juego de rol.

Las bandas de estos delincuentes juveniles están integradas, en su mayoría, por menores y adolescentes tanto de la etnia gitana como payos, y suelen merodear por las inmediaciones de las estaciones de tren, medio de transporte que ellos mismos utilizan para sus desplazamientos, así como por las fiestas locales o las zonas de copas, durante los fines de semana.

La violencia y agresividad

Entre los integrantes de estas bandas pandilleras se encuentran cada vez más mujeres, que, en la mayoría de las ocasiones, son las que inician las peleas cuando entre sus víctimas hay chicas, según confirman fuentes policiales. «A veces son bandas que no tienen conexión alguna entre sí y actúan de forma independiente. Lo que sí estamos comprobando es que en muchas de estas bandas hay gitanos, payos y menores que ejercen una gran violencia y muestran una gran agresividad, incluso de forma absolutamente desproporcionada», señalan.

Fuentes policiales corroboran que, en los últimos meses, se ha detectado un incremento de la violencia pandillera. Estos jóvenes delincuentes suelen actuar en el perímetro de las calles del Oviedo Antiguo, en la capital asturiana, mientras que en Gijón son frecuentes sus actuaciones en la zona de Fomento y en la calle Marqués de San Esteban. Su actividad delictiva se extiende también a Lugones, La Corredoria y Llanera.

La Policía tiene identificados a muchos de estos jóvenes agresores. Si son detenidos, los adultos pasan a disposición del juzgado de guardia, mientras que los menores de edad pasan a la de la Fiscalía de Menores. Sin embargo, según explican algunas de las víctimas, las medidas adoptadas son insuficientes, por lo que reclaman un mayor endurecimiento de las penas. «El problema es que se creen impunes porque, cuando son menores, los dejan bajo la custodia de sus padres y aquí no pasa nada. Siguen dando el palo y la peor parte la llevamos nosotros», se quejan algunas de las víctimas en sus testimonios a este periódico.

«Yo corría. Sólo quería escapar», asegura una víctima

Uno de estos testimonios es el de F.P., que fue agredido en La Corredoria, un punto caliente en los últimos meses en la actuación de estos pandilleros. A la brutal paliza sufrida en las recientes fiestas de este barrio ovetense, de la que fueron víctimas los jóvenes D.M. y O.V., la semana pasada, se suma la agresión sufrida, hace apenas cinco meses, por F.P., un joven de 18 años recién cumplidos, que ha accedido a relatar su experiencia, una vez que ha empezado a superar el miedo, aunque reconoce que «hoy en día sigo mirando a todos los lados por si me encuentro a los que me agredieron».

A F.P. no se le olvida que la agresión se produjo un domingo a las 21.30 horas, cuando llegó a la estación de La Corredoria, en un tren procedente de Oviedo. A esa hora, en el apeadero sólo había dos jóvenes que le pidieron dinero. Él, en principio, se negó a dárselo. «Era domingo y no había vigilancia alguna en la estación. Eran las 21.30 horas. Sólo estaban dos chicos, uno de ellos fornido, el otro más delgado. Me pidieron dinero para salir de la estación. Yo les dije que llevaba tarjeta y que podíamos pasar los tres por el torno. Me contestaron que no, que preferían que les diera el dinero. Recuerdo que llevaba monedas sueltas, pero ellos fueron a quitarme la cartera en busca de billetes. Yo sujetaba la cartera por un lado y ellos tiraban del otro. Conseguí coger la cartera salí corriendo. Pero ellos me taparon las escaleras y no podía pasar», rememora.

«Se quedaron con mi cara y no quiero jaleos»

F.P. recuerda que, tras el forcejeo por evitar que le sustrajeran la cartera, él sólo pensaba en salir corriendo. «Fue todo muy rápido. Empezaron a darme patadas. Yo marché corriendo y se metieron en un coche. Sólo me centraba en escapar de ahí. Quería llegar a mi casa cuanto antes, pero di un rodeo espectacular porque tenía miedo de que estuvieran siguiéndome».

El joven llamó a la Policía y desde centralita le contestaron que iban a mandar a un coche patrulla, pero no llegó a oficializar la denuncia. A la semana siguiente, volvió a coincidir con uno de los agresores, de nuevo, en la estación de tren.  Esta vez el chico que estaba más fornido iba acompañado de otro. «El que había visto la vez anterior, castaño y con mechas rubias, le dijo a su compañero que tendría sobre unos 15 ó 16 años: 'pero mira quién está ahí. Nos hemos quedado con tu cara'. Ese día me pidieron tabaco. No me hicieron nada, pero yo me asusté», indica.

Aunque se planteó denunciarles inicialmente y es consciente de que sin denuncias sus agresores seguirán actuando con otras víctimas, dice que tiene miedo a las represalias porque «se quedaron con mi cara y no quiero jaleos».

«Eran unos 'guajes' pero llevaban navajas»

Una situación similar es la que vivió el joven D.F., que fue agredido «a puñetazos y patadas» cuando en compañía de un amigo se dirigía a la zona del Oviedo Antiguo a tomar unas copas durante el fin de semana y tuvo «el atrevimiento de decirles a unos chicos que eran más pequeños que nosotros y que nos pidieron dinero, que no llevaba encima nada. En ese momento, se abalanzaron sobre mí y caí al suelo. Eran unos guajes, pero llevaban navajas y tuve que darles lo que llevaba, que debían ser 20 euros, ya ni me acuerdo del dinero que llevaba. Me quitaron el móvil, de eso sí me acuerdo bien, que era un Iphone que estaba nuevo».

D.F. asegura que su amigo también recibió golpes, «pero le dieron menos que a mí, porque él no les contestó», explica. El joven y su amigo denunciaron el robo del móvil en Comisaría, pero comentan que no hablaron de la agresión, ni tampoco fueron a un centro sanitario. «Dijimos que no sabíamos cómo nos habían robado el Iphone, pero no quisimos problemas, aunque el policía que tomó la denuncia no paraba de decirnos que si era un hurto o si había sido un atraco. Yo creo que no nos creyó. Mis padres se enteraron después, pero preferimos dejarlo así, aunque también ellos querían que denunciáramos». D.F. y su amigo, del que prefiere no facilitar sus datos, aún no han superado del todo el trauma. «No queremos recordarlo mucho. Fue brutal y no es fácil superarlo, pero se superará del todo o eso dicen», ratifica.

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