Redacción

¿Tienen sentido en pleno siglo XXI las carreras de Humanidades? ¿Hay miles de alumnos locos que cada curso se matriculan en grados de Filología, Historia o Filosofía? ¿Son una condena al desempleo o tienen futuro? Estas son solo alguna de las preguntas que surgen cuando las autoridades políticas y universitarias debaten sobre el futuro de la formación superior. Son también preguntas que surgen cuando llega la hora de justificar la financiación o la oportunidad de titulaciones que apenas tienen estudiantes matriculados. Muchos pueden tener dudas pero los principales interesados no. Graduados y estudiantes de Humanidades de la Universidad de Oviedo se niegan a vivir en un mundo en el que las ciencias primen sobre las letras, en las que unas carreras sean superiores a otras. No conciben el mundo sin las letras y niegan estereotipos como ese que dice que «todos los estudiantes de letras son tontos». Son estudiantes por vocación y, al mismo tiempo, jóvenes que quieren encontrar una oportunidad en el mercado laboral. Saben que será difícil pero están convencidos de que hay un hueco para ellos. Nueve de ellos, todos del campus de El Milán, cuentan sus expectativas a La Voz. 

Pasión por las Humanidades

Existe una visión negativa en torno a las Humanidades, en la que influyen aspectos como el reconocimiento social o el hecho de que muchos padres quieren lo mejor para sus hijos en el futuro y creen que las ciencias les pueden dar una mejor empleabilidad. Este es el caso de un estudiante del Grado en Historia, Gabriel Alonso Díaz: «Cuando acabé cuarto de la ESO, planteé la opción de que quería estudiar el bachiller de Humanidades. Me aconsejaron estudiar ciencias e hice caso porque, en verdad, no me desagradan. Pero realmente mi vocación es la historia y por ello, llegado el momento de decidir lo tuve claro».

Sin embargo, Gabriel Alonso no es el único caso de alumnos que, a pesar de tener buenos expedientes, decidieron desafiar las reglas e ir más allá de los estereotipos que comúnmente tiene la gente al respecto del mundo de las Humanidades. Por ejemplo, Héctor Gándara Conde o Ángela González Fernández son dos alumnos que tienen un recorrido universitario similar. Ambos comenzaron el Grado en Lenguas Modernas y sus Literaturas y ahí descubrieron una verdadera vocación hacia el español. Por ello, decidieron realizar posteriormente el Grado en Lengua Española. Son dos alumnos que, a pesar de tener las aptitudes pertinentes para haber estudiado un grado de ciencias, su vocación fue tan clara desde pequeños que en ningún momento se plantearon estudiar otra cosa a pesar de los obstáculos que todo el mundo les decía que iban a tener que sobrepasar. Ángela González comenta: «Creo que todo es cuestión de habilidades. Cada persona tiene las suyas propias y las mías son las letras. No estoy en este campus porque no tenga otras aptitudes sino por vocación». Por otro lado, Héctor Gándara explica: «Lo mío es vocación. Siempre me ha gustado conocer distintas culturas además de la evolución tanto del hombre como de la lengua».  

Estos no son los únicos alumnos de El Milán que opinan que quien está ahí, por regla general, es por vocación. Nerea Fernández Martínez, estudiante del Grado en Historia, cuenta: «Tuve una profesora que despertó en mí una pasión por la historia. Gracias a ella estoy en este grado si no, hubiera optado por otro,  pero siempre de Humanidades. Esto es mi vocación desde que era pequeña». Alexis Fernández Acerete y David González Palomares, también estudiantes de Historia, opinan algo muy similar a su compañera: «Vocación desde la infancia, no me imagino en otra cosa».

La desvalorización está afectando a la empleabilidad

El grupo de estudiantes de la Universidad de Oviedo cuenta que la situación laboral hoy en día es complicada. En su mayoría piensan que quizá el mundo de las letras lo tiene más complicado porque no se le da los recursos necesarios, como sí se le prestan a las ciencias. David González cree que «las humanidades no reciben las mismas ayudas para la investigación que el campo científico y esto, claramente, nos perjudica en el futuro». Estos chicos tienen claro que lo suyo es el mundo de la docencia, no porque sea la única salida de su grado sino porque esa es su vocación. Uno de sus grandes objetivos es poder transmitir el día de mañana a sus alumnos su pasión por las letras y hacer que se enamoren de ellas además de demostrar que estas no son aburridas. Aunque sí es cierto que la docencia es lo que más llena a estos estudiantes cuando miran hacia su inserción laboral, hay otras salidas que también les interesan como el mundo de la investigación, pero reconocen que eso tiene «una difícil entrada». Solo una de las estudiantes, Nuria García Calleja, enfoca su futuro por otro camino, ya que su pasión es el mundo de la traducción y en la educación no tiene cabida. 

Critican que en la facultad no han recibido orientación sobre el mundo laboral por parte de los profesores. Tampoco les explican las salidas que tienen sus grados y desconocen si hay algún departamento de orientación al que puedan acudir. Aseguran que si dicho departamento no existe deberían crearlo, porque les sería de gran utilidad a muchos estudiantes. Por otro lado, señalan que si existe deberían publicitarlo más. 

El problema de las letras, según Ángela González, es que «están más ligadas a las oposiciones y, desgraciadamente, a veces, ni siquiera tener un doctorado es sinónimo de trabajo». Casi todos dejan claro que el mundo laboral está complicado en cualquier ámbito, aunque aseguran que el suyo puede que lo tenga algo más difícil. Por culpa de esa desvalorización que está sufriendo, actualmente, el mundo de la Filosofía y las Letras. 

Los estereotipos son exageraciones

Los alumnos quieren que se dejen atrás ciertos estereotipos que giran en torno a las carreras y a los que las estudian. Por ello, dicen estar «hartos» de que se les tache de vagos porque supuestamente en las letras no se hace nada o que se les juzgue por su apariencia física.  Elna Fernández González, estudiante del Grado en Estudios Ingleses, dice que no concibe «un mundo sin humanidades porque son la base de todo, son muy necesarias al mismo nivel que otras carreras. Mi campus es el sitio en el que todo vale y nadie te mira por encima del hombro y eso me gusta». Tanto Nuria García Calleja como Clara Díaz Bayón, ambas exestudiantes del grado en Estudios Ingleses coinciden en opinión. «El problema de reconocimiento social que tienen las Humanidades es que no son un trabajo que tiene visibilidad física, pero esto no quiere decir que tengan menos importancia. El problema reside en que, por ejemplo, tú ves un puente y ves el resultado físico de un ingeniero en el caso de los humanistas, esto no es así, nuestra labor va intrínseca. Pero ¿quién forma a ese ingeniero que construyó el puente?, ¿gracias a quién a sabe leer y escribir?», sentencian.

Algo en lo que están rotundamente de acuerdo todos es en que hay que dejar de lado los prejuicios respecto a la apariencia física o la vestimenta que puede tener un estudiante de El Milán: «No todos somos perroflautas ni fumamos porros, pero el encanto de nuestro campus es que cada uno pueda ser lo que quiera e ir como quiera y nadie lo va a juzgar». Creen que deberían dejarse de lado estereotipos absurdos que salen del desconocimiento. Al final, no dejan de ser simples exageraciones.

Si algo ha quedado recalcado por todos estos jóvenes, es que les gustaría que se les valorase más, ya que no entienden porque un humanista de siglos pasados es venerado y en cambio, en la actualidad, los humanistas supuestamente no sirven para nada; piden que se les dé el mismo reconocimiento que a otras carreras y que la vocación de un científico no se sienta superior a la de un humanista; que se dejen de lado creencias como que en humanidades solo van los tontos que no entienden las ciencias o que sus carreras solo sirven para hacer cola en el paro.

Estos chicos se sienten orgullosos del camino que han escogido y si tuvieran que dar el tiempo atrás volverían a hacer lo mismo. Finalmente, han querido invitar a la gente a reflexionar sobre qué pasaría si las humanidades desaparecieran. Ellos tienen claro que sería «terrorífico», «apocalíptico», o una «catástrofe», ya que todos aseguran que las humanidades son la base de todo ser humano, puesto que de ahí viene la cultura, el pensamiento crítico, la comunicación o el valor del arte.

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Estudio letras porque me da la gana