Las limpiadoras de las oficinas de Liberbank no están cobrando

El colectivo denuncia que su nueva empresa no les paga y sigue sin suministrarles material para trabajar. Tampoco están fichando

Cartel de protesta por las condiciones de las trabajadores de la limpieza en Liberbank
Cartel de protesta por las condiciones de las trabajadores de la limpieza en Liberbank

La inmensa mayoría de las limpiadoras de las oficinas de Liberbank todavía no ha cobrado. Ninguna espera sueldos millonarios. La horquilla rara vez supera los 400 euros. Hay muchos ingresos de 100 y 200 euros por jornadas semanales que llegan a ser de únicamente 20 minutos. Pero desde que en enero el Grupo Net se hizo cargo del servicio, los problemas no han dejado de crecer. El último supone que las trabajadoras ni siquiera han percibido su sueldo. También se quejan de la falta de material y de uniformes para trabajar, de que se les ha suspendido el abono de kilometraje y, sobre todo, del tijeretazo que quieren imponer en sus horarios aprovechando la subrogación de su anterior empresa (Acciona). Están convencidas de que todo está relacionado con su negativa a aceptar la pérdida de derechos que se les pretende aplicar, con esas jornadas de incluso de 20 minutos. Están en manos de los sindicatos, que recuerdan que las subrogaciones de personal deben realizarse en las mismas condiciones. 

«Nuestra situación se está volviendo peliaguda», responde unas de las limpiadoras de oficinas de Liberbank que habla en nombre del colectivo en las cuencas. Reconoce que poco a poco están organizándose para hacer fuerza y que están encontrado el soporte de las centrales sindicales. Pero el retraso en el pago de los salarios es un nuevo golpe. No quiere dar su nombre. Teme alguna represalia. Con el paso de Acciona al grupo Net ya ha perdido más de dos horas de trabajo a la semana. Sin embargo, sigue haciendo la jornada antigua. No ha firmado el nuevo contrato y se niega a aceptar ese recorte. Como ella, la inmensa mayoría. Todas las que se opusieron a firmar ese contrato que un número desconocido les mandó a través de WhatsApp, continuan haciendo el horario completo, sin reducciones. Tampoco aceptan dar su número de cuenta por esa misma aplicación móvil, tal y como le han pedido. «Tienen todos nuestros datos. No necesitan nada más», explica.

En la cuenca del Nalón no tienen problemas con los desplazamientos pero en el occidente sí. Son distancias más largas y ese plus es la línea roja para determinar si les compensa económicamente o no ir hasta otra localidad a limpiar durante unos minutos una sucursal de Liberbank. Lo cuenta Alejandra López, que no tiene ningún reparo en dar su nombre. Cuando supo que le querían quitar el kilometraje y reducir su jornada comenzó a luchar por su cuenta. Ahora ya está respaldada por los sindicatos. Vive en Ribadeo y limpia las oficinas de Ribadeo y Castropol, 84 y 86 minutos a la semana, respectivamente, repartidos en dos días diferentes. Eso era lo que tenía hasta ahora. El Grupo Net pretende realizar un ajuste en el horario y no abonar tampoco los kilómetros. Eso supondría empezar a descontar dinero de los 200 euros al mes que estaba cobrando. No está dispuesta. Si descuenta los desplazamientos, no le sale rentable.

«Es surrealista», señala. Mantiene su horario de los últimos años, aunque nadie lo está controlando, ya que no se está fichando. Su garantía, si algún día alguien le exige que lo justifique, son las cámaras de seguridad de las sucursales, en las que queda reflejada su hora de llegada, su trabajo y la hora de salida. En esas imágenes también se verá que está limpiando en vaqueros, porque carece de uniforme, y cómo está exprimiendo las botellas de productos, porque no se las están reponiendo. En Ribadeo ha recibido algo. En Castropol, nada.

«Es surrealista», insiste. Por WhatsApp le llegó el contrato y también una encuesta de riesgos laborales ya cubierta en la que solo tenía que poner su firma. No rubricó ni lo uno ni lo otro, a pesar de que la han llamado en varias ocasiones. «No daba crédito. Me parecía hasta una broma», explica. Se siente molesta por ella, que lleva cuatro años en el servicio, pero también por otras compañeras con 20 años de antigüedad que tienen miedo a perder el puesto. Ella no siente ese temor a defender sus derechos. Puede compaginar este trabajo con atender a su hijo y a su familia y el dinero no le viene mal pero no está dispuesta a renunciar a sus derechos.

Otras compañeras consultadas por La Voz explican que la gran mayoría no ha cobrado pero no pueden precisar el número exacto. Es un colectivo muy disgregado. Ni siquiera se conocían hasta que no comenzó este conflicto, así que no saben cuántas son con exactitud. Ayer, 10 de febrero, era el último día de pago. Comprobaron sus cuentas y no vieron ingresos. Los grupos de Whatsapp que les han permitido organizarse echaban humo. No quisieron dejar pasar ni un día para denunciarlo.

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