La venganza asturiana contra el pirata Drake

El famoso corsario capturó al almirante gijonés Pedro de Valdés pero, siete años después, fue derrotado en Puerto Rico por el tapiego Méndez de Cancio


No se puede decir que la vida del corsario inglés Francis Drake (1540-1596) fuera muy larga en términos actuales, pues murió a los 56 años de edad, pero desde luego sí muy intensa. Explorador, pirata con licencia real, esclavista, político y, sobre todo, aventurero, en su controvertida biografía figuran dos asturianos que jugaron un importante papel: a uno lo derrotó y el otro le propinó a él una notable paliza que puso, seguramente, fecha de fin a su singladura.

Primero veamos por qué Drake era una bête noir del imperio español. Desde el año 1585, cuando dicen que no se ponía el sol en los dominios de la corona, las dos potencias, Inglaterra (Isabel I) y España (Carlos I y luego Felipe II) estaban en guerra por el dominio de los mares. De modo que la monarca británica envió a Drake a causar todo el daño posible al comercio ibérico, con alarmante eficacia.  

De indudable talento y astucia marinera, muchas veces triunfó el corsario inglés. Una de ellas, tal vez la más sonada, cuando participó en el fracaso de la llamada Armada Invencible. Y aquí aparece (para desgracia de éste) el primer asturiano, Pedro de Valdés y Menéndez de Lavandera. Noble gijonés, había sido nombrado almirante del escuadrón de Andalucía que atacó en 1588 a la armada inglesa. Las cosas, como es sabido, no fueron bien. Valdés perdió su buque insignia, el galeón de 46 cañones Nuestra señora del Rosario; si bien es cierto que los ingleses minimizaron sus propios daños, que fueron cuantiosos. Sea como fuere, el asturiano fue apresado y estuvo confinado en la Torre de Londres durante siete años, hasta que su familia pudo pagar un jugoso rescate.

No todo fueron victorias para Drake, claro está. Después de varias idas y venidas y encontronazos con la flota española, un año más tarde decidió asaltar La Coruña con 180 naves, pero acabó sufriendo un considerable revolcón: perdió, según algunas fuentes, ocho naves frente a unos defensores muy inferiores en número ?entre los que se contaba la célebre María Pita-. Ahora, según de dice, una draga del puerto coruñés podría recuperar algunos de los pecios de la batalla, pero eso es otra historia.

Dulce revancha

Un segundo asturiano se cruza en la vida de Francis Drake seis años más tarde del ataque a La Coruña, con escasa fortuna en esta ocasión para el corsario. Se trata de Gonzalo Méndez de Cancio y Donlebún (San Esteban de Tapia, 1554-1622). Hay que decir que este joven marino, pues se enfrenó al pirata inglés cuando contaba solo 41 años, había sido nombrado ese mismo año de 1595 almirante, y ocupaba la defensa de la colonia de Puerto Rico. Así lo cuenta Javier Á. Cancio-Donlebún en su obra Gonzalo Méndez de Cancio: un almirante asturiano en el ocaso de Francis Drake.

De modo que llegan Francis Drake y otro famoso y sanguinario colega esclavista, John Hawkings, al Caribe, ya en horas bajas tras haber sufrido otras derrotas vergonzosas. Su rutina es la habitual: saquear barcos, secuestrar ciudades y exigir rescates. Pero en San Juan de Puerto Rico la pequeña flota al mando del almirante asturiano, según explica Cancio-Donlebún, le propina un escarmiento. Ya no levantarán cabeza, literalmente, ni él ni Hawkings, pues Drake vagó por el Caribe sin botín e, irónicamente, acabó cayendo bajo las balas, sino que enfermó de disentería y fue sepultado en el mar el 28 de enero de 1596. Hawkings también había encontrado su final dos meses antes.

Por su parte, Méndez de Cancio fue nombrado gobernador de La Florida hasta que regresó a Asturias en 1604 y trajo consigo la gloria y un valiosísimo regalo, pequeño pero de trascendencia: semillas de una planta llamada maíz. Murió pacíficamente en su casa de Casariego el 31 de marzo de 1622 y está enterrado en una capilla construida por él mismo en San Esteban de Tapia.

Algunas mentiras más sobre la mal llamada Armada Invencible

Museo Naval

El Museo Naval desmonta algunos falsos mitos sobre la «Gran Armada»

Continuando el artículo de la semana pasada que dedicamos a desmontar algunos falsos mitos o mentiras sobre la «Armada Invencible», término acuñado por los británicos con intención despectiva, y que calaron sobre todo en su sociedad debido a la propaganda que siempre les ha caracterizado, hoy queremos tratar otros supuestos mitos o falsedades que tienen que ver con la que fue en realidad la «Gran Armada» española enviada por Felipe II en 1588.

¿Es cierto que Don Álvaro de Bazán falleció a causa de un disgusto real?

Si bien es cierto que el rey Felipe II veía que la organización de la Armada se había convertido en un enorme gasto financiero y que apresuró a su almirante don Álvaro de Bazán para que atacará lo antes posible Inglaterra, es rotundamente falso que este último falleciera a causa de ello. Realmente el marqués de Santa Cruz murió en Lisboa el 9 de febrero de 1588, a causa del tifus que se desató en aquella ciudad debido a la aglomeración de soldados y marinos durante un largo tiempo. Y esa fue la razón por la cual el Rey tuvo que recurrir al duque de Medina Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán, para encargarle el mando de la Gran Armada, por ser uno de los generales de más prestigio dentro de la alta nobleza, como era costumbre en la época. Contra lo que se ha dicho, Medina Sidonia aconsejó varias veces al Rey que desistiese de la empresa de Inglaterra.

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