Cursi, tierno, audaz, qué peligro


E l señor ministro de Asuntos Exteriores es una joya de sinceridad. Fue el único que desde un Gobierno europeo se atrevió a decir que, en materia de austeridad, «nos hemos pasado cuatro pueblos». Fue el verso suelto que, en pleno desafío independentista catalán, se saltó la disciplina del consejo y de su presidente para hablar de diálogo y de reforma constitucional. Y ahora asombró a los oyentes de Alsina en Onda Cero al confesar que el discurso de Unidos Podemos es «imbatible». Supongo que lo habrá dicho con envidia. No descarto que haya querido fastidiar a Pedro Sánchez devaluando el mensaje socialista frente a la fortaleza de la coalición social-comunista. Pero lo dijo y ha sido un ingrediente más para alimentar la sospecha de que el PP pretende la confrontación directa con Podemos para redondear la estrategia popular: Rajoy y su templanza frente a los extremistas.

Ante ello, se me ocurre un consejo: tengan cuidado los gobernantes con las alfombras rojas que le están poniendo a la izquierda radical. Tengan mucho cuidado porque pueden estar engordando a una fantástica maquinaria de transformismo político. Cada día que pasa, los equipos de Pablo Iglesias dan una lección de estética y de estrategia que parece una telaraña para incautos. Ya no son los conductores de indignados que nos sorprendieron en las elecciones europeas. Ya no insultan a los protagonistas de la transición ni minusvaloran el «régimen del 78». Defienden la justicia social -¿quién no?-, pero se preocupan de defender los intereses de los empresarios. Se ha publicado que la facción asociada de Izquierda Unida ha recomendado no lucir la bandera republicana en los actos públicos para no espantar a constitucionalistas. Confiesan su veneración por el papa y no sería extraño verlos en el mitin luciendo un escapulario.

Su último gesto ha sido optar por lo sentimental. Dibujaron un corazón en el logo de la coalición como adolescentes que graban sus amores en los árboles del parque y adoptaron como eslogan «La sonrisa del país». ¿Cabe más ternura en política? ¿Cabe también más cursilería? Creo que no, pero indica por dónde van estos chicos: por la cordialidad.

Nada de acritud estos 22 días que faltan para las urnas, nada de agresividad, lo suyo es una historia de amor. Han visto en los demás partidos demasiada rigidez, demasiadas palabras solemnes y optan por la vía poética. Las formas amables se anteponen a las promesas de gobierno. Quieren ganar por la vía del afecto. No sé si exclamar ¡qué peligro!, ¡qué audacia! o ¡qué astucia! Pero, si los ministros aprecian en algo sus cargos, háganse un favor: no digan que el discurso de Unidos Podemos es «imbatible». No lo digan, porque puede ser verdad.

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