Enhorabuena a los premiados


Enhorabuena. Mariano Rajoy no solo resiste al desgaste y a la corrupción, los resultados le dan más cuerda para atarse al sillón. El PSOE cae, pero no al suelo, porque aguanta como segunda fuerza pese a la investidura en falso de Pedro Sánchez y a las batallas internas y externas. Pablo Iglesias quiso darle otra vuelta a la ruleta electoral, pero no ha culminado el sorpasso a pesar de la alianza con Izquierda Unida y de haber montado la madre de todas las confluencias. Y Albert Rivera, que intentó navegar con los socialistas, podrá ahora intentar subir al barco popular, y quizás incluso con Rajoy como capitán. En todo caso, tanto Iglesias y Rivera seguirán encantados de haberse conocido y a ninguno de los dos les faltará un plató para seguir iluminando a los espectadores.

Cambia el tamaño de las piezas, pero otra vez los partidos tendrán que hacer un rompecabezas. Nunca podremos saber con exactitud hasta qué punto el referendo británico ha marcado las elecciones generales. Es imposible calcular cuánto han influido en el voto del 26J señores tan lejanos como David Cameron, Boris Johnson y Michael Gove. Porque es probable que el brexit haya convertido en tímidos a algunos audaces y en audaces a ciertos tímidos.

De todas formas, reconforta que, después de seis meses tirados a la basura, los políticos se presten a celebraciones electorales, a aplausos y a felicitaciones varias. Porque este paréntesis y estos gastos extra de la campaña y las elecciones es una hazaña conquistada entre todas las formaciones. Ahora habrá que plantearles que incluyan en sus negociaciones algunas de las cosillas que los partidos les piden a los ciudadanos. No deben ser menos que los trabajadores españoles, a los que en los últimos tiempos se les ha dicho que deben tener más movilidad y flexibilidad, una mejor adaptación a los nuevos escenarios, y alguna que otra obsolescencia programada. Habrá que comentarles que la situación ha cambiado y que deben inspirarse en países a los que les va mejor. Habrá que solicitarles que, al menos, se atengan a sus propios lemas propagandísticos, ya ni siquiera nos referimos al programa. Que estén a favor. Que digan que sí. Que asuman que es tiempo de acuerdo y también tiempo de cambio. Y que se sonrían los unos a los otros.

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