El suelo y el techo


La verdad es que debo reconocer que yo me creía los pronósticos de las encuestas. Quizás nos sirva a todos de lección, tras el Brexit y el 26 de junio, que no siempre aciertan. En cualquier caso ya vemos que con el resultado de las urnas ningún bloque (ni el de las izquierdas ni el de las derechas) suman mayoría absoluta, lo que exigirá que un tercer actor (y todas las miradas se dirigen al PSOE) asuma el papel decisorio de si permitir un gobierno del PP (en caso de que el PNV, Coalición Canaria y otras formaciones conservadoras no presten sus apoyos a Rajoy y llegar por esta vía a los 176 diputados) o provoque que nos tengamos que ver por tercera vez en las urnas próximamente.

Es verdad que para quienes vemos en el PP un partido a regenerarse y a limpiarse de la corrupción que carcome su organización nos es muy difícil entender cómo es posible que haya ganado las elecciones, tanto en votos como en escaños. Es algo que nos debe llevar a reflexionar a todos, puesto que pese a todas las malas noticias que se han ido publicando (las últimas con Fernández Díaz conspirando contra políticos independentistas catalanes, pero podría añadir los casos de la Gurtel o el de Bárcenas) y también a la negativa de Rajoy a recabar apoyos para optar a la investidura en la anterior minilegislatura no solo no le han pasado factura, sino que han obtenido un resultado muy meritorio para las circunstancias en las que nos encontramos. Sin ir más lejos, en Oviedo sus 50.000 votos son un ejemplo de que ni las sentencias de Villa Magdalena, el Calatrava, la Loma del Canto y las de los trabajadores del último Plan de Empleo (cuya cuantía en su conjunto llega a los sesenta millones de euros) han supuesto un castigo para la formación que lidera a nivel local Agustín Iglesias Caunedo (investigado por la Juez Pilar de Lara en la llamada trama del agua, y que no pisa apenas el Ayuntamiento pese a estar totalmente liberado con 44.000 euros brutos al año).

Mi análisis con el PSOE y con Podemos es que el primero ha tocado suelo (por segunda vez consecutiva engrandece el peor resultado desde 1977, cuestión que es para hacérselo mirar), y el segundo techo. Sí, yo también creí que la suma de la formación de Pablo Iglesias con la de Alberto Garzón provocaría el sorpasso que vaticinaban las encuestas, pero la realidad nos demuestra que 1.200.000 personas no fueron a votarles. Esta vez no se han quejado de la Ley D’Hont, puesto que pese a ese importante descenso en votos no han perdido ni un solo escaño. Le guste o no a los simpatizantes y a los dirigentes de Podemos, el PSOE siempre ha quedado por encima de ellos. Es curioso que solamente sus marcas locales sí han conseguido superar a los socialistas en algunos lugares (como en Oviedo, Madrid, Barcelona, A Coruña, Santiago, Zaragoza y Cádiz), pero ni en las europeas, ni en las catalanas, ni en las autonómicas y ni por dos veces en las generales han pasado (casi parafraseando al Presidente del Principado con sus palabras en el mitin con Pedro Sánchez en La Corredoria) al Partido Socialista. Por eso creo que el techo electoral de Podemos está ahí y es el PSOE el que está obligado a recuperar su suelo, ya que más bajo ya no puede caer un partido que tiene que seguir siendo la alternativa política a la derecha en este país.

Algunos simpatizantes y dirigentes de Podemos parece que no aceptan la derrota por la hegemonía de la izquierda con el PSOE. Me recuerda mucho la situación con las elecciones andaluzas cuando 15 diputados les supo a poco (pese a que en las europeas habían conseguido 5 eurodiputados) en contraste con Ciudadanos, que con nueve celebraron su entrada en el Parlamento andaluz casi como si hubieran ganado algo. Está claro que nos movemos por impulsos, expectativas, creencias, deseos y sueños, pero la triste realidad es la encargada de ponerlo todo en su sitio. El PSOE es mucho PSOE (como diría Susana Díaz), pero no por ello hay que estudiar muy bien qué pasa, porque hasta ahora el partido del gobierno cuando se desgastaba siempre subía el que estuviera en la oposición, pero ahora vemos cómo el PSOE ni remonta y ni supera al PP pese a que en estos últimos años se han ido cambiado cosas, como la de que los militantes elijan a su Secretario General, mientras que los populares continúan usando los mismos métodos de antaño y pese a ello siguen quedando los primeros en las elecciones generales.

¿Y ahora qué? Todo parece que Rajoy seguirá en La Moncloa, y es una pena que sea así puesto que en diciembre hubo una gran oportunidad de desalojarlo, pero el ego de Pablo Iglesias impidió que Pedro Sánchez fuera el Presidente del Gobierno. Ahora tenemos lo que nos merecemos y no queda otra que apechugar.

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