Condiciones esenciales


Ha dicho Albert Rivera que las seis condiciones que le impone a Mariano Rajoy para sentarse a negociar suponen un gran paso adelante. Tan grande e importante que lo ha vendido como si se tratase de un salto de longitud digno de llevarse el oro en Río. Porque cualquiera de las seis condiciones, además de la de fijar una fecha para la investidura, deberían haber sido tratadas ya en las reuniones anteriores con el presidente en funciones. Y de ser así probablemente la confianza de los españoles en la clase política no habría caído 12 puntos en un solo mes.

No se ha esforzado mucho Rivera en establecer sus líneas rojas. No tuvo más que afinar el oído cuando caminaba por la calle o tomaba un café; o leerse un periódico de vez en cuando. Porque resulta un tanto ridículo ponernos a estas alturas a hablar de aforamientos, de limitación de mandatos o de indultos a los corruptos cuando llevamos años exigiéndolo.

Lo llamativo de los condicionantes planteados por quien hasta ayer por la mañana era el Naranjito para el PP, es que con este paso Rivera adelanta a Sánchez por la izquierda, porque algunas de estas condiciones pudo haberlas presentado el socialista, aunque fueran acompañadas del «no es no». Pero resultan tan esenciales, tan necesarias y tan ansiadas, que hasta nos sorprende que puedan ser noticia y formen parte de una negociación de tal calibre. Y es que en asuntos de democracia aún estamos en pañales.

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