No les hagan caso


Ni los escuchen. Ahora vendrán los agoreros a decirnos que nuestra clase política cambia de criterio en función de sus ambiciones y que los ciudadanos quedamos en un segundo plano. Y esos mismos profetas derrotistas nos asegurarán que sus señorías están ahí para defender su confort y el de los suyos y que jamás se preocupan de nuestras necesidades. No les hagan caso.

Porque los dirigentes que por tan buen camino nos guían van mudando de criterio en función de nuestras necesidades, como vemos a diario, aunque con más frecuencia desde el 26J. Sin ir más lejos, hasta ayer por la mañana los imputados por corrupción eran unos venerables señores a los que los jueces perseguían sin piedad y quienes decíamos que había que apartarlos de la gestión pública resulta que éramos unos demagogos, porque no se podía condenar así por las buenas a tan anegados servidores. Lo mismo ocurría con la creación de una comisión de investigación parlamentaria sobre Bárcenas y la financiación del PP, porque nada aportaba ni esclarecía y quienes la pedíamos éramos unos desleales; o con que no era preciso cambiar la ley electoral porque la que tenemos es inmejorable y además este tipo de cambios dan mucho la lata. Tampoco era menester poner fin a los indultos por corrupción y quien hasta ayer era innegociable para presidir el Gobierno, hoy ya es compañero ideal de viaje.

Pero en la política española los cambios de principios son marca de la casa, aunque ello motive que los antipatriotas nos digan que cambiaron las normas para poder seguir en el coche oficial. No les hagan caso. Las cambiaron por nuestro bien y por el de España, aunque para completar el títere, convendría que nos lo explicasen. Así nosotros podemos hacer como que nos lo creemos.

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