R&R nos redefinen el país


Una de las escasas iniciativas que nos están ilusionando es la sociedad constituida estos días por Rajoy y Rivera, la denominada R&R, que nos ofrece garantías y entusiasmo porque impone no solo un estilo nuevo sino una forma diferente de llamar a las cosas; que es por donde hay que empezar a solucionar nuestras necesidades; por saber exactamente de qué estamos hablando.

Aquí no padecemos problemas económicos, laborales o sociales; aquí lo que tenemos es un gravísimo problema lingüístico. Mejor nos iría si utilizásemos correctamente el lenguaje, pero nos empeñamos en fiarnos de académicos de la lengua y estudiosos varios y así nos va. Toda la vida sufriendo sus ocurrencias.

Por eso el primer acuerdo de R&R ha sido el de redefinir el término corrupción, que es una palabra que utilizamos con demasiada ligereza fiándonos del diccionario de la RAE, que dice que «en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellos en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores». Bien pues, R&R nos lo acaban de simplificar y la cosa se ha quedado reducida a que se considera corrupción política cuando hay enriquecimiento personal ilícito o financiación irregular, con lo que no solo se despacha texto, sino también a gran parte de los corruptos, que los pobres estaban un poco agobiados y ya pueden respirar tranquilos. Y se prescinde de la malversación, la prevaricación y las negociaciones prohibidas a funcionarios. Un acierto.

Si redefiniéramos bien nuestros problemas, la cosa nos mejoraría un montón. Y ese es el empeño de R&R. Empezaron por la corrupción pero no dejarán sin redefinir otros muchos términos, como financiación irregular, indecente, despedazar discos duros, golfos o desvergüenza. Y, por supuesto, expoliar

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