Rajoy está desganado


«Señorías, repito: ¿qué es lo que estamos haciendo aquí?», se preguntó un socarrón Mariano Rajoy en la fallida sesión de investidura de Pedro Sánchez, tras calificarla de «impostura, engaño y fraude». Y lo mismo pudo preguntarse ayer tras un discurso en el que no aportó nada nuevo y que leyó sin pasión, sin calor y hasta con desgana. El presidente interino resultó tedioso.

A juzgar por lo dicho, a Rajoy se le acabaron las propuestas. Los argumentos esgrimidos para atraer el voto socialista se centraron en el «apóyenme porque soy la única opción viable» y en el «o yo o el Apocalipsis». Todo lo demás fue más de lo mismo, con la oferta obligada de un par de pactos; más balance que propuestas, y la inclusión de algunos de los puntos del acuerdo con C’s.

Todo está como estaba en aquel pleno de marzo que él mismo calificó de farsa y comedia de enredo, con la particularidad de que se presentó con un acuerdo bajo el brazo que, bien porque se necesitan profundas reformas legislativas, porque se precisa del apoyo de otros grupos o porque se ha renunciado a asuntos de calado, no resulta creíble ni factible. Y aún así Rajoy apeló a un Gobierno de amplia base parlamentaria, que es una alucinación.

Si no fuera porque todos sabemos que el calor aplana y que las sobremesas resultan pesadísimas, nos preocuparíamos por el estado anímico de Rajoy. Salió al estrado como el colegial al que castigan obligándole a repetir cien veces la lectura de la misma lección. Igual que un colegial.

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