Partido en dos


A veces uno no sabe qué hacer ni qué pensar. El PSOE vive sus horas más críticas. No hay que buscar las causas en cuestiones solamente exógenas sino en batallas internas que de un momento a otro iban a estallar, y finalmente el miércoles por la tarde así sucedió con la dimisión de 17 miembros de la Comisión Ejecutiva Federal. Tras las elecciones del pasado domingo, donde tanto en Galicia como en Euskadi se lograron unos malísimos resultados, Pedro Sánchez se sacó de la manga la necesidad de elegir un nuevo secretario general en un plazo muy corto, casi imposible para que una alternativa se pudiera presentar. Su gran mensaje lo basa en el «no» a Rajoy, retando a sus críticos a que sean valientes y den el paso a pedir la abstención de los 85 diputados socialistas.

Una pregunta que me hace todo el mundo es en qué bando estoy. Sí, lamentablemente nadie ve esta situación como un debate sano entre compañeros (cuestión que soy el primero en defender que exista), sino una guerra en toda regla. Y yo no sé qué contestarles. En lo único que puedo reafirmarme es en el «no» al Partido Popular de Mariano Rajoy (o cualquier otro que pusieran en su lugar). En lo demás he de reconocer que yo al menos me encuentro totalmente dividido, sin tener claro si una opción es mejor que otra.

De manera objetiva, Pedro Sánchez fue elegido por la mayoría de los militantes (mi voto fue para José Antonio Pérez Tapias). Me pareció un paso de gigante que por primera vez fuéramos los afiliados quienes directamente eligiéramos al líder del partido, pero por desgracia el PSOE nunca recuperó suelo electoral. Tras el batacazo de las elecciones europeas de 2014, salvo el triunfo en Andalucía en marzo de 2015 ninguno de los siguientes comicios que se celebraron (incluyendo dos elecciones generales con Pedro Sánchez como candidato) tuvieron al PSOE como primera fuerza. La falta de credibilidad y de identificación que la ciudadanía con el partido seguía disminuyendo, y Pedro Sánchez nunca consiguió revertir esta situación.

Con esta gestión, ¿hay razones de peso para que Pedro Sánchez no siga como el Secretario General? Bajo mi punto de vista, sí. Tenía que haber dimitido la misma noche del 20 de diciembre, momento en el que el «resultado histórico» que habíamos obtenido no era otro que el peor desde que se restableció la democracia en España en un momento en el que el PP nos había aplicado su rodillo con las peores leyes neoliberales y dañinas para la clase trabajadora. Es verdad que vino un intento por parte de Pedro Sánchez (cuando no era su responsabilidad) de desbloquear la situación política con la formación de un gobierno, pero el problema fue que se equivocó con su aliado preferente (Ciudadanos). Aquella consulta (con una pregunta muy enrevesada) a la militancia la ganó Pedro Sánchez (mi voto fue «no») pero no consiguió sumar a Podemos ni a nadie más, con lo cual se quedó sin el objetivo que perseguía y, le gustase o no, con una mala imagen para recuperar en la «segunda vuelta» al electorado de izquierdas. Pese a echarle toda la culpa a Pablo Iglesias, el PSOE volvió a perder más diputados en junio y su única alegría aquel 26 de junio fue que Unidos Podemos no consiguieran el célebre sorpasso que preveían las encuestas.

La información es poder, que se dice. Habría que conocer qué presiones y qué conversaciones hubo entre unos y otros, pero algo que no se le puede criticar a Pedro Sánchez es por cumplir  lo que prometió en la campaña electoral: él y el PSOE son la alternativa a Rajoy y al PP y en ningún caso se permitiría un gobierno de derechas. Hasta la fecha así lo ha hecho. Por tanto, no sé si esas 17 dimisiones tienen más que ver con forzar una abstención o con sacar a Pedro Sánchez de la Secretaria General por sus malos resultados. Quien tenga la respuesta que la diga. Yo no la tengo de primera mano y antes de sembrar dudas prefiero preguntarlo y que me conteste quien sepa la respuesta. Sí he de decir que esas dimisiones no se producen en el momento adecuado, pero también es verdad que esas personas eran muy libres de marcharse de la Ejecutiva si estaban disconformes con la actuación de Pedro Sánchez.

¿Y ahora qué? Veremos mañana en el Comité Federal qué pasa. ¿El partido se va a dividir en dos? Pues es una posibilidad, desde luego. Ahora mismo hay dos versiones de quién es la «autoridad» en el PSOE. Unos dicen que manda Pedro Sánchez y otros que es Verónica Pérez, presidenta del Comité Federal. Los hay, como Antonio Pradas, que hablan de ir a la justicia ordinaria para resolver este conflicto. Lo peor de todo es el espectáculo que están pudiendo ver todos los españoles de lo que se retransmite desde Ferraz, donde por cierto me parece impresentable que los periodistas tengan que estar en el exterior haciendo su trabajo ante la imposibilidad de hacerlo dentro de la sede socialista.

Por mi parte pido mesura, responsabilidad, altura de miras y que el Comité Federal de mañana, de manera excepcional, sea una sesión pública, puesto que si ya ha habido filtraciones en las anteriores convocatorias, en la de mañana estoy convencido que no va a ser menos, y viendo que el futuro del partido está en manos de esas 300 personas que han sido elegidas para controlar al «gobierno» del partido, al menos creo que todos nos merecemos saber qué opina cada uno. Mi deseo es que no se divida el partido ni que haya vencedores ni vencidos. El PSOE es el partido de este país, y si no recupera su esplendor, quien tendrá todas a perder es este país. Ante esta división y falta de acuerdo entre dos partes, lo mejor es consultar a la militancia. No sé si el congreso era la mejor vía, pero desde luego que los únicos dueños del partido son sus afiliados, no quienes ocupan los puestos de dirección solamente.

Desde aquí pongo todo mi empeño y colaboración, si es que el partido me necesita, para contribuir a la paz necesaria entre compañeros. Lo importante está en que nuestras ideas, las socialistas, permanezcan más allá de los 137 años que llevamos de Historia.

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