La mejor solución


Después de la lamentable trifulca que los socialistas vienen protagonizando en los últimos días, el mejor servicio que pueden hacerle al partido y al país es marcharse para casa. Cada uno a la suya, porque lo mismo si van juntos vuelven a enzarzarse en discusiones más típicas del mostrador de una barra americana que de quienes aspiran a decidir nuestro futuro.

Resulta imposible defender a Pedro Sánchez. Es un desastre sin paliativos. Política y orgánicamente. Es un líder que no supo ejercer su liderazgo, que se encerró en sí mismo, que no solo no se comunicó con Rajoy, sino que dejó de hacerlo con sus colegas de partido y que se amparó en el respaldo de una militancia abstracta que a día de hoy probablemente ya le haya retirado el apoyo. Acertó Fernández Vara, tampoco es para defenderlo, al decir que Sánchez «cogió un partido con problemas y lo ha dejado destrozado». Méritos hizo para ello.

Pero tampoco son defendibles los sublevados al frente de los cuales está un sargento chusquero, a decir de Josep Borrell. No son de fiar quienes buscan hacerse con el poder a través de un golpe, sin saber muy bien lo que quieren y sin que hayan explicado cuál es su postura ante la formación de Gobierno.

Por todo eso, para no hacer más daño del que ya han hecho, lo mejor que pueden hacer unos y otros, en el comité federal de hoy es autocesarse. Y que el ordenanza más antiguo de Ferraz apague la luz y eche la cerradura. Eso sí que sería pensar en los ciudadanos.

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